DANIEL VEJARANO SEGURA
Jueves 15 de enero, 2009
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Jaime Vejarano Varona nos ha enviado una poesía prácticamente desconocida de su
padre Daniel Vejarano Segura, acompañada de una breve introducción. Daniel era hijo
de los esposos Ricardo Vejarano Pasos y Bárbara Segura Caldas. Daniel Vejarano se
casó con Rafaela Varona Otero, padres de Jaime y Daniel.
Nuestros agradecimientos para Jaime.

Cordialmente,

***

DANIEL VEJARANO SEGURA
Por: Jaime Vejarano Varona
Popayán. 2009

Para empezar este año permíteme hacerte destinatario de un poema, prácticamente desconocido, escrito por mi padre DANIEL VEJARANO SEGURA (1883-1953)  que fué una de las pocas producciones líricas de su inspiración, pues su mente la ocupaba en cogitaciones de mayor profundidad, como que era una mentalidad filosófica de alto vuelo.

Sus libros  Mi República, El Derecho a Vivir, Caminos Mentales, El Manifiesto EspiritualistaLa Enemiga del Oro,  hacen parte de un gran proyecto que concibió en materia económica y que el denominaba como LA MONEDA SOCIAL frente a LA MONEDA LADRONA.

Como ves su pensamiento trabajaba en la creación de una escuela filosófica y económica, muy propia de su imaginación.

Por ello sus producciones poéticas fueron esporádicas pero creo que su inspiración lírica también queda demostrada en este bello poema titulado  LUNA DE MIEL

LUNA DE MIEL
De daniel Vejarano Segura

 

Una casa tal
como de alfeñiques
con cuatro tabiques
cubiertos de cal;
clavada en la loma
endeble y risueña
como una paloma
de blanca y pequeña.

Así se la hizo
el novio a Mercedes
de techo pajizo
y blancas paredes;
así ella lo quiso
en sitio remoto,
en sitio escondido,
lejos de la vista,
lejos del oído
y humano alboroto.

Que hubieran muchos bosques
eran sus antojos,
eran sus congojas
que le sobraran hojas,
que le faltaran ojos;
hojas verdes arriba
que taparan el cielo
para brindarles sombra;
hojas secas abajo
que acolcharan el suelo
a manera de alfombra.

Y en ella extenderse,
los dos abrazarse
para solazarse,
para entretenerse;
y pasar las horas
sin ser sorprendidos
ni de las miradas,
ni de los oídos
de las gentes todas,
las curiosas gentes
tan impertinentes
después de las bodas.
 

ni de las miradas,
ni de los oídos
de las gentes todas,
las curiosas gentes
tan impertinentes
después de las bodas.


Así procuraron
con afán salvaje
esconder su nido
en lo más tupido
del bosque y follaje.


Iban por el prado
cogidas las manos,
sangre pecadora
que en las venas hierve
como en un caldero
de locomotora.

Con sones de plata
sus labios desflora
cual una cascada
la fuente sonora
del vino escarlata
de su carcajada.

Y entre los suspiros
que leves exhala
cual soplo de una ala
el clavel de su boca,
se hacían unos mimos
que el verlos provoca
las iras de Dios.

Eran esos mimos,
eran esos besos
audaces, traviesos,
un incendio atroz
que como racimos
de uvas sabrosas
se comían los dos.


 

Y dicen los cuentos.
las crónicas claras
que hubo en el cielo
serias algazaras;
pues entre las nubes
se veían las caras
las rubias cabezas
de cien mil querubes
que el cielo dejaron
y se rebelaron
para ver de cerca
un placer que solo
conocen los hombres,
los simples mortales
meros animales;
vedado en la gloria,
que envidian los ángeles
y los serafines;
y que, en fin de fines,
es como una historia
de cualquiera ELLA,
con cualquiera EL,
cuando alguno narra
su LUNA DE MIEL.