BARRIO EL EMPEDRADO DE POPAYÁN
Miércoles 10 de septiembre, 2008
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Jaime Vejarano Varona nos refresca el estado del barrio de El Empedrado de Popayán
en el siglo pasado y los habitantes establecidos en el mencionado sector.
Nuestros agradecimientos para Jaime por facilitarnos copia de este articulo.

Cordialmente,

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EL TRADICIONAL BARRIO DE EL EMPEDRADO
Por: Jaime Vejarano Varona


Parece real ya el discutido proyecto de la gran central de abastos para la ciudad, mediante convenio con los propietarios de los grandes depósitos de granos localizados en este sector, abriéndose así la posibilidad de retornar tan tradicional zona a su destinación primigenia como zona habitacional. Los vecinos del sector celebran esta posibilidad como una gran noticia pues han padecido, paciente y suficientemente, el deterioro que les ocasionó el mal uso dado al barrio durante las últimas décadas y que atrajo, además de un intenso tráfico pesado, el establecimiento de hoteluchos, cantinas y tenderetes, así como la oferta de otros servicios non sanctos.

Pues bien; esta perspectiva nos da la oportunidad de refrescar quiénes eran sus moradores y familias tradicionales, sus ocupaciones y costumbres y, en general, cuál fue su entorno y su status social. Este sector se halla ubicado sobre la carrera quinta entre las calles siete a once del viejo Popayán.

Apoyándonos no solo en nuestros recuerdos personales, sino también en el testimonio de los vecinos, podemos enumerar varias de las familias que lo habitaron por muchos años y algunos de cuyos descendientes aún moran aquí.

El hogar de don Nicolás Correa y doña Sara Martínez, de su hijo don Jorge Enrique y sus nietos, fue uno de los más representativos entre sus moradores. Allí se repartía el “Tasajo” en las fiestas carnestoléndicas, costumbre que desapareció hace muchos años y que consistía en que un vecino económicamente pudiente hacía matar una res, la libreaba y la repartía gratuitamente entre los habitantes del barrio.

Eran aquellos los tiempos de “mamá upa”.

Prendían entonces sus hornos de barro abovedado, para cocinar obras de fina alfarería artesanal, “los chichibungos”, con don Víctor Torres a la cabeza. Existían las tiendas de pulpería de “las Trucas” y de doña Vicenta Rada. Las carpinterías de Gustavo Larrañaga y de los Valverde. “Volteaba vestidos” el conocido sastre don Luis Penagos; hacían deliciosas colaciones las Rada y doña Emilia Rivera, abuela del consagrado caricaturista de El Liberal maestro Julián Rivera. Habitaban el sector familias como la de Belarmina Martínez Sarria, Filomena Cerón y don Nicolás Rojas. Sonaba en la noche sus instrumentos Eduardo Hurtado, Director de la Banda de Música. De aquí salía una de las “arrias” para la fiesta de reyes y de la casa de don Carlos Villaquirán una de las procesiones chiquitas armadas sobre andas de cajones de jabón Varela, que organizaban don Hernando Castillo, músico del famoso conjunto “Los Gavilanes” y el polvorero Eliécer Campo.

Entre los sobrenombres reconocidos que se aplicaba a los vecinos del sector se recuerda el de “las calamidades” atribuido a las Lozada; “frasco de leche” a Arcesio Velasco, los “chichibungos” a los Torres y “los abejones” a los Hurtado.

(Muchas de las informaciones anteriores nos fueron suministradas gentilmente por don Luis Alfonso Camacho, joyero y su esposa doña Blanca, la de la dulcería “A Mecatear”, indubitables testigos de la vida en este sector tradicional de nuestra ciudad. Muy agradecido.)