SATÉLITE COLOMBIANO
Jueves 10 de diciembre, 2009
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/

Amigos:

En otra oportunidad escribíamos sobre los antecedentes del satélite colombiano,
en ese entonces SATCOL. Ahora, el Dr. Alfredo Rey Córdoba, caleño, Presidente
del Tribunal de expertos legales de la Organización Internacional de
Telecomunicaciones por satélite ITSO, experto en Derecho Espacial y Satelital, fue
profesor de Derecho Espacial en la Universidad de Los Andes en Bogota y Jefe de
Asuntos Internacionales de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones de Colombia,
nos presenta una serie de comentarios sobre el mismo tema.

Cordialmente,

***
 

EL SATÉLITE COLOMBIANO
(Vuelve a rodar la piedra)
Por: ALFREDO REY CÓRDOBA

« …… los dioses habían condenado a Sisifo a subir sin
cesar una roca hasta la cima de una montaña desde donde
la piedra volvía a caer por su propio peso. Habían pensado
que no hay castigo mas terrible que el trabajo inútil y sin
esperanza....”

El Mito de Sisifo . Albert Camus


He venido siguiendo desde la distancia que me marca mi residencia fuera de Colombia, pero con el interés y la facilidad que hoy permite la tecnología de internet, todo el proceso que eventualmente llevaría, por fin, a que Colombia tuviera un Satélite en la Orbita de los Satélites Geoestacionarios.
Y no puedo negar la frustración que me causa ver como la piedra de Sisifo de que habla la mitología, está volviendo a rodar para que se materialice el castigo que parece tener este proyecto.

Veamos.
En una entrevista que me hiciera hace unos meses, cuando el proceso se iniciaba, por la Emisora La W ese excelente periodista que es Julio Sánchez Cristo, sobre el tema a que me refiero, ya manifestaba yo que el principal problema que hoy por hoy tenia Colombia para llevar adelante ese proyecto, era la ausencia de una posición orbital coordinada, notificada y registrada en la Orbita de los Satélites Geoestacionarios ante la Unión Internacional de Telecomunicaciones (U.I.T), lo cual iba a determinar una serie de problemas en la contratación como claramente se evidenció.
Y este problema tiene una ya larga historia. Colombia en los años ochenta, cuando acertadamente y con visión de futuro el gobierno adelantó el primer proyecto de satélite doméstico, denominado SATCOL I, tenía al menos dos posiciones orbitales con las características que he anotado anteriormente y que, el posterior gobierno con una mirada que me atrevo de calificar ,al menos, de corta y desacertada, canceló el proyecto. Y con la cancelación del proyecto, la consecuencia lógica, desde el punto de vista del Reglamento Internacional de Telecomunicaciones, de la pérdida de las posiciones orbitales por su no utilización. Y lo peor era que esto sucedía cuando el país se había embarcado en la tesis insensata de una pretendida soberanía sobre el segmento de orbita geoestacionaria que suprayacía su territorio. Las posiciones que Colombia tenia registradas y notificadas lo eran dentro de su “pretendido” arco geoestacionario. Hoy por hoy esas posiciones están ocupadas por satélites de otros países, especialmente de Canadá y los Estados Unidos. Y vaya usted a ver si será posible “sacarlos” de ahí, porque entiendo que cuando se “viola la soberanía”,hay que rescatarla. Fue por eso que en el proyecto de reforma constitucional de 1991 que estudió el gobierno del Presidente Gaviria, nunca se consideró incluir este segmento como parte del territorio pues no resistía un análisis serio desde el punto de vista jurídico y técnico haberlo hecho. Ninguna constitución del mundo, ni las de los llamados países ecuatoriales, incluye estos segmentos como parte de su territorio, salvo la Ecuatoriana del reciente 2008, que habla de que “el Estado ecuatoriano ejercerá derechos ( no dice cuales) sobre los segmentos correspondientes de la orbita geoestacionaria...” (art. 4) olvidando los Tratados Internacionales, como el de 27 de enero de 1967, que establece que el espacio ultraterrestre, incluida la luna y otros cuerpos celestes no puede ser objeto de apropiación o de reclamación de soberanía por ningún país, siendo ese espacio de la comunidad internacional. La Constitución Colombiana en su articulo101 habla de la orbita como parte de Colombia pero la condiciona al decir “de conformidad con el Derecho Internacional o con las leyes colombianas a falta de normas internacionales”. Pero normas internacionales las hay y muchas en que se consagra la no apropiación del espacio ultraterrestre. Así lo ha reconocido la Corte Constitucional en reiterados fallos, siendo el primero, una sentencia que la Corte ha venido reiterando, con ponencia del Doctor Eduardo Cifuentes M.

