LOS CUBIERTOS DE ORO DEL GENERAL
Viernes 5 de septiembre, 20008
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Jorge Cajiao Candia nos relata que el Gran General Tomás Cipriano de Mosquera adquirió en Europa una muy costosa vajilla de doce puestos con sendos juegos de cubiertos de oro y para lucirla invitó a comer a doce amigos entre los que estaba un Coronel de buena hoja de servicios, rudo y en cuya pulcritud no confiaba mucho el General.

El día de la elegante comida, el General presidía la mesa desde la cual podía observar a cada uno de sus invitados.  En el momento en que se adelantaba una interesante y animada conversación, el General notó, con disimulo, que el Coronel cogió uno de los tenedores de oro y los guardó en su bolsillo trasero. El General Mosquera tomó la resolución de no dejar descompletar su famoso juego.

Terminada la comida en la mayor animación, el General los invitó a pasear por los jardines de su residencia y tomándole del abrazo al Coronel, le dijo que lo acompañara al comedor para dar una reprimenda a Braulio, encargado del servicio durante la comida.  El General se dirigió al sirviente que estaba recogiendo las vajillas y cubiertos y le dijo: "Usted, Braulio, es descuidado y no cumple mis órdenes; cuente los cubiertos". Asustado el muchacho, contó los cubiertos en presencia del General y el Coronel, y le confesó que hacían falta dos tenedores de oro.

El General le respondió: "Nos pusimos de acuerdo el Coronel y yo para probar el celo de usted, y al efecto yo escondí esta pieza en mi bolsillo (y sacó uno de los tenedores de oro), y aquí está la otra que escondió el Coronel", diciendo lo cual señaló el bolsillo del pantalón del Coronel, quien viéndose perdido no tuvo más que decir: "así es, así es", y entregar al sirviente la famosa pieza de oro que con tanto placer iba a llevarse a su casa.

Cordialmente,