MARINITA OTERO LENIS
Miércoles 29 de agosto, 2007
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Para quienes tuvimos la dicha de estar tan cerca de una persona ejemplar como lo fue Marinita Otero Lenis, sentimos nostalgia de no tenerla mas entre nosotros; pero al mismo tiempo gozamos porque ella desde el mismo momento de su muerte está disfrutando de la presencia de Dios, a quien tanto amó y dedicó su vida.

Nos deja Marinita tantas enseñanzas y siempre la recordaremos con especial afecto. Fue ella un ejemplo para Popayán, el Cauca y Colombia. Siempre te tendré presente Marinita, fuiste un ángel tutelar, me brindaste todo el cariño como mi madrina de confirmación, como orientadora, como amiga y siempre en cada visita en mis permanentes viajes a Popayán te admiraba por esa paz y tranquilidad que en todo momento demostrabas. Ni el dolor, ni los años pasados en tu cama te hicieron sentir ni conocer el desespero. Sólo las almas nobles y santas como tu pudieron soportar la enfermedad.

Como bien lo dijo Carlos Felipe Castrillón en las honras fúnebres tendremos que recordarla como alguien que dedicó su vida al servicio de los demás, como alguien que propagó su fe. Hoy Marinita te pedimos intercedas ante el Altísimo por todos nosotros y que sigas iluminándonos para seguir acrecentando aún mas esos valores que nos enseñaste. Tu ejemplo nos debe servir para siempre aceptar la voluntad de Dios y seguir a su lado en cualquier circunstancia de la vida.

Gracias Marinita por todo lo que fuiste conmigo y le doy gracias también a mamá quien te pidió fueras mi madrina de confirmación y que con tanto amor y emoción aceptaste. Nunca te olvidaré, así como tu también me dijiste hace dos meses en Popayán cuando me despedí por última vez.: no me olvides.

Como Dama de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén guardaré el retrato que me diste cuando entré a la Orden y me dijiste que querías que guardara esa foto en donde estabas tu al lado de las primeras Damas y Caballeros de la Orden en donde están papá y mamá y que me expresaste tu felicidad por haber entrado a la Orden. Tenemos que seguir tu ejemplo y dedicarnos aún más para propagar la fe y hacer el bien a los semejantes.

Expreso mi cariño y gratitud para todas las personas que hicieron feliz a Marinita y la acompañaron en sus últimos días, como también para sus familiares que estuvieron tan cerca de ella.

Con gran afecto,

Amalia Grueso de Salazar