VILLANCICOS: HISTORIA
Domingo 16 de diciembre, 2007
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

El 16 de diciembre se empieza la Novena de Aguinaldos, una costumbre muy desarrollada en Popayán. Las oraciones vienen acompañadas del canto de una serie de villancicos que se han transmitido de generación en generación. Esta hermosa costumbre es añorada muy profundamente, por los payaneses que residen en el extranjero, especialmente en el mes de diciembre. ¿Que payanés no recuerda por estos días la música y letra de: Tuntaina, A la Nanita Nana, Jantón Tirulí, Donde será pastores o el superclásico Noche de Paz?

Egberto Bermúdez Cujar (Bogotá 1954), musicólogo, con estudios en Kings College de la Universidad de Londres y catedrático de la Universidad Nacional de Colombia, ha escrito varios libros sobre música inclusive religiosa, en su articulo para Revista Credencial Historia, nos relata la historia de los villancicos..

De allí hemos tomado los siguientes párrafos relativos a los villancicos:

Al mencionar hoy la palabra villancico, es inevitable evocar inmediatamente la música de las festividades navideñas. Algo similar ocurre en España, en toda América Latina y en las comunidades hispánicas de otros países del mundo.Sin embargo, los villancicos durante el período anterior al siglo XIX no estaban exclusivamente asociados a la Navidad. Desde el siglo XIV la palabra villancico se refiere a una canción o composición poética con música inspirada en los cantos y bailes de los campesinos y labradores, llamados en ese entonces villanos, por ser quienes vivían en las villas y aldeas, en oposición a los más refinados habitantes de los centros urbanos.

El notorio paternalismo español con respecto a la tradición popular, explica el uso de la palabra villancico (con el diminutivo) que ya desde la definición de Sebastián de Covarrubias de 1611, indica que se hacían en «imitación» de las canciones que «suele cantar la gente del campo».

Algunos géneros asociados al villancico, especialmente desde los siglos XVI y XVII, son el romance y la seguidilla. Este tipo de composición en el contexto religioso estuvo sujeto a censura y prohibición por parte de las autoridades eclesiásticas desde los primeros tiempos de la Iglesia católica hasta aproximadamente finales del siglo XV. Dichas prohibiciones mencionan el uso de cantos y bailes que, según algunas tradiciones, se hacían en los atrios y aun dentro de las iglesias.

El proceso de introducción del villancico sería lento y al comienzo las festividades de Navidad Epifanía, Corpus Christi y en menor grado Semana Santa eran las ocasiones privilegiadas para su interpretación. Los villancicos eran la contraparte católica de los sencillos himnos protestantes y fueron usados por el clero contrarreformista, especialmente por los jesuitas, con similar intención proselitista.

Con la llegada al trono de Felipe II en 1556 se consolidó la composición de villancicos religiosos, conocidos también como villanescas o chanzonetas, o lo que fue más común, la composición de textos «a lo divino» para obras profanes, con textos conocidos como «humanos». Los cancioneros de este período, entre los que sobresale la antología conocida como Cancionero de Medinaceli, contienen este tipo de obras; pero la primera colección integral de ellas es la del compositor sevillano Francisco Guerrero (1528--1599), denominada Canciones y villanescas espirituales. En ella predominaban los villancicos para la fiesta de Navidad, pues desde ese momento fue la principal ocasión para su uso.

La colección de manuscritos musicales pertenecientes al Archivo Capitular de la Catedral de Bogotá constituyen, una de las más ricas muestras del villancico de América. El grueso de esta colección está constituido por música compuesta entre 1650 y 1770 y contiene villancicos para Navidad, Corpus, las diferentes fiestas marianas y una amplia lista de santos.

Eran frecuentes también los villancicos compuestos para las profesiones religiosas, especialmente de monjas, al igual que para los festejos de los nacimientos y coronaciones reales.

Uno de los temas más comunes en los villancicos navideños, tanto de España como en América, fue el de la alusión a las características y al tipo de lenguaje de minorías étnicas y grupos marginales.

La celebración de la Navidad en Chapinero, con el traslado de las familias santafereñas, incluía como uno de los aspectos más esperados el canto de los villancicos navideños, que al ser retomados por quienes desde una perspectiva de anticuarios los popularizaron en la cultura urbana, se fueron renovando con repertorio recién llegado de España y de otros países americanos en donde se presentaba el mismo fenómeno.

Este proceso se fortaleció a comienzos de este siglo, especialmente en los años 20 y 3O, cuando dentro del nacionalismo español se llevó a cabo un trabajo de recuperación de las tradiciones culturales campesinas y se las incorporó a la cultura urbana, tradiciones que fueron rápidamente absorbidas por ciertos medios culturales latinoamericanos que abrazaban un nuevo hispanismo de forma entusiasta.

Para este momento, villancico significaba solamente una canción de Navidad, manteniendo en realidad muy poco del estilo producto de su larga historia en España y América, presencia que fue determinante en la formación de la cultura musical española.

Cordialmente,