ANTONIO JOSÉ DE SUCRE Y ALCALÁ
Domingo 15 de marzo, 2009
De: Mario Pachajoa Burbano.

Amigos:

El Gran Mariscal Antonio José de Sucre y Alcalá, nació en Cumaná, Venezuela, el martes 3 de febrero de 1795 y murió el viernes 4 de junio de 1830 en la montaña de Berruecos, Nariño. Era descendiente de una familia judía Bábara llamada "Zucker". Sus padres fueron Vicente de Sucre y García de Urbaneja, esposo de María Manuela de Alcalá y Sánchez Ramírez de Arellano. Antonio José fue el quinto de los nueve hijos del primer matrimonio de don Vicente, otros nueve fueron el fruto de su segundo matrimonio. Sucre fue segundo Presidente de Bolivia (1825-1828)  y cuarto presidente del Perú (23 de junio 1823- 17 de julio de 1823). La esposa del Gran Mariscal fue la noble dama quiteña, Mariana Carcelén y Larrea, IV Marquesa de Solanda y Villarrocha, (1805-1861). Tuvieron una hija Teresa Sucre y Carcelén, que murió a temprana edad.

Esta vez, únicamente nos referiremos a su triste y trágica muerte en Berruecos.

Su vida fue muy corta en años, 35, pero muy larga en meritorias y exitosas actividades en la consecución de libertad y democracia para cinco de las actuales repúblicas suramericanas. Muchas publicaciones hay que detallan las brillantes batallas independencistas que dirigió y su gestión política, inclusive numerosos documentos relacionados con su muerte y del proceso que se siguió a los implicados del asesinato.

El joven general venezolano, libertó al Ecuador y al Perú en las batallas de Pichincha y Ayacucho,  Jefe Superior del Ecuador, vencedor en el Portete de Tarqui de las tropas peruanas invasoras de Colombia, Presidente del último congreso de la Gran Colombia, el "Congreso Admirable" y miembro de la comisión que intentó impedir, a nombre de este congreso, la separación de Venezuela y Ecuador de Colombia.

Concluido el Congreso Admirable, en mayo de 1830, el mariscal Sucre preparó aceleradamente su viaje hacia Quito para reunirse con su esposa y con su hijita Teresa. Antes de emprender su viaje, tuvo Sucre varias conferencias con el Vicepresidente general Domingo Caicedo quien quería que el general Sucre influyese ante el General Juan José Flórez , quien había sido el padrino de bautizo de su hija Teresa, para que el Ecuador no abandonara la Nueva Granada. Sucre le ofrecía procurarlo, aunque temía que antes de su llegada a Quito hubieran ocurrido algunos trastornos por allá, en cuyo caso serian infructuosos sus esfuerzos. "De todos modos yo tengo confianza en que usted, llegando a Quito en tiempo, podrá hacer mucho en este sentido", le dijo el vicepresidente Caicedo, "pero haga usted su viaje por el valle del Cauca al puerto de Buenaventura, mejor que por Neiva y Popayán".

Sucre decidió viajar a Quito vía Popayán en una caravana que salió de Bogotá e integrada por el diputado Andrés García Téllez, hacendado de Cuenca, el sargento de caballería Lorenzo Caicedo, asistente de Sucre, el negro Francisco, sirviente de García, y dos arrieros con bestias de carga. La caravana llegó al Salto de Mayo el miércoles 2 de junio, 1830, a la casa de José Eraso, especie de tambo pajizo cercado, donde dormían amos, criados, pasajeros, hombres y mujeres, sanos y enfermos, y algunos animales domésticos y pernoctó inquieto el general Sucre con sus compañeros.

El general Sucre fue pródigo en obsequios con aquella gente, y dando gracias a Dios de haber amanecido con vida, se puso en marcha. con su pequeña comitiva en la mañana del 3 de junio. A las diez de la mañana llegó Sucre a "La Venta", caserío pajizo situado a poca distancia de la boca de la montaña de Berruecos y del Salto de Mayo, y encontrando allí a Eraso, le dijo en extremo sorprendido: "Usted debe ser brujo, pues habiéndole dejado en su casa y no habiéndome usted pasado en el camino, le encuentro ahora delante de mí". Las respuestas entrecortadas y ambiguas de Eraso, lejos de tranquilizarle aumentaron la inquietud que le causó la vista de aquel hombre allí, sin saber cómo ni por dónde se le adelantara.

Sucre, desconcertado, hizo alto, pidiendo albergue en la mejor casa del villorrio, que pudo encontrar, en lugar de continuar su marcha e insistió en quedarse en la venta. Sin embargo tomó algunas precauciones haciendo cargar sus pistolas, las del señor García Téllez y las carabinas de sus dos asistentes y del criado de García, y estuvieron todos vigilantes durante la noche.

En la aurora del 4 de junio, Sucre, creyendo que todo peligro había pasado, se puso en marcha con sus compañeros, cerca de las ocho de la mañana. Adelante iban los arrieros con Francisco Colmenares, uno de sus asistentes, luego García Téllez y su criado, y atrás el Mariscal y su otro asistente Lorenzo Caicedo. Un poco más adelante, al llegar a la angostura de El Cabuyal se oyen disparos de fusil . "¡Ay! ¡balazo!..." exclama el general Sucre, y cayó herido en la cabeza, cuello y pecho; murió casi instantáneamente.

Su cadáver estuvo 24 horas insepulto. Al día siguiente su asistente Lorenzo Caicedo con la ayuda de varias personas sepultó el cadáver en un claro de la selva denominado La Capilla. El día 6 desenterraron el cadáver personas enviadas por el General Obando, entre ellas el médico Alejandro Floot, para verificar su fallecimiento. Enterada Mariana marquesa de Solanda, del trágico suceso, mandó trasladar los despojos de su esposo de manera secreta para darles sepultura en Quito ese mismo año.  La marquesa volvió a casarse, cumplido el primer año de duelo, con el general Isidoro Barriga, quien había sido su subalterno.

 El Libertador tuvo conocimiento de este crimen el 1 de julio de 1830, con gran tristeza porque siempre consideró a Sucre como su más grande y leal amigo.

En el año 1900, los restos del mariscal Sucre fueron trasladados a la iglesia de San Francisco de Quito, donde reposan en una urna de roca del Pichincha, aunque habían sido reclamados también por los gobiernos de Bolivia (1845) y Venezuela (1875).

En 1830 el general Rafael Urdaneta, a la sazón presidente de Colombia, ordenó iniciar proceso contra los implicados, concretamente contra José María Obando y José Hilario López, pero al dejar la primera magistratura al año siguiente, las averiguaciones se paralizaron y las pruebas se extraviaron. Nueve años después del asesinato, 1839,  José Eraso cayó prisionero en Pasto, y en los interrogatorios confesó el crimen. El consejo de guerra de oficiales generales dictó sentencia de muerte, por complicidad en el asesinato del Gran Mariscal para el coronel Apolinar Morillo, ejecutado el miércoles 30 de noviembre de 1842.

Sucre no pudo ser el sucesor de Bolívar en la presidencia de Colombia debido a que no cumplía el requisito constitucional de tener como mínimo 40 años de edad para poder ocupar la primera magistratura. Sin embargo "Sucre era, después de Bolívar, el más prestigioso hombre público del país y el dirigente que reunía más condiciones para gobernar a Colombia. Tal vez también era el único que hubiera podido impedir la disolución de la Gran Colombia".

Cordialmente,