FRAY AGUSTÍN DE LA CORUÑA
Miércoles 28 de enero, 2009
De: Mario Pachajoa Burbano

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Agustín de la Coruña, segundo Obispo que tuvo Popayán, fue aprehendido injustamente por el gobernador de Popayán, en la iglesia Catedral, el día de Navidad de 1583.

Fray Agustín de la Coruña, (1508-1589) segundo Obispo de Popayán, fue uno de los primeros agustinos que vinieron a Nueva España en 1533;  había tomado el hábito en el convento de Salamanca. En 1560 lo eligieron  Provincial de los agustinos de México y con este carácter, se dirigió a España con el fin de abogar por la suerte de los indígenas, quienes eran objeto del abuso de soldados y encomenderos. Durante estas gestiones, el Rey Felipe II, que lo conocía personalmente y apreciaba en alto grado sus relevantes prendas y a pesar de sus reiteradas excusas, le solicitó regir la diócesis de Popayán, en donde llegó a posesionarse en 1566. Previamente, en 1564, en Sevilla, Fray Agustín fue presentado a su Santidad, para Obispo de Popayán.  En Popayán,  fray Agustín vivió siempre en la práctica de las virtudes más austeras, manteniéndose de limosnas todo el tiempo que duró su obispado.

Fray Agustín continuó la gran obra que dejó el Obispo Juan Del Valle que era un hombre de su tiempo, con una profunda vocación religiosa de servicio a los más necesitados, que aunque creyó en las instituciones, siempre hizo lo que sintió debía hacer.
 
A pesar de sus virtudes, fray Agustín sufrió persecuciones injustas y constantes. Juan Rodríguez Freyle en su libro "El Carnero" relata la más cruel de ellas: la injusta prisión decretada por la Audiencia de Quito a solicitud del Gobernador Sancho García de Espinar y Mendoza quien deseaba librarse de su incómodo censor, acusando al Obispo Agustín ante La Audiencia de Quito de que se oponía a que se cobrasen los tributos, pues con sus discursos daba lugar a la oposición de los indios a trabajar, lo que causaba disminución en los productos de las minas y por lo tanto en los quintos de la Corona.

La Audiencia de Quito en 1583, despachó por Juez, al alguacil mayor de ella, Juan de Galarza, acompañado con el escribano Antonio Desusa, dos alguaciles y seis soldados, todos con un salario de 36 pesos de oro de veinte quilates cada día, a quienes se les pagó con el oro sacado por el mismo gobernador del cofre en la casa del fraile, en la noche de Navidad, al tiempo que Fray Agustín celebraba los oficios religiosos en la Catedral. Fray Agustín, en compañía de Juan Jiménez de Rojas esperó al juez y sus acompañantes dentro de la Catedral, colocándose la mitra, la estola y el báculo, en roquete y sitial, arrimado al altar mayor, con intento de amedrentarlos de esta manera y excusar su prisión.

El juez le echó mano de un brazo y luego le alzaron en brazos los dos alguaciles y los demás, y bajaron las gradas hasta llegar a la puerta de la iglesia, en la que estaba esperándolos una litera pequeña portátil, y metido en ella, la alzaron y la llevaron en sus hombros hasta fuera de la ciudad. Los clérigos y  vecinos quisieron defender a su Obispo, pero este no lo consintió. Hubo excomuniones a los que apresaron al obispo y algunos de ellos, arrepentidos, devolvieron sus salarios y pidieron perdón y absolución con misericordia. Freyle dice que todos los que prendieron al Obispo de la Coruña  "Dios y Nuestro Señor los castigó ... con sus desgraciados fines"..  Puede imaginarse la conmoción en Popayán y en toda la Nueva Granada que hubo por este hecho insólito, en una época de fuertes convicciones religiosas. Los oidores que decretaron la prisión: el Licenciado Francisco Anuncibay, Cañaveral y Castrejón, como todos los que intervinieron en ella, tuvieron muertes violentas o repentinas.

El rey Felipe II, quien personalmente conocía los méritos y virtudes del Obispo, improbó la conducta de los oidores, pero cuando llegó la resolución real, ya habían muerto los tres principales involucrados. El gobernador Espinar fue destituido.

Desterrado a Quito permaneció allí cinco años y a su regreso, continuó desempeñando las graves tareas apostólicas con el mismo celo que antes. Los cronistas de la época, debido a sus eminentes virtudes, lo llamaban el Obispo Santo y Apóstol de la Iglesia.

En 1578 compró algunas fincas raíces para fundar en Popayán el primer monasterio de religiosas, con el fin de que el plantel sirviese para la educación de las jóvenes hijas de los conquistadores. Esta importante obra libró real aprobación el 5 de mayo de 1590 y un año después inició sus labores con el nombre de Monasterio de La Encarnación. El Obispo escribió el libro la Relación de la conquista de las provincias de Chilapa y Tlapa en México y fue autor de cánticos y algunos escritos.

Fray Agustín murió en Popayán en la mañana del martes 25 de noviembre de 1589, día de Santa Catalina. Sus restos fueron trasladados primero a la catedral de teja y en 1786, a la iglesia de La Encarnación.

Cordialmente,