GONZALO DE OYON
Viernes 23 de mayo, 2008
De Mario Pachajoa Burbano.

Amigos:

Hace cuatro años nos referimos a la obra máxima del poeta-soldado
Julio Arboleda: Gonzalo de Oyón. En esta ocasión vamos a
transcribir estrofas del libro Fastos Payaneses de Arcesio
Aragón,
no incluidas en nuestra nota de marzo 3 de 2004.

El poema Gonzalo de Oyón, de carácter épico, narra la conquista
española del cacicazgo de Popayán y su eje dramático está constituido
por la rivalidad de dos españoles que se disputan la hija del cacique.
Es quizá la muestra fehaciente del gran ímpetu romántico de su pluma.


***


El magnifico preludio del poema es:


Voy recorriendo pensativo y mudo,
con paso lento la esmaltada falda
por do el Cauca, entre ribas de esmeralda,
precipita su rápido caudal.

De lo pasado en el abierto libro
mis ojos por las páginas errantes
leyendo van de los que fueron antes
la virtud, el delito, el bien, el mal;

y los siglos, que ruedan envolviendo
hechos y nombres en común ruina,
cuya planta pesada peregrina
dejando en pos olvido y destrucción;
los siglos se presentan apiñados
-leve punto en el tiempo do se hundieron-,
 y donde en su naufragio, confundieron
nombres, e historia, y gloria, y tradición.

De Pubenza, la heroína del poema, hija del regulo de la tribu dominadora de estas regiones, hace la siguiente bellísima semblanza:


Dulce como la parda cervatilla,
que el cuello tiende entre el nativo helecho,
y a la vista del can, yace en acecho,
con sus ojos de púdico temor;
pura como la cándida paloma
que de la fuente límpida al murmullo,
oye, al beber, el inocente arrullo,
primer anuncio de ignorado amor;

Bella como la rosa, que temprana,
al despuntar benigna primavera,
modesta ostenta, virginal, primera,
su belleza en el campo, sin rival;
tierna como la tórtola amorosa,
que arrulla viuda, y de su bien perdido
la dura ausencia en solitario nido
llora, y lamenta su incurable mal;

He aquí a Pubenza; en ella el alma, todo
respira amor, pureza y hermosura;
el hechizo en sus ojos, la dulzura
vaga sobre sus labios de clavel;
juega el blando placer modestamente
con las esbeltas formas de la indiana;
india en amar, en resistir cristiana,
era en su pecho la virtud dosel.


 

 

Es también bella y grandiosa la apostrofe que el bardo dirige a su ciudad materna:

Y tu, mi Popayán, noble y valiente!
madre del patriotismo acrisolado,
ni de tus hijos la virtud ardiente
basto a dorar tu tétrico pasado:
y triste es ver tu futuro revelado:
que para ti, oh Patria!, todo es triste,
lo que serás, lo que eres, lo que fuiste!

Fue un tiempo, en que la invicta frente orlada
de bélico laurel, tu dura mano
arrojó el guante, apercibió la espada,
árbitro y fiel del mundo colombiano;
y joven, pero sabia, respetada
desde el valiente y ultimo araucano,
hasta el muisca, tuvieron su fortuna
pendiente de los mimbres de tu cuna.

De desgracias sin termino en la escuela
aprendiste lealtad, y tus legiones
contra Pizarro enviaste. Núñez de Vela
halló con tus gallardos campeones
si no triunfo, honra y muerte. Centinela
tu fuiste del imperio y sus blasones;
y en la abyección universal, tu sólo
quedaste libre, honrada y española!

Luego es flor de antologías todo el Cuadro Décimo, titulado La Visión:

Entre diáfanas nubes columpiada
la luna solitaria, reverbera
como la blanca virgen prisionera
al través de la reja del harén.
Los juguetones cefiros suaves
la cubren luego con flotante velo
de móvil gasa, que el cristal del cielo
va empañando con trémulo vaivén.

Desaparece su disco lentamente
entre nieblas sin formas ni colores,
y muertos sus postreros resplandores
se condensa doquier la oscuridad.
Ya de luz vaga entre las turbias olas
el hondo espacio apenas se columbra,
cual tras del tiempo el corazón vislumbra
sin principio, sin fin, la eternidad.
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