SABAS CASARAN
Domingo 20 de septiembre, 2009
De: Mario Pachajoa Burbano
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Amigos:

José Ramón Burgos Mosquera, médico, historiador, escritor, viajero, en su articulo "El último mandingo"  relata su entrevista con el famoso portejadeño Sabas Casarán (1905-1998) quien fue dos veces alcalde de Puerto Tejada, Cauca y varias concejal.

José Ramón escribe que "esta es la historia de uno de ellos [los mandingos]  … ya que muchos de sus antepasados no tuvieron la suerte de dejar testigos para contarla." y agrega: "Sabas Casarán es un negro inmenso de unos ciento ochenta y cinco centímetros a quien los tiempos no logran doblegar aún, pese a sus ya casi noventa años de edad. De su vitalidad legendaria se tejen toda suerte de historias que él sobrelleva con un humor perfecto, lo cual no le impide mantener viva la incógnita de su secreto mejor guardado.

La nobleza de su raza se percibe en parte por su mundo pleno de elaboradas mitologías y tradiciones tribales y en parte por la señorial dignidad con que ejercita una prodigiosa memoria escondida bajo la piel achocolatada y las canas brillantes a la primera hora de la tarde.

Vive con sobriedad, sin importarle los rasguños del qué dirán, por su fama de hombre acomodado.

-“El abuelo de mi abuelo, José Joaquín Casamans (el apellido se fue transformando con el tiempo) fue comprado en Cuba por el Ingeniero Eastman Gardner quien lo llevó a trabajar en las minas de El Zancudo y Marmato en la Provincia de Antioquia. Eso fue a fines de 1.795- recuerda sin resentimientos- “Posteriormente fue adquirido por Don José María Mosquera, el papá de Tomás Cipriano, y traído a sus minas de oro en las cercanías de Buenos Aires, Cauca”

-“Allí nació nuestra relación con los Mosquera y los Iragorri, con los que terminamos emparentados”- agrega con media sonrisa que no logro definir. En el trasfondo del diálogo me parece escuchar el gutural lamento de un “blue” a la manera de Ella Fitzgerald, porque cada frase pronunciada con su voz grave de barítono retirado, tiene el encanto de una danza ritual y la musicalidad de las palabras guarda aquel mismo tono bajo y enronquecido del inolvidable Louis Armstrong.

-“Mi bisabuelo Leonardo Casaran Golú, fue un liberto que alcanzó a establecer las condiciones para que la familia pudiera vivir con dignidad”-afirma con ademán pausado. Luego hace referencia a valores desconocidos pero vigentes sobre la feroz y titánica lucha que libraron los negros en América. Explica cómo combatieron los Patinaos del Cauca y los negros de Barlovento en Venezuela a favor de Fernando VII porque los generales españoles les prometían a cambio la abolición de la esclavitud. Mientras le escucho caminamos por los corredores de la casa. Siento que África vive aquí en este pueblo [Puerto Tejada] de calor sofocante y calles polvorientas, donde vendría mejor una túnica de lino blanco que un estrecho pantalón de dacrón.

-“En 1844 nació en el mismo Buenos Aires, mi abuelo Isidro Casarán. Fue eterno amigo de los negros que “peliaron” en todas esas guerras civiles del siglo pasado. A muchos de ellos los conocí siendo niño y todavía se les sentía el olor a pólvora en los bigotes quemados –refiere con seriedad- “Y a todos esos negros que llegaban de la guerra, los esperaba la explotación de su fuerza de trabajo en el impuesto de terraje que cobraban los grandes hacendados, porque no había selva que descuajase un negro que no tuviera dueño!”

-“Y así hicimos estos pueblos! Hicimos fincas. Convertimos este norte del Cauca en lo más rico del país y los barcos llegaban a cargar nuestra producción de caco, café, oro y maderas. Así sucedía hasta 1.924 cuando subía el vapor “caldas” hasta San Julián (la Hacienda de), cargaba en Puerto Tejada, Puerto Mallarino y bajaba hasta La Virginia. Era los días martes…”

Sabas se torna nostálgico al evocar la grandeza del pasado, cuando a la bonanza económica del negro se sumaba una gran presencia espiritual.

-“Estuve cinco meses y catorce días en el frente de guerra con el Perú en 1934 y ascendí hasta el grado de Sargento Viceprimero. Me entregaron el puesto de La Tagua y cumplí con mi deber!” – Ahora su voz adquiere un vigor inusitado y sarcástico- “Pero de toda esa lucha y de recorrer a Colombia, llegué a la conclusión de que estamos muy mal repartidos, carajo!!” –Sonrío, porque todo el tiempo le he escuchado vocablos fuertes dichos en un tono respetable que les liman cualquier asomo de vulgaridad-.

-“El negro fue solidario hasta 1940” –afirma de pronto, cuando lo interrogo sobre las perspectivas de su raza y su departamento- “Desde entonces ha deformado sus ideales y valores hasta ver en lo que está convertido hoy. –se refería al último episodio electoral-. “Con raras excepciones del pasado, Natanael Díaz, Alejandro Peña, Marino Viveros, estos muchachos de ahora en su mayoría andan detrás de la alforjas de Sancho Panza!!”

El anciano caudillo guardó silencio largo rato y comprendí que deseaba permanecer a solas.

 
Occidente, domingo 10 de abril, 1994.

Cordialmente,