DARÍO NOGUERA MANTILLA
Sábado 29 de diciembre, 2007
De: Mario Pachajoa Burbano.

Darío Noguera Mantilla, es el notable pintor payanés al que se refiere César Samboní
en el articulo que reproducimos hoy.

Cordialmente,

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DARÍO NOGUERA: UN ARTISTA
Popayán, villa marista.
Por César Samboní

Darío Noguera Montilla nació en Popayán (Colombia) en 1951. Realizó los primeros estudios de pintura y dibujo en el Colegio Mayor de Cultura de Popayán, con el profesor Jesús María Espinoza. A los doce años participó en el primer concurso de Dibujo al aire libre. El dibujo fue declarado fuera de concurso. Dos años después alcanzó el primer premio en el mismo evento. Ha cursado estudios de Arquitectura en la Universidad del Valle. Tiene experiencia y estudios de diseño gráfico, además de la pintura. Se ha dedicado a la caricatura, la poesía, la literatura y la docencia artística.

Ha realizado exposiciones individuales en la Casa de Valencia, Popayán; Banco del Estado, Popayán; Cámara de Comercio, Popayán; Club de ejecutivos de Cali. Y colectivas, en el Salón de Exposiciones, Teatro Los Fundadores de Manizales y en la Escuela Nacional de la Caricatura, Bogotá.

El arte es la memoria posible de quienes olvidan la forma perfecta de las palabras. El ser trascendental se descubre y encubre a la vez, en el momento de acceder a la contemplación del verbo hecho imagen. El pintor teje una trama invisible; el observador es atrapado sin remedio por esa alfombra mágica. El arte es un espejo en el cual nos reflejamos sin máscaras; tiene la posibilidad de vestirnos y desnudarnos. Es la fuerza del cosmos la que nos doblega y se estremece ante nuestra mirada inquisidora.

Ciudad lírica es la visión de quien, día a día, ha arrancado sus mejores horas para observar lo que los ojos no ven, para sentir lo que nuestra piel ignora. Es la poesía, la presencia que atraviesa esos instantes, raptados a una ciudad que parece diluirse en las aguas de sus secretos encantos. Estos cuadros, en realidad, son producto de un crimen, porque pensar y producir este arte bajo la inclemencia de una sociedad que se niega a reconocerse y a reconocer al otro, equivale a un crimen. Es la suma trasgresión de lo establecido por un caos disfrazado de orden.

Ciudad lírica es una visión poética de Popayán, la ciudad sin tiempo. La textura y la rigidez de los trazos alucinados del pintor denuncian el extrañamiento por una geometría anclada en la tradición, y es la inminencia de unas transformaciones sin tiempo ni espacio. No obstante, esa otra ciudad, la que nos habita desde la periferia, nos acecha sin tregua, su voz ocre como el rumor de todos los ríos, sus rostros anónimos aparecen y desaparecen en eterno coqueteo con la muerte y la memoria.

La propuesta estética del pintor Darío Noguera es un ejercicio al tiempo estético y espiritual que, alimentado por el hechizo de la poesía, nombra desde un espacio sin tiempo, la contemplación de los rojos atardeceres venidos desde el triste mar pacífico, y se extasía con el blanco resplandor de sus casonas soñadas en la incertidumbre de la colonia. Las formas y volúmenes que yacen sobre estos lienzos son las huellas de quien camina buscando la palabra olvido.

César Samboní.