ÁNGELA DE VALENCIA
Sábado 24 de mayo, 2008
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Ángela de Valencia, educadora, poeta, escritora, novelista, nació en Popayán en
1900. Estudió en la Escuela Superior de Señoritas de la Ciudad Blanca, recibiendo
brillantemente el título de maestra. Desde muy joven demostró tanto su exquisito y
delicado talento como su amor a la poesía, escritora de artículos pedagógicos, bellas
poesías y hermosas composiciones que merecían el elogio de sus profesores y
condiscípulas.

Ángela dice que: "Desde niña fui apasionada ferviente de la poesía... Crecí en
un ambiente poético, pues mi padre era un poeta lírico muy conocido, y era yo
quien le escribía, cuando una lamentable ceguera lo redujo a la impotencia".

Colaboró en notables revistas y periódicos de Popayán y del país. Como delegada
por el Departamento del Cauca asistió en 1934 al Cuarto congreso internacional
femenino
, elogiándose su brillante actuación

En 1936 publicó en Quito un tomo de versos que mereció elogios de la prensa
nacional y extranjera. Publicó varios libros, entre ellos las novelas: El sino y
Penachos de humo. Obras poéticas: Luz en la sombra, Flores de ensueño y
Rumor de frondas.

Del Libro "Mi bello Popayán" de Jaime Zúñiga Salazar, de donde hemos
tomado estas notas, transcribimos el poema de Ángela: "Historia de una gota
de rocío".


Cordialmente,

***

HISTORIA DE UNA GOTA DE ROCÍO> 


 

Perla que puso el alba en el estuche
risa de una lozana madreselva,
y en su dombo minúsculo copiose
la inmensidad de la azulada esfera.

Feliz era en su efímera existencia
de éter azul en linfa trasformado,
síntesis de sublime transparencia,
gota de luz en diáfano milagro.

En la flor por el viento remecida
un ensueño de dicha ella vivía,
su diminuto mundo se irisaba
al esplendor el luminar el día.

Mas, al cruzar el bosque cierto día
una triste doncella enamorada
tomo la flor para aspirar su esencia
y admirar su belleza sonrosada.
 

Y al recordar al adorado ausente
y pensar en su olvido y su desvío,
su dolor hecho lágrimas luciente
cayó sobre la gota de rocío.

Esta al sentir lo acervo de la angustia
que el llanto del amor guarda en su seno,
quiso volver al éter, y al instante
evaporóse en el azul sereno.

Y desde entonces, cuando el cielo envía
gotas de luz sobre la flor temprana,
siempre queda una gota suspendida
en la pestaña azul de la mañana.