Pero este es otro tema que pienso no vale la pena debatir ahora.
Cuando se canceló el primer proyecto se alegó con criterio corto, que en esos momentos había mucha oferta de capacidad satelital, frente a la demanda que existía, motivo por el cual era mejor “arrendar” capacidad espacial que tener un satélite propio. Y digo que con criterio corto, porque no se previó lo que algunos presentíamos y veíamos como una realidad a corto plazo: que la orbita se iba a congestionar y que cuando tratáramos de obtener una posición técnicamente viable para satisfacer nuestras necesidades de telecomunicaciones nos íbamos a encontrar con la realidad de hoy de que no hay plaza en donde “parquear”. No se vieron las cosas con criterios a largo plazo sino de inmediatez. Y allí están las consecuencias que fueron advertidas con la debida prudencia y anticipación por quienes seguíamos el día a día de la evolución de las comunicaciones espaciales.

Y perdidas las posiciones orbitales colombianas, se pensó en posiciones andinas. Y estas también hoy con serios problemas, pues una de ellas, la 61 W. se perdió definitivamente a manos de Brasil y la 67W que aun se conserva, corre el mismo peligro si no se “ocupa” físicamente antes del mes de septiembre del 2010.

Entonces, vamos a nuestro asunto. Al no tener Colombia posición orbital en donde emplazar un posible satélite para sus telecomunicaciones, debió abrir, como lo hizo y acaba de fracasar, una licitación atípica en la cual trataba de resolver el problema invitando a fabricantes y operadores satelitales. Pero bien sabemos que las posiciones orbitales son de los Estados y no de los operadores o fabricantes, que los gobiernos protegen las asignadas a ellos con celo y avaricia, pues saben que ese recurso natural se está saturando de manera acelerada y mal harían en caer en la falla de Colombia de perder una posición orbital escasa y preciosa. Por eso el primer problema con el que se encontraron los que adelantaban el proyecto fue esta realidad: no tenían posición que ofrecer y nadie la iba a ceder total o parcialmente sin obtener unas ventajas económicas. Y se inventan entonces una figura exótica en el mundo de los satélites que han bautizado como “satélite compartido” o graciosamente “condo”, caricatura de un satélite propio, es decir un satélite que lleve carga útil de un operador que ofrezca una posición orbital compartida con la carga útil colombiana, pero sin ceder el control del vehiculo espacial, poniendo como condición que la estación de Control del satélite debe estar en el territorio del país que “ofrece” compartir el satélite, porque así se lo prescriben sus ordenamientos legales internos. Y tienen razón los gobiernos al tratar de controlar un satélite que se encuentra en una posición a ellos asignada. Que ilusos somos los colombianos al pensar que algún país entregaría en esas condiciones el control del satélite ¡!! Y además, financian sus necesidades con el presupuesto colombiano, pues Colombia debe pagar la fabricación del satélite y su lanzamiento. Qué tal ¡! Esta salida “genial” del satélite compartido es exótica en el mundo. Hasta donde tengo noticia –y pienso no equivocarme- solamente existe un solo caso de satélite compartido por dos países y es el de Singapur con Taiwán, pero esto tiene una explicación. Taiwán no es miembro de la U.I.T., por no ser un Estado reconocido por Naciones Unidas y por consiguiente NO puede asignársele una posición en la Orbita. Por eso Singapur le ayudó a allanar el problema “llevándolo” en su satélite. De resto, este adefesio no existe en el mundo, pues nadie va a aceptar que le controlen SU satélite, pagado por ellos, desde una estación primaria situada fuera de su territorio, pero que además lleva una carga útil del país que lo controla y que preferirá salvar su situación antes que la del “arrimado”.Aunque haya sido éste ultimo el que haya pagado el satélite y su lanzamiento.

Otra alternativa que se plantea es la de la posibilidad de utilizar una posición orbital planificada que ha sido asignada a Colombia y a los países en desarrollo a título de limosna por la U.I.T., una vez las verdaderas posiciones orbitales de interés comercial ya habían sido tomadas por los países desarrollados. Pero esta alternativa, no ha merecido ni merece ser analizada a fondo por todos los problemas técnicos que se plantean en caso de su utilización, por ejemplo antenas de tamaño cuatro veces mayores a las normales, y que además no podrían satisfacer las necesidades que se pretenden con el proyecto, por lo cual no me extenderé sobre este punto.

Entonces que sucedió? Lo que todos sabemos: No se presento sino un solo país a la licitación. Los demás prefirieron o no hacerlo o enviar cartas sin compromiso, manifestando no poder cumplir con los atípicos requisitos que para un proyecto como este tiene la industria espacial, y sin hacer ninguna manifestación sobre las condiciones de uso de sus posiciones orbitales. Que es otra cosa que debe analizarse. Colombia no podrá adquirir un satélite si pretende imponer unas condiciones inaceptables en la práctica internacional de la industria espacial en donde hay muchos satélites pero pocos compradores. Y si Colombia, además de los problemas que hemos analizado, se embarca en proceso licitatorio como el fallido que acaba de terminar el 1 de diciembre o un proceso abreviado de los que hablan las leyes de contratación, pronostico ,sin petulancia de ninguna manera ,que el proyecto volverá a fracasar y la piedra de Sísifo volverá a rodar para cumplir la condena que hay sobre este proyecto.

Colombia para ver exitoso este proyecto, solamente puede adelantar negociaciones directas con quienes – a priori- le garantice, una posición orbital EXCLUSIVA para el satélite colombiano, bien sea porque la ceda, la alquile, la de en usufructo o alguna figura jurídica que le permita al país CONTROLAR SU SATELITE desde su territorio ,y cesión o utilización a largo plazo, mínimo treinta anos ,que cubriría la vida útil del Satcol y la del satélite que al final de su vida útil lo deba reemplazar. No puede comprometerse en un proyecto utilizando la posición planificada y debe negociar con los gobiernos que –repito- a priori le garanticen estas condiciones. Y esto no puede hacerse sino con los GOBIERNOS que son los propietarios de las posiciones orbitales y no con operadores o fabricantes que están sometidos a la asignación que su respectivo Estado le hacen de una posición orbital.

Si Colombia consigue negociar con un gobierno que, repito, le ceda el uso EXCLUSIVO de la posición orbital y por consiguiente el control del satélite desde una estación primaria situada en Colombia, con transferencia de tecnología para desarrollar la operación del satélite ,y no permitirse siquiera pensar en SATELITES COMPARTIDOS con operadores comerciales que solamente buscan su beneficio económico, lo cual es licito desde su punto de vista y no sé que tanto para Colombia, allí si podríamos hablar de un SATELITE COLOMBIANO, y de una “soberanía” que daría la propiedad y el control del satélite –no la posición en el arco colombiano- de sus telecomunicaciones. Seriamos realistas en utilizar un mecanismo de adquisición directo y efectivo. Además de único, pues no podemos acudir a “atipicidades”, repito, que la practica internacional satelital no esta acostumbrada ni en condiciones de cambiar ahora para el caso Colombiano, que dicho sea de paso, va hacia la adquisición de un satélite pequeño para hablar en términos de lo que actualmente se esta utilizando. Si logramos negociar, repito con un gobierno que, a priori, ofrezca estas condiciones, allí si veríamos materializado el proyecto y podríamos, finalmente, ver a Sísifo dichoso.

Paris , Otoño del 2009

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