MANFRED GERHARDT PUCHALA
Lunes 5 de octubre, 2009
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/

Amigos:

Manfred Gerhardt Puchalá falleció en Popayán el 25 de septiembre pasado. Nació
en la República Oriental del Uruguay; de descendencia europea y se estableció en
Popayán en donde fue un apreciado y admirado profesor de música de la Universidad
del Cauca, desde 1987; concertista, músico de cámara y un notable pianista.

Cordialmente,

***
Al maestro Manfred Gerhardt, In Memoriam
Domingo, 04 de octubre de 2009
Escrito por Rodrigo Valencia Quijano,

Foto: El Liberal
Unos bellos ramos de flores y dos candelabros con velones custodiaban el féretro; atrás, la cruz exhibía su sencilla pero firme renuencia con la finitud. Y a pesar del discreto murmullo de los circunstantes, se podría decir que la música rendía silencio a uno de sus elegidos; pero la música no se había ido a otro mundo; estaba tácita en el ambiente, cabía imaginarla floreciendo a cada instante; había melodías que sonaban en el alma, ciertas cadencias enmarcaban los instantes, algún rictus sonoro se volvía eterno. O había un cofre donde las razones trascendentes del arte, en su postrer adiós, eran testimonio de que el tiempo perece, pero no los cantos del artista.

Curiosa o coincidencialmente, el Maestro Manfred Gerhardt había fallecido la noche anterior, el viernes 25 de septiembre pasado, el mismo día que la famosa pianista española Alicia de la Rocha. La vida se va, quedan las reminiscencias indelebles; marcan el tiempo, los lugares, los corazones, las latitudes del espíritu. Así, se lo recordará como el gran concertista nacido en Montevideo, de padres alemanes, que honró a nuestro país con su presencia por cerca de cuarenta años, a donde vino y se quedó con su arte. Profesor de piano en nuestra Universidad desde hacía 22 años, su labor valiosa fue pasando a un selecto grupo de estudiantes jóvenes, quienes van descubriendo, en forma profesional, las maravillas, secretos y magia del teclado de los Scarlatti, Mozart, Beethoven, Chopin, Liszt, Prokófiev, etc., etc.

La última vez que lo visité, hace unos cuatro meses, me llamó para que mirara un cuadro. Su casa era fiel muestra de una cultura selecta, con su excelente colección de pinturas, muebles, libros, objetos y ambiente exquisito. “Perdonáme, porque mis dedos ya no me obedecen bien”, me dijo; y, sin embargo, enfermo y a sus 72 años, tocó un Nocturno de Chopin, con esa destreza, profundidad y finura interpretativa que distinguen al verdadero artista; y ciertamente una nostalgia bordeaba cada nota, haciendo más intenso y magistral el sentimiento.

Cuando el Maestro Manfred Gerhardt pulsaba el piano, su presencia de ánimo translucía comunión íntegra con las interpretaciones, con expresión, dignidad y dominio. Podía oírse un dibujo modulando líneas expresivas que se abrían, cerraban o delineaban primeros, medios y lejanos planos, distancias que jugaban en profundidad, timbres, luces y matices calibrados con la elegancia, gusto, finura y sensibilidad del virtuoso que se pone en evidencia; y además se veía la brillantez del arte en los gestos del pianista; convicción y dominio transmitían la fuerza que toca lo intangible, la belleza que sublima cualquier sentimiento, el rigor que acaece sólo en momentos especiales.

Repito ahora lo que dije en otra ocasión: yo no sé si haya otro mundo tras la muerte; pero seres como él, aunque hayan abandonado esta estancia de los vivos, han prefigurado un camino que se interna en la otredad maravillosa, y allí los encontramos cuando entreabrimos la cortina que nos separa del “país de nunca jamás”. Algo hay en los recintos insondables, que los vientos de esta tierra no logran subyugar; la persistencia de la infinitud nos habla de otros lados de la realidad; los relojes, espejos y la piel se parten, pero los ecos mudos del misterio nos ofrecen un néctar que diluye el mundo perecible, y allí situamos a los amigos que compartieron el alma con nosotros.

A veces la música suena en silencio, en los recordatorios y pasadizos del espíritu… Un portal se abre en uno de esos recintos… el Maestro Manfred Gerhardt aparece con sus ademanes lentos, hace una venia inolvidable, y entonces comienza la ceremonia donde las escogidas notas de la música culta empiezan a bajar del monte de los dioses, y allí puede suceder cualquier maravilla imponderable.