CARLOS AYERBE ARBOLEDA
Viernes 9 de enero, 2009
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

El pasado 26 de Diciembre se celebró en Popayán el centenario del natalicio del Teniente Coronel Carlos Ayerbe Arboleda, distinguido militar que fue honra de las Fuerzas Armadas colombianas, sirviendo a su patria con integridad y valor que llegó hasta el sacrificio. Hijo del noble hogar formado por el educador y congresista Carlos Ayerbe Segura y María Arboleda Castro, quedó huérfano muy joven, debiendo asumir desde niño la responsabilidad de ayudar a su madre y hermanos. Ingresó a la Escuela Militar donde se distinguió desde el inicio de su carrera por su inteligencia, consagración al estudio y entereza de carácter. Defendió las fronteras de la patria en el conflicto con el Perú donde su actuación llegó hasta el heroísmo según podemos leer en muchos documentos históricos de la época, especialmente en la narración que hizo el Coronel Herbert Boy en el capítulo "Un puñado de valientes" de su libro "Una Historia con Alas". Allí da testimonio de cómo el joven Teniente y su "puñado de valientes" abrieron trochas, establecieron puestos de avanzada, enfrentaron al enemigo y ofrecieron sus vidas por la patria.
En tiempos de paz fue Comandante de los Batallones en Cali y Popayán donde, entre otras obras, gestionó la compra de los terrenos e inició la edificación de las instalaciones del Batallón Junín. El gran tamaño de estos terrenos y su vecindad con el aeropuerto, hacen que hoy allí estén cómodamente funcionando la Brigada No 29 y cuatro batallones más. En este lugar, como parte de los actos para celebrar el centenario, se descubrió una placa conmemorativa y en la Sala de Guerra se colocó un óleo con su efigie.
Después de una carrera brillante que le mereció varias condecoraciones, entre ellas la Cruz de Boyacá, se retiró del Ejército tempranamente debido a quebrantos de salud ocasionados por el clima malsano y los padecimientos durante la campaña en las selvas del sur. Sin embargo, tuvo que regresar temporalmente para encargarse del comando de la Policía y restablecer el orden en Popayán durante las revueltas del 9 de Abril de 1948.
Durante sus últimos años se dedicó a la industria, la ganadería y a su familia. Declinó, por motivos de salud, el honor que le hiciera el Presidente Alberto Lleras al ofrecerle la Gobernación del Cauca en el primer gobierno del Frente Nacional, pero no descuidó sus deberes de buen ciudadano y de buen cristiano contribuyendo al embellecimiento de la Iglesia de Santo Domingo y a la grandeza de sus procesiones.
En la Capilla del Santo Sepulcro, donde reposan sus restos al lado de su esposa Josefina González de Ayerbe, se reunieron sus descendientes este 26 de Diciembre para rendir homenaje a su memoria durante la celebración de una Eucaristía en Acción de Gracias por la vida y obras de Carlos Ayerbe Arboleda quien fue ejemplo de integridad, valor, lealtad para con la patria, amor a su familia y fé inquebrantable en Dios.

Cordialmente,

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MENSAJE DEL GENERAL GERARDO AYERBE CHAUX
Familia Ayerbe González
Atención: Doctor Roberto Ayerbe
Popayán


He recibido la invitación a la ceremonia conmemorativa del primer centenario de mi querido primo Carlos Ayerbe Arboleda, a quien admiré por sus sobresalientes virtudes militares y por su amor a la patria.

Los colombianos y especialmente los caucanos, deben recordar con admiración y respeto sus rutilantes acciones militares en el conflicto con el Perú en 1932, en donde quedaron comprobados su valor y patriotismo en la defensa de la soberanía de la nación. Fue además un ciudadano ejemplar a quien recordamos en la familia y en la sociedad payanesa como un hombre de carácter, que con especial generosidad contribuyó a acrecentar el patrimonio cultural y religioso de nuestra ciudad.

Debo a su consejo oportuno y a su apoyo decidido, significativas muestras que en buena parte determinaron lo que sería mi vida militar. En esta forma se constituyó para mí en un ejemplo que invariablemente seguí con particular lealtad, reconocimiento y afecto.

Infortunadamente no podré estar mañana en Popayán en la ceremonia programada por el Ejército. Al agradecerles vivamente la gentil invitación, me uno espiritualmente tanto a la familia como a las Fuerzas Militares en tan justa conmemoración.

Cordialmente,
Gerardo Ayerbe Chaux

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Palabras del señor Mayor r. Mauricio Velasco Arboleda en la Sala de Guerra del Batallón de Infantería No. 7 “General José Hilario López”, durante la conmemoración del primer centenario del natalicio de señor Teniente Coronel Carlos Ayerbe Arboleda. Popayán, Diciembre 26 de 2008.

Señor Tte. Cor. Alexis Cantillo, Comandante del Batallón General José Hilario López.
Señor Tte. Cor. José Luis Barrera, Comandante del Batallón de Servicios
Señor Gobernador del Departamento del Cauca, Doctor Sebastián Silva Iragorri
Queridísimo Coronel Carlos Constaín Delgado, el oficial más antiguo, en este momento, entre los oriundos de Popayán.

Amable y cariñosa familia Ayerbe-González y todos los que tenemos el gusto de llevar en la sangre el parentesco de nuestro querido Comandante, el Teniente Coronel Carlos Ayerbe Arboleda:

Yo hubiera querido hacer un magnífico discurso, tal vez una pieza de oratoria basada en la importancia de este caso. Pero en verdad, el sentimiento me atropelló y no permitió que la pluma rasgara el papel para merecer este honor de poder llevar la palabra en un acto tan patriótico y popayanejo. ¿Y por qué en este salón, dirán ustedes? Ya la placa de bronce está en el corredor del Comando y ahora se descubre el retrato de Carlos Ayerbe, que perpetuará su memoria en este recinto. Es que éste es el Salón de Guerra; aquí es donde las unidades militares, al mando de sus comandantes, planean, dirigen, instruyen y analizan la situación general del país y especialmente del país caucano. Es aquí donde se toman cruciales decisiones.

Es a las orillas del río Cauca, cuando Carlos Ayerbe tuvo la genial idea de conseguir para el Ejército de Colombia los predios de “Piedragrande” y “La Guaca” en donde se construyeron los cuarteles del inmortal Batallón Junín. Viene años después la Escuela de Suboficiales Inocencio Chincá, y el terremoto de 1983 sacude las edificaciones que había dejado mi Coronel Ayerbe y se reconstruyen nuevamente para que sean sede del Batallón José Hilario López y posteriormente el Cantón de la Brigada No. 29 de la cual es comandante el señor General Leonardo Barrero, ilustre militar que dá brillo y gloria a las armas de la República.

Este Coronel Ayerbe no era únicamente el simple estafeta que salió llevando el correo al sur del Cauca y al norte de Nariño. Se convirtió luego en un soldado de la Patria que ingresó a la Escuela Militar de Cadetes como fina y dignamente lo relató el señor Comandante del Batallón, que verdaderamente me dejó sin palabras en su discurso genial que hizo la biografía de mi Coronel Ayerbe. Con una formación prusiana y chilena basada en el honor y la lealtad, ingresa a la Escuela Militar tapándose un ojo, porque el otro no le servía. Y con la misma mano con que hizo eso, subrayó también las heroicas gestas de Guepí y de El Encanto. Si repasamos la historia, fue el oficial comandante del soldado Cándido Leguízamo cuando éste atraviesa el río Putumayo y es atacado por soldados peruanos que lo sobrepasaban en número. El entonces Subteniente Ayerbe, leal militar, patriota insigne, no podía dejar que las armas de la República fueran enlodadas ni mucho menos vilipendiadas por la osadía peruana. Se lanza al ataque, recupera al herido, trae sus soldados a la guarnición que le pertenecía y marca para Colombia la principal historia de guerra internacional del siglo pasado cuando el pabellón de esta noble República todavía ondea victorioso en las tierras de la amazonía colombiana. Pero no se detiene Carlos Ayerbe en esto: sigue haciendo una escuela, primero de colonización en el sur de Colombia, y luego viene a hacer una escuela verdaderamente de doctrina y de ejemplo militar. Porque si algo marcó la vida militar de mi Coronel Ayerbe, fue precisamente el haber cumplido con dignidad y con honor el lema del Ejército Nacional. Juró cumplir con su deber ante la Patria y a fe que así lo hizo porque hasta el último instante de su vida, siendo ya un ciudadano común y corriente, dejó huellas imborrables en la ciudad de Popayán. Sembró, y lo que están cosechando ustedes, descendientes de este ilustre militar y noble ciudadano, es la gloria, es la historia de la Patria. ¡Es Popayán!

Carlos Ayerbe Arboleda también tuvo a bien ser un distinguido miembro de la primera cultura ciudadana y tradicional que tiene Popayán. Hoy en el templo de Santo Domingo, se reverencia en el Santo Sepulcro la dolorosa imagen del Señor Yacente, donada por mi Coronel, que era un ferviente creyente y un católico convencido. Era un popayanejo raizal que en sus proyecciones al futuro y al presente de su época marcan la situación de que hoy la Patria, y su Patria chica, su familia y este glorioso Ejército se vean plasmadas en la placa de bronce y en el óleo en esta Sala de Guerra.

Aquí en Popayán, donde el día se va despacio, al decir del poeta, a la orilla de este río Cauca y gozando del sentido humano que tenemos los popayanejos, vamos a darle gracias una vez más a este insigne militar quien con su dedicación y con su gallardía marcó una época extraordinaria que Popayán, el Cauca y el Ejército nunca olvidarán. Mi Coronel Ayerbe, como dijo MacArthur, “… los viejos soldados nunca mueren; se desvanecen en la eternidad...” Muchas gracias