SABOR PAYANÉS EN GRECIA
Miércoles 28 de octubre, 2009
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/

Amigos:

En fluida prosa, el historiador Jaime Vejarano Varona relata aplicación de las
costumbres payanesas, en la lejana Grecia.

Cordialmente,

***

SOTAREÑO, ÑAPANGAS, PIPIÁN Y PROCESIONES PAYANESAS ….
EN GRECIA
del Libro ESTAMPAS DE MI CIUDAD
Autor: Jaime Vejarano Varona



Allí … muy lejos de nosotros, al sur de la Península de Los Balcanes, situada al sureste de Europa y entrando por mano derecha, frente al mar Egeo (ya están ubicados?) se encuentra una ciudad portuaria llamada Salónica. No son muchos los payaneses que hayan andado por esos confines y que puedan haber quedado náufragos en las húmedas pupilas de alguna grieguita al zarpar su barco de regreso.

Pues bien …!asómbrense ustedes!: existe allí un rincón auténticamente “patojo” donde puede usted deleitarse contemplando fotos ampliadas de nuestras procesiones de Semana Santa, afiches con la figura graciosa y coqueta de alguna ñapanga quizá dibujada por nuestro inefable caricaturista Fígaro, antiguas estampas de la Plaza de Caldas que se les quisiera nuestro coleccionista José Sánchez; y puede también escuchar música de Efraín Orozco, o las sentidas notas de “El Sotareño”, de “Señora María Rosa” o “Linda Payanesa” y disfrutarlas como si estuviera en el Rinconcito Patojo”, mientras saborea unas deliciosas empanadas de pipiám, acompañadas del inefable ají de maní.

Pero, cómo vino a ser posible semejante fantasía? Cuál nigüento patojo pudo establecerse en estos trigos y llevarse a tan distante lugar un pedazo de este nuestro Popayán?

Pues … conozcan la historia: hace años, llegó al puerto de Buenaventura un barco griego, tras larga travesía trasatlántica. La nave tuvo dificultades técnicas y hubo de anclar por varios meses mientras lograba ser reparada. Venía allí un viajero, griego también, que quiso convertir el contratiempo en una oportunidad turística y se hizo a tierra viniendo a parar, en gira de conocimiento, a nuestra ciudad

Conoció aquí a una linda payanesa de la cual se prendó irremisiblemente- La pidió en matrimonio para llevarse su gracia a su Grecia; pero, por desgracia para él, ella no le aceptó. El viajero regresó a su barco y decepcionado zarpó rumbo a su lejana tierra.

No obstante llevaba ya comprometido su corazón y estuvo escribiéndole asiduamente a su payanesita, como él la llamaba, hermosas cartas de amor.

Queriendo probarle la firmeza de sus intenciones vino por tres veces más a tratar de convencerla para que se fuera con él, pero sin éxito alguno frente a la reiterada negativa de la asombrada muchachita que no se atrevió a semejante aventura.

Pero si bien es cierto que, al fin del cuento, el griego no logró su pretensión, poco a poco fue llevándose dentro de sí el alma de Popayán que, convertida en imágenes, canciones y poemas, así como en frituras de pipián, trasladó a su patria para recogerlas en un bar de su propiedad .. allá, donde les he contado.

Y colorín colorado, créanlo o no, este cuento se ha acabado. Más si desean comprobarlo, no es sino que reserven pasajes, ya mismo, para Salónica y averigüen allí por el “Bar del Marino Ausente”.