JULIO ARBOLEDA
Martes 9 de junio, 2009
De: Mario Pachajoa Burbano.

Julio Arboleda nació hace 70.128 días en las márgenes del río
Timbiquí (1817-1862).  Era hijo de Rafael Arboleda y Pérez y
Matilde de Pombo y O'Donnell.
Por los 1843 el poeta Arboleda tenia 26 años y compuso para
un álbum, las dulcísimas octavas "Te quiero", que tuvieron una
calurosa acogida en Nueva Granada y países Suramericanos.
Sus estrofas contienen pensamientos delicados y de ternura, lo
mismo que fuego y pasión.
Para la biografía del poeta Julio Arboleda Pombo, favor hacer clic aquí.

Cordialmente,

***
 

TE QUIERO
De Julio Arboleda


 Te quiero, sí, porque eres inocente,
 Porque eres pura, cual la flor temprana
 Que abre su cáliz fresco á la mañana
 Y exhala en torno delicioso olor. .
 Flor virginal que el sol no ha marchitado,
 Cuyo tallo gentil se eleva erguido,
 Por matutino céfiro mecido
 Que besa puro la aromada flor.
 
 Te quiero, si; pero en mi pecho yerto
 Ya con amor el corazón no late,
 Ay! ni mi frente pálida se abate
 Al contemplar tu cuello de marfil;
 Pero te quiero como á aquella tierna
 Hija de mi alma que inocente ahora;
 En el regazo de su madre llora
 Tal vez la pena que soñó infantil.
 
 No dejaré que veleidoso vague
 De flor en flor mi loco pensamiento;
 Mas también la amistad tiene un acento;
 Tu amigo soy : amigo cantaré.
 ¡Feliz tú! ¡ feliz yo! mis largos años
 Cuentan dos veces lo que tú has vivido:
 Tú el aguijón de amor aun no has sentido;
 Yo ya de amor el aguijón gasté.

 El fuego brilla en tus abiertos ojos,
 Pero no hará reverberar los míos:
 Tu blando acento en mis oídos fríos
 Rápido vibra y piérdese al caer:
 Y si entrecubre el párpado bruñido
 Tu dilatada lúcida pupila,
 Mi mirada pacífica, tranquila,
 Admira el ángel, nunca la mujer.
 
 Tal vez anima tu semblante puro
 Con gracia celestial vaga sonrisa,
 Como se anima al soplo de la brisa
 El terso lago en tímido vaivén;
 Y tu inefable sonreír de ángel
 Al corazón arrancará un suspiro;
 Mas yo impasible tu sonrisa miro, —
 Y mirára impasible tu desden.
 
¿Á quién sirve en el árido desierto
 De ruiseñor armónico el gorjeo?
 ¿ Á quién dará su. música recreo,
 Si todo en torno es yermo y orfandad?
 ¿Y qué valen tu gracia y tu hermosura,
 Y tu lágrima amiga y tu plegaria, —
 Cuando mi alma cansada, solitaria,
 Está absorta en su propia soledad?
 
 ¡Estéril soledad do todo muere,
 Que llevo yo do quier conmigo mismo,
 Que, cual potente mar, torna en abismo,
 Y á sí asimila cuanto en ella cae! ,
 Ya para mí la brisa no levanta
 El mar de las pasiones : está en calma:
 Al estéril desierto de mi alma
 Solo la arena sus mudanzas trae.
 
 Volcán extinto soy, ceniza fría,
 Que humedeció el dolor. Lee lo que escribo :
 Tu mirada de fuego yo no esquivo,
 Que la chispa, al caer se apagará.
 ¡Lee lo que escribo! Algún futuro día
 Dirás : Él fue amigo: á mas no alcanza
 Ya mi ambición: mi tímida esperanza
 No de amistad el linde salvará.
 
 Pero tu suerte, ¡hermosa flor! tu suerte, 
 Sí, quisiera labrar y tu ventura;
 Eres hermosa: el crimen de hermosura
 Persigue el hombre sin piedad aquí. —
 Flor descuidada que ala brisa ondeas,
 El gusano te asecha en torno andando,
 El diente aguza, y en el tallo blando...
 ¡Oh. Dios! buen Dios! apártale de allí!
 
 Tú la hiciste, ¡ Señor, no la abandones!
 Tú de gracia, de amor tú la vestiste,
 Cuídala ahora: el enemigo existe,
 Desnudo de virtud y de piedad;
 No le permitas deshojar tu lirio!
 ¡Ay! ni en el cáliz exhalar su aliento:
 ¡Ay! ni permitas que enemigo viento
 Aje tu linda flor, ¡Dios de bondad!