MARUJA VIEIRA
Sábado 13 de junio, 2009
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Rafael Tobar en su admirado libro "Cuando florezcan los eucaliptos" recuerda a la famosa
poetisa colombiana Maruja Vieira que por largos años residió en Popayán y tenia un almacén
en donde se podía adquirir el libro sobre dibujo con sus láminas del español Emilio Freixas.
Para información sobre el libro "Cuando florezcan los eucaliptos", favor dirigirse a
Rafael Tobar:  tobar_r@bellsouth.net

Cordialmente,

***

Maruja Vieira y las láminas de Emilio Freixas
Del libro "Cuando Florezcan los eucaliptos"
Por: Rafael Tobar Gómez.


Este material lo adquiríamos en un almacén situado al lado del Colegio Champagnat. Lo digo en plural, porque casi siempre iba con Jochen Gerstner, un amigo de la infancia aficionado al dibujo, como yo.
El almacén estaba situado sobre la calle tercera, la dueña, Maruja Vieira, (María Vieira White) dama oriunda de Manizales hizo su hogar en Popayán para beneficio de la cultura. Tenía un espacio los domingos en La Voz del Cauca la emisora amiga y de tan gratos recuerdos. Maruja declamaba bien, su programa era muy apreciado por los oyentes cultos de la estación radial que cada domingo por la mañana esperaban su hora llena de comentarios, reseñas de libros y poemas. Recuerdo uno de Carlos Castro Saavedra  titulado, “Angustia”, que una vez recitó con esa voz sensual que poseía, si me parece oírla... Era una época en la que mis instintos comenzaban a buscar a esa desconocida que iba a acompañarme en la aventura de mi vida y la vena romántica y soñadora se ensanchaba debajo de mi piel.
Un poema que dice algo más de lo que está escrito, un poema a esa mujer esquiva que permanece en la oscuridad, no quiere darse a conocer, todavía no llega, está escondida en algún lugar del universo, la que un día llegará y se dará cuenta que hay alguien que existe para ella, que la espera para ser uno solo en el camino de la vida. Las canciones que mis oídos escuchaban y los versos que mis ojos leían estaban llenos de significado.
La cadencia de la voz de Maruja ayudaba a hacerlo exquisito y especial. Todavía, leyendo este poema, después de tantos años me trasporto al pasado y... escucho su femenina voz, lenta, suave y profunda, diciendo...

TRISTEZA
De Carlos Benjamín Castro Saavedra (1924-1989)

Yo me lleno de angustia mirándote la frente
porque estás más lejana, cuando estás más presente.

Para que yo no pueda llegar hasta tu alma,
tú me miras a veces, con esa misma calma

con que miran los lagos una noche estrellada,
la miran hasta el alba y no le dicen nada.

Espadas de silencio guardan tu pensamiento,
y yo me estoy muriendo de sentir lo que siento.

Angustia de no verte los labios apretados,
cuando nombro la historia de los besos robados.

Angustia de mirarte las pestañas caídas
indiferentemente, como flores vencidas.

Cuando me entrego y hablo de la virtud del trigo,
y te pido amoroso que te vengas conmigo,

nada te transparenta, hasta tu misma risa
destaca tus perfiles de mujer imprecisa.
Todos tus actos tienen profundidad de arcano,
hasta el acto sencillo de levantar la mano.

Me nombras y te salen despacio los sonidos,
como si no quisieran llegar a mis oídos.

En ti misma te escondes, yo te busco y el llanto
muchas veces me inunda y es de buscarte tanto.

Te fugas hacia adentro de ti misma obstinada,
y yo sufro mirándote con la boca cerrada.

Tus dos labios sin música de palabras ardidas
se me antojan dos flautas por ti misma vencidas.

Vives en mí tan honda desde hace tantos meses,
que si ahora muriera moriría dos veces.

Angustia de mis manos buscando en el vacío
tu corazón que ignora la soledad del mío.

Angustia de tus trenzas que recortaste un día
y que tenían la forma de la tristeza mía.

Siempre recordaré la voz de Maruja, una voz que pudiéramos llamar sensual, por lo menos en mí provocaba deseos eróticos, porque su voz daba la medida de una mujer íntegra, total, con todos sus encantos femeninos como la que yo soñaba. Me refiero a su voz, porque, en realidad su figura era muy diferente a la que su voz insinuaba.