DANIEL GIL LEMOS
Jueves 1 de febrero, 2007
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Guillermo Alberto González Mosquera
se refiere a
Daniel Gil Lemos, payanés, abogado, político, escritor,
epigramista, vehemente orador, literato.

Cordialmente,

***

DANIEL GIL LEMOS
(1874 - 1924)
Por: Guillermo Alberto González Mosquera


Irreverente, dotado de agudo sentido del humor, cáustico, conocedor a fondo del idioma, Daniel Gil Lemos va más allá de la fama y se convierte en el mayor epigramista del Cauca en este siglo. Sus estrofas mordaces, salpicadas de pólvora, se repiten sin cesar a través de los años, a lomo de la tradición oral, porque publicadas serían petardos que conmoverían la sociedad. Han de pasar años y cambiar circunstancias, antes de que esas estrofas salgan de los baúles familiares y se conozca en todo su contenido ese cúmulo de ingenio, signo de inteligencia que sin embargo puede causar heridas que nadie quisiera en tiempos en los que hay demasiados motivos de enfrentamiento y fricción.

Lemos tenía una sólida formación académica. No terminó sus estudios profesionales que había iniciado en la Facultad de Derecho de la Universidad del Cauca, porque las directivas de la institución no pudieron soportar un discurso rebelde y contestario que pronunció cuando se conmemoraba una fecha más del Descubrimiento de América y el joven orador se enfrentó a la ideología de las directivas de turno. Sobrevino la expulsión que lo condujo a la Universidad Republicana en Bogotá en donde se graduó como abogado, profesión que ejerció en diversas etapas de su vida en el campo del derecho penal.

Tenía sobresalientes calidades como escritor y polemista. En diferentes periódicos y revistas del país trató temas políticos y literarios. El testimonio de su pensamiento y su estilo literario se puede encontrar en publicaciones de la época como "El Grillo", "Floreal", "Savia Nueva", "Relator" y "El Zapador", de Bogotá, Cali y Popayán, ciudades en donde residió en diferentes épocas de su vida. De algunas de dichas publicaciones fue redactor y director.

Pero no es sólo en este campo en donde Lemos sobresale. Su corta vida es intensa en hechos de permanente rebeldía, que revelan un espíritu que habría encajado a la perfección en los tiempos tormentosos de la Revolución Francesa, a la manera de los jacobinos de verbo encendido, dispuestos siempre a la acción temeraria. De Daniel Gil Lemos dice José Ignacio Bustamante en su obra sobre los poetas payaneses que era "tempestuoso como Mirabeau, soberbio como Nietzche, librepensador a la manera de Pompeyo Giner, mordaz como Quevedo y como León Bloy, acre, irónico hasta la blasfemia. Su epigrama era un crisol en ascuas donde todo lo que no fuera oro fino quedaba reducido a polvo".

Se lo considera como uno de los oradores populares más notables en la historia del Cauca. Convocaba al pueblo en la plaza pública y a la manera de otro gran caudillo popular, Jorge Eliécer Gaitán, dejaba caer su palabra sobre la multitud "con la fuerza y el estallido de un aerolito". Siendo Alcalde de Popayán organizó un movimiento popular con milicias armadas para oponerse a la desmembración del Estado por parte de la dictadura de Reyes. Se daba cuenta que este hecho político y administrativo significaría la pérdida de la notable influencia que por largos años había ejercido la ciudad que gobernaba y no vaciló en defender esos privilegios apostándole a una acción intrépida, de la que salió maltrecho, con su armadura abollada, buscando el amparo del gobierno ecuatoriano que dirigía el presidente radical Eloy Alfaro. El mandatario ecuatoriano le prodigó su amistad y le permitió desempeñarse en cargos de tanta significación como el propio Ministerio de Educación. Vivió cuatro años en ese país y siempre coherente con su temperamento, organizó allí un batallón que denominó Libres del Cauca, destinado a afrontar una eventual conflagración armada con el Perú.

Fue una personalidad apasionada y vehemente, dotada de singular talento y encuadrada en una circunstancia histórica que en cierta forma le cortó las alas que desplegaba para volar a alturas mayores. Sin duda estuvo más allá del tiempo que le tocó vivir, dijo acertadamente uno de sus críticos. Daniel Gil Lemos murió a los 49 años en Popayán en 1924. Su hijo Francisco Lemos Arboleda, tendría una importante figuración en la vida del Cauca de los mediados del siglo.