AGUSTÍN AGUALONGO SISNEROS
Jueves 8 de octubre, 2009
De: Mario Pachajoa Burbano
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Agustín Agualongo Sisneros, nació en San Juan de Pasto el 25 de agosto de 1780 y murió en Popayán el 13 de julio de 1824. Hijo de Manuel Agualongo y Gregoria Sisneros Almeyda. Aprendió el arte de pintar al óleo y fue su esposa Jesús Guerrero; tuvieron una hija María Jacinta Agualongo. Posteriormente se divorciaron.

En 1811 ingresó al contingente reclutado por el Cabildo para defender a  Pasto y al gobierno del Rey Fernando VII. Desde entonces integró el ejército realista para defender la monarquía. Los cronistas lo describen como un mestizo de baja altura, pelo y cejas negras, ojos pardos, nariz regular, poca barba y una mancha de carate debajo de los ojos. Color prieto y labio superior abultado.

Como soldado participó en 1812 en la victoria realista de Funes, una de las primeras acciones de guerra de la independencia de la Nueva Granada y en Buesaco en donde los realistas vencieron a los republicanos. En 1814, como Sargento primero su ejército realista derrotó al General Antonio Nariño cuando Pasto estaba a punto de caer en manos patrióticas. En 1815 llevó a Quito a los sacerdotes José Casimiro de la Barrera y Fernando Zambrano, acusados de predicar a favor del General Nariño.  En 1816 como Subteniente del Batallón Pasto marchó a la reconquista de Popayán en la tropa de Sámano aniquilando a los patriotas en la Cuchilla del Tambo, la última resistencia armada de Nueva Granada. Con el grado de Teniente acompañó a Sámano a Santafé.

En 1819 los jefes realistas derrotados y Agualongo volvieron a Pasto y en 1820 Agualongo marchó a Quito y al final del año fue nombrado Jefe Civil y Militar de la ciudad de Cuenca. Con el grado de Teniente Coronel se unió al Coronel Calzada y regresó a Pasto. En 1822 el propio Libertador Simón Bolívar tomó a Pasto en donde estallaron dos rebeliones populares en las que tomó parte activa y destacada Agualongo, por lo que fue ascendido a Coronel del Ejército Real.

La primera rebelión antirrepublicana fue reprimida a sangre y fuego por las tropas dirigidas por el Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre. En 1823 se inicio otro levantamiento comandado por Agualongo y Estanislao Merchancano, quienes derrotaron al general Juan José Flores, restablecieron el gobierno realista y marcharon triunfalmente hacia Quito en donde esperaban encontrar un importante apoyo político y militar. Agualongo entro victorioso a Ibarra el 12 de julio de 1823.

En la única batalla que dirigió personalmente el Libertador Simón Bolívar en el Ecuador fue en la que se enfrentó a Agualongo el 17 de julio de 1823. El Libertador lo expulso de Ibarra y al dia siguiente Agualongo penetro con  3.000 hombres al pueblo Anganoy y cuando Bartolomé Salom lo supo escapó a Catambuco, donde ocurrieron combates esporádicos. El General Flores le siguió a los pocos días. En esta ocación, Agualongo alcanzó al General patriota Herrán y éste, de rodillas y con las manos juntas, le imploró que no lo matara, pues había sido su antiguo compañero de armas. El Coronel le contestó con desprecio: "Yo no mato rendidos".

Los Generales José Mires y José María Córdova cercaron y derrotaron las últimas partidas realistas pacificando la región y aunque Agualongo desocupó Pasto, sus hombres continuaron activos en las montañas, como guerrilleros hasta que a mediados de mayo de 1824 entraron en su ciudad y expulsaron a las fuerzas de Flores, por última vez.
 
Semanas después, las tropas patriotas retomaron Pasto. Agualongo y sus principales jefes quedaron en el interior del convento de las monjas Conceptas que Flores cercó.  Agualongo y los suyos huyeron a Barbacoas, en donde el Coronel Tomás Cipriano Mosquera, pudo derrotarlos y herir a Agualongo en una pierna, no sin recibir una grave y dolorosa herida en la mandíbula, poniendo fin así a las guerrillas de Pasto, porque sus reductos remontaron el Patía y se dispersaron por toda la región.

Finalmente, Agualongo fue capturado por el general José María Obando el 24 de junio de 1824, llevado prisionero a Popayán. Allí fue juzgado y condenado a morir por fusilamiento. Al ser condenado a muerte, pidió y se le concedió la gracia de vestir uniforme de Coronel realista. El 13 de julio de 1824, ante el pelotón de fusilamiento exclamó que: Si tuviese veinte vidas, estaría dispuesto a inmolarlas por la Religión Católica y por el Rey de España. Exigió que no le vendaran, porque quería morir de cara al sol, mirando la muerte de frente, sin pestañear, siempre recio, como su suelo y su estirpe. Sus últimos momentos fueron de gran valor, como había sido su vida militar bravía, valerosa y constante, se enfrentó serenamente al pelotón y gritó: “¡Viva el Rey!”. Agualongo, murió sin enterarse de la Cédula Real, otorgada por Fernando VII confiriéndole el grado de General de Brigada de los Ejércitos del Rey.

Los restos de Agualongo descansaron en la cripta de la Iglesia de San Francisco en Popayán, hasta que fueron identificados por el historiador pastuso Emiliano Díaz del Castillo. El 11 de octubre de 1983, fueron llevados solemnemente a la ciudad que juró proteger y quedaron depositados en la Capilla del Cristo de la Agonía, en el lado izquierdo de la Iglesia de San Juan Bautista. En 1987, fueron sustraídos por el M-19 y devueltos en 1990 y finalmente depositados en el lado izquierdo del mismo Templo, junto con los despojos de Hernando de Cepeda y Ahumada hermano de Teresa de Cepeda y Ahumada, la Santa de Ávila, que fue regidor y encomendero de la ciudad de Pasto en el siglo XVII.

Cordialmente,