AGOSTOS PAYANESES
Viernes 6 de septiembre, 2002
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Ruth Cepeda Vargas, en emotivas frases, nos describe los agostos payaneses que no los disfrutan sino los habitantes de la Ciudad Blanca.Texto tomado de El Liberal, 3 de septiembre, 2002, versión Internet. Cordial saludo,

""" ... Vacaciones...
Por Ruth Cepeda Vargas
04-08-2002 El Liberal.

Este agosto, "dorado y enamorado", colma de luz y de viento todo el paisaje. Las cometas salpican de colores este cielo azulísimo y las noches son claras, tibias, con remotas estrellas titilantes. La luna que miramos, embelesados, pinta de plata y de misterio la calle solitaria. Definitivamente así desde este horizonte el mundo es bello. En la alta noche cesan los ruidos, todo descansa, y la vida vuelve, fugazmente, a encontrar su norte.

Estamos en vacaciones... El reloj implacable quedó detenido. El rumbo de siempre, olvidado. Y las horas se disuelven en pequeños detalles que son para nosotros de una gran importancia: el libro que tantas veces intentamos abrir y que ahora, con todo el tiempo del mundo, recorremos sin sobresaltos que interrumpan ese viaje maravilloso que cada página despliega ante nosotros. Caminar sin prisa, sin meta ninguna, mientras la tarde se disuelve "en el olvido de la luz"...Conversar de las cosas simples e importantes, que por la prisa diaria quedaron represadas en el baúl sin fondo, del "después", del mañana, de la espera. Por aquella mala costumbre de pensar que somos "indispensables" se va acortando, cuadriculando, represando la vida cotidiana para la cual no hay ninguna disponibilidad de espacios nuevos, obligándola a estar siempre alerta a unos horarios, de los cuales no depende la salvación del mundo.

Es extraño despertar en la mañana con una agenda en blanco. Mirar por la ventana con toda la calma posible el paisaje vecino que nunca habíamos visto. En cada antejardín el verde de las hojas, el rumor del viento entre los árboles, el vuelo de los pájaros sobre esa primavera, son visiones que siempre nos han acompañado, pero que la prisa que le hemos impuesto a la jornada, no nos permitió gozar en toda su plenitud. Cuántos seres, cuántas cosas, cuántos pequeños universos, allí frente a nosotros se nos han escapado. Las vacaciones indudablemente tienen su encanto. Pero resulta que siempre esos días libres los estamos llenando de cosas: viajes, visitas, reencuentros. Y al final cuando volvemos estamos tan agotados, que no hemos podido vislumbrar el entorno que crece y se desenvuelve a nuestro alrededor.

Nos hemos hecho a la idea y a la costumbre de encarcelarnos en nuestra labor. Sabemos del mundo exterior porque nos permitimos leer los periódicos. Y en la noche, puede ser la noche más espectacular, nos enroscamos alrededor de la televisión para ver las noticias de esta Colombia desesperanzada y seguirle el hilo a "Pedro el escamoso". De pronto nos falta curiosidad por el mundo exterior. Nos "encarretamos" en nuestro cuento y estamos convencidos de que en esa historia vive y palpita el "ombligo del mundo". La costumbre va anquilosando y cercenando el "tercer ojo". Ese que nos señala mundos desconocidos.

Ayer en la tarde un crepúsculo prodigioso invadió la ciudad. Entonces tuve la suerte de caminar bajo esa maravilla sin prisas, sin sobresaltos, sin horarios, "mientras la noche azul caía sobre el mundo"... Ríos de carros cruzaban la tarde. Nadie, dentro de ellos, asistía al milagro de luz y de color que en ese momento sucedía. Iban presos en sus burbujas metálicas, sin importarles mucho lo que estaba sucediendo a su alrededor.

Esta ciudad guarda el privilegio de tener los atardeceres más bellos del mundo. Y si unido a esto hay tiempo para leer los multicolores arabescos que las nubes dibujan sobre el horizonte, descubrimos que esto de las vacaciones nos aproxima al misterio de un mundo que habitamos, pero que no conocemos. Un mundo sencillo, que de pronto, nosotros mismos nos encargamos de tornarlo invivible e inhóspito. ... """