RODRIGO VALENCIA QUIJANO
Sábado 7 de marzo, 2009
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Foto: Proclama Norte Cauca
Rodrigo Valencia Quijano
rvq12@hotmail.com, notable poeta payanés, ha publicado una selecta colección de 101 de sus poemas: "El tiempo del deseo", contenidos en 130 páginas, y comentarios de Darío Noguera M.

El poeta, pintor, escritor, profesor, Valencia Quijano, nació en Popayán en 1949. Desde 1975 ha expuesto en forma individual y colectiva sus pinturas. Fue profesor en la Facultad de Artes Plásticas, Universidad del Cauca, entre 1978 y 1992. Escribe por afición y publicó una columna semanal en el diario local El Liberal y en la página literaria una al mes. Entre sus obras se cuentan: "El silabario perdido (2004 y 2008)", "Los cuadros del pintor (2005)", Inéditos: La esfinge y la nostalgia. La muerte no me olvida. Tiene en preparación: Las palabras y los cuadros.
Algunos poemas suyos figuran en la antología "Silencio de serpientes sobre el tesoro, poesía contemporánea en Popayán (1975 – 2005), de Felipe García Quintero, 2006.

Sobre el origen de esta obra, el poeta Rodrigo dice en su libro: "Lo comencé en julio de 2008, bajo el capricho de escribir 101 poemas de amor. ¿Por qué? Sin razón alguna; simplemente como reto a un deseo ubicuo en mis fuerzas posibles, y también con la intención de gestarlo en nueve meses, pero el parto se adelantó a ocho. Mi urgencia por verlo terminado me obligaba a intentar la escritura muy asiduamente; la fiebre me empujaba a dar salida rápida a los delirios que obligaban mi cabeza; tenía que obedecer mi propia ley, llenar las cartas circunvecinas de la imaginación, delinear los espacios surreales de conciencia, desplazar miradas entre lo real y lo absurdo, captar los giros intuitivos, las voces que hacen camino al andar.

Incluimos los comentarios de Darío Noguera M y el número 5 de sus poemas.

Cordialmente,

***

EL TIEMPO DEL DESEO
DE RODRIGO VALENCIA QUIJANO
INTRODUCCIÓN.
POR: DARÍO NOGUERA M.

En estos poemas el amante se despoja de la túnica que las convenciones del lenguaje humano le han tejido para depositarla a los pies de su amada y mostrar su alma desnuda. Y nace, en esa medida y en cada poema, un borbotón de palabras evocadoras de múltiples universos, para concederle al conjunto un caudal amazónico que se adentra fecundo en la espesura de un mundo donde la vida parece dormir su último sueño y donde el amante cuando despierta lo hace dentro de la muerte.

Desde otro ángulo puede concebirse el libro como un poema-red tendido al viento a la espera de una dama que acaso se enrede entre sus hilos. Pero aquí también, como en la vida, el azar juega un papel preponderante; pues no se trata de cualquier red, ni tampoco será cualquier dama, la víctima de sus “ardides”. El juego de su seducción está dado por un lenguaje que pone en acción una sintaxis-río en la que cada poema, a veces cada verso, es ya un recodo, ya un remanso o ya una cascada, cuya fluidez y ritmo se hallan reguladas por la naturaleza de las criaturas y circunstancias que la imaginación desbordante del autor conjura.

Y quizá no sea equívoco agregar que tal caudal semántico sólo sea potestad de alguien que es también un oficiante –de vieja data– de la pintura y de las artes plásticas.

Darío Noguera M

***

…5…
EL TIEMPO DEL DESEO
De: Rodrigo Valencia Quijano


…No te prometo nada…
ni aquí, ni allá, ni en la montaña santa.
Ya lo repitió Nietzsche:
“Ni por mar ni por tierra encontrarás el camino
que lleva a los hiperbóreos.
Sabemos hasta qué punto vivimos
aparte.”
Llevo este cuerpo desde hace mil años,
y he descubierto la mansión inexpugnable.
Mas, antes que el espejo intente quebrarme este rostro
con diez mil arrugas siniestras,
debo tener tu piel en mi piel,
tu flor en mi boca,
tu pasaporte extraviado,
tu firma en mi dorso.
Tú amas a otro, te lleva al camino del sur,
yo voy por el norte,
donde se acaban los mundos
y las violetas alumbran por siempre.
He buscado un amigo y no lo encuentro,
capaz de auscultar mis sellos ocultos,
excepto tú, que proteges mis sueños
con algodón perfumado
e incienso sagrado de Arabia.
Pero eso no basta; cadenas circundan tu esmero,