PUENTE CAUCA
Jueves 31 de mayo, 2007
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Jaime Vejarano Varona nos presenta reminiscencias del histórico y
legendario Puente Cauca uno de los monumentos de las épocas
gloriosas de Popayán.

Cordialmente,

***

En defensa de un viejo amigo
Por: Jaime Vejarano Varona.
Mayo 2007
El Liberal


Lo conocí desde hace ya remoto tiempo. Pese a que me llevaba cierta ventaja en años, compartí con él tiempos inolvidables de mi niñez y juventud, así como de la vida misma de nuestro querido Popayán.

En su proximidad, acompañado de nuestra familia y de muchos amigos de aquel entonces, fuimos testigos y protagonistas, él y yo, de una época en que las gentes de nuestra ciudad se daban cita a orillas del río Cauca, en la llamada Vega de Prieto, para solazarse en mañanas festivas y en tardes veraniegas, con la degustación de un delicioso sancocho preparado opíparamente en paseos familiares, tomando un baño en las, por entonces, limpias aguas de nuestro río tutelar, entre la alegría de pasillos y bambucos interpretados por espontáneos guitarristas y la algarabía de amenos juegos de los menores y coloquios inteligentes de los mayores. ¡Ah! tiempos aquellos!, señor don Simón!

¡Cómo no quererlo si nos fueron comunes tantas vivencias y sucesos inolvidables!. Por eso, hoy que lo veo caduco, aunque invencible, vigoroso aunque envejecido, no vacilo en presentarme para prevenir a las gentes de Popayán de lo que le espera a nuestro amigo.

Pero, ustedes me dirán: Y quién es él? ¿Por qué todos debemos preocuparnos por lo que pueda ocurrirle?  Porque también ha sido durante muchos años, amigo de todos ustedes y lo será durante muchos años más, si nos preocupamos por su integridad física.

Y hasta aquí el suspenso sobre de quién les vengo hablando …. Hablo del viejo puente sobre el río Cauca. He aquí su historia:

En tiempos de la Colonia los habitantes de Popayán atravesaban el río Cauca mediante el artificio de un andarivel, o sea sobre cordajes tendidos de orilla a orilla a manera de pasamanos, mientras se apoyaban precariamente sobre piedras espaciadas que la corriente dejaba a descubierto; luego, se construyó una tarabita, es decir un cable grueso metálico, colgante y firme, de la cual pendía una canastilla en que se transportaban personas y hasta algunas bestias sostenidas por sus cinchas.

Estos métodos para vadear el río, eran por supuesto muy precarios y frecuentemente ocurrían desprendimientos y caídas, debiendo ser rescatadas las personas con grandes dificultades

Ello obligó a la idea de construir un puente. de mampostería y de cal y canto. Quién se atrevería a semejante proyecto?. Un lego franciscano, de origen alemán, fra Simón Schenherr, se ofreció para elaborar los planos y los cálculos, en base a sus conocimientos y experiencia. Aprobados los estudios preliminares, se dio comienzo a la obra bajo se propia dirección, en el año de 1767 y se dio al servicio 13 años después, en 1780. Es una estructura de 120 metros de longitud, 25 mts. de luz en su arco central sobre el río y seis arcos laterales de medio punto. Inicialmente su camellón era empedrado; y hacia la mitad del siglo veinte recibió el baño asfáltico que hoy lo cubre. ¡Y asombroso!: Durante casi dos siglos soportó, sin resentirse, la acometida del tráfico pesado y agobiante de enormes camiones, hasta la