PROTECTORES DEL AMO ECCE HOMO
Domingo 4 de mayo, 2008
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Laurentino Tello Narváez relata el importante trabajo que adelantan Alejandro
Valencia Ramírez y Rafael Alberto Domínguez
para proteger durante durante
todo el año, la imagen del Amo Ecce Homo de la iglesia de Belén de Popayán.

Cordialmente,

***.

Los 'protectores' del Amo
Escrito por Laurentino Tello Narváez
domingo, 04 de mayo de 2008
El Liberal.

Foto: Dairo Ortega /El Liberal.
Luego del trajín de la procesión del primero de mayo, el físico de las personas encargadas de la fiesta en torno al patrono de Popayán queda agotado, pero no así el espíritu, el amor y la devoción por esta hermosa tradición religiosa que data del siglo XVII. Desde el mismo momento cuando el Amo retorna a Belén, los 'protectores' terrenales de este culto, todos miembros de la Junta Pro culto al Amo Ecce Homo, comienzan a trabajar para mantener el culto vigoroso y entusiasta con miras al próximo año.

Toda una milenaria tradición que requiere siempre impecable, limpia y sobre todo fulgurante, la antiquísima imagen del Amo y su plateado trono, que es visitado diariamente por cientos de devotos que le oran con fe. Una exclusiva labor a la que Alejandro Valencia Ramírez y Rafael Alberto Domínguez se encomiendan periódicamente, tras la conclusión de las homilías en favor del Amo, comenzando con una inspección visual donde analizan principalmente la cantidad de polvo y de humedad que se posan sobre el altar y sobre la imagen, para determinar si es necesario algún trabajo de enlucimiento del trono.

Un trabajo con técnica

Cuando el Amo y su trono entran en el proceso de limpieza, los dos entusiastas miembros de la Junta se atavían especialmente para enfrentar esa tarea, que en promedio realizan con mucho cariño y devoción cada dos meses. Con motas de algodón seco, la imagen de madera de Jesucristo es limpiada meticulosamente de pies a cabeza, quitando toda partícula de mugre o de polvo que esté asentada en la sagrada figura.

"Lo hacemos sin ningún tipo de sustancia líquida o cremosa para evitar que se eche a perder la pintura o el maquillaje del Amo", afirma Valencia Ramírez, un ferviente devoto de la tradición, vinculado hace 17 años a la Junta. Entre tanto, otras áreas del icono religioso como el cabello o las zonas donde el algodón no alcanza a ingresar, son limpiadas con una brocha suave. Para el vestuario de Amo, existen varios juegos de ropas sagradas que son cambiados durante el proceso, encargándosele a Genaro Guerrero, otro miembro de la Junta, el lavado a mano del paño y la capa de la bella imagen que se reemplaza.

Un atuendo que según Domínguez, no tiene problema en ser variado ya que periódicamente reconocidas familias de la ciudad donan capas y paños en señal de amor y veneración para el patrono de Popayán.

Cuidado del metal

El Amo según Valencia, reposa en un trono menor que a su vez se asienta en otro mayor. Estas dos estructuras están elaboradas en plata, a las que se les da brillo con un trapo empolvado con Maizena y en períodos de tiempo más separados, con una crema protectora conocida como 'Poris', "sobre todo cuando el metal tiende a ponerse negro debido a la humedad y al polvo acumulado".

En las potencias, que son una especie de coronas de tres lados hechas en metal que están ubicadas en la cabeza de Jesús, así como su corona de espinas, la limpieza se hace con una brocha. Pero existen las potencias originales del Amo, elaboradas en plata con un baño en oro y con las cuales sale al desfile sacro del primero de mayo, permanecen debidamente custodiadas por seguridad contra los 'amigos de lo ajeno'.

Toda esta labor que regularmente les lleva entre dos y tres horas, mucha veces se extiende un poco más, cuando la imagen del Amo debe bajarse del altar en el que reposa para un proceso de limpieza y mantenimiento más especializado. Dicha tarea según Valencia, debe hacerse con técnica, a fin de evitar que el Amo sufra algún percance en su estructura.

"Entre Alejandro y yo, tomamos al Amo del tórax y lo movemos suavemente siempre con los pies hacia abajo hasta dejarlo en un anda bien firme para evitar que caiga", explica Domínguez, un veterano miembro de la Junta que lleva más de 39 años cumpliendo esta sagrada función. Al final de todo este meticuloso proceso, los dos hombres observan orgullosos el fruto de un trabajo que los ha llenado con mucha paz espiritual y sobre todo los ha acercado mucho más al patrono que sienten siempre muy cerca de ellos.