MARISCAL JORGE ROBLEDO
Lunes 12 de febrero, 2007
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Soledad Acosta de José María Samper (1833-1913) en su libro
"Biografías de hombres ilustres o notables", 1883, nos relata la
muerte del Mariscal Jorge Robledo ordenada por el Conquistador
Sebastián de Belalcázar. Soledad era hija del ilustre General
Joaquín Acosta, sabio eminente, leal soldado, historiador erudito
y muy notable hombre de Estado y Diplomático.

Cordialmente,

***

Biografías
de hombres ilustres o notables,
Relativas á la época del Descubrimiento, Conquista y Colonización
de la parte de América denominada actualmente EE.UU. de Colombia:
Por: Soledad Acosta de Samper
1883, Bogotá, Imprenta de "La luz".



Después de algunos días de grave enfermedad, a consecuencia de las muchas heridas que había recibido en la batalla de Añaquito, Belalcázar regresó a su Gobernación. Al llegar a Popayán tuvo noticia de que su antiguo Teniente Jorge Robledo acababa de regresar de España, donde le habían premiado con el título de Mariscal, y que el Visitador Armendáriz, haciendo uso de un derecho que no poseía, le tenía nombrado Gobernador de las tierras descubiertas y conquistadas en Antioquia; tierras que en realidad pertenecían a la Gobernación de Popayán, según creía Belalcázar; en cuyo nombre se habían hecho aquellas conquistas y fundaciones. Sabedor de que Robledo se había hecho reconocer como Gobernador en Antioquia y otros puntos de aquella provincia, le mandó notificar que desocupase los territorios invadidos y devolviese el oro que había tomado en Anserma, de las cajas reales. Robledo contestó que había sido nombrado Gobernador por el Visitador y no tenía por qué dar cuenta de sus actos á Belalcázar. Se envenenó más  y más el espíritu del Gobernador de Popayán contra Robledo con los recados que iban y venían entre los dos.

En estas disputas verbales se pasaron muchos meses, y promediaba el año de 1546 cuando uno y otro comprendieron que no era posible entrar en arreglos pacíficos, y que era preciso irse a las manos. Pero Robledo apenas había podido reunir y armar pobremente setenta hombres, mientras que Belalcázar se hallaba a la cabeza de ciento cincuenta soldados veteranos, bien pertrechados y que llevaban todas las comodidades posibles, según la costumbre de su General. Además de esto, Robledo llevaba consigo una tropa indisciplinada, y él, por su parte, tenía poca experiencia militar. Belalcázar le sorprendió en un sitio llamado Loma del Pozo y tomándole prisionero, lo llevó a un triste caserío, en donde después se fundó un pueblo llamado de Arma.

Desgraciadamente Belalcázar, además de estar resentido de tiempo atrás de la conducta de Robledo, e indignado de su actual rebeldía, tenía a su lado un mal hombre, llamado Francisco Hernández Girón, que le aconsejó hiciese cortar la cabeza al alzado. Este consejo contrastaba con el de otros oficiales del Gobernador de Popayán, que le suplicaban no hiciera tal, pues ya Robledo estaba vencido y deshecho, y, sin duda, aunque le pusiese en libertad, no podría rehacerse en mucho tiempo; y bien podía Belalcázar, entre tanto, enviar su petición a España para que se aclarase el asunto. Sin embargo, prevalecieron la cólera y la palabra de Girón, y, desdiciendo de su noble y generoso carácter, Belalcázar sentenció a muerte a Robledo, declarándole traidor, usurpador y opresor de la real justicia, y le condenó por bando a que se le diera garrote, en unión de tres de sus oficiales. La sentencia se cumplió el 5 de Octubre de 1546. Belalcázar manchó su memoria con aquella sangre derramada inútilmente, y no pasó mucho tiempo sin que se le castigase por tal acto, que fue más bien de venganza cruel, que de verdadera justicia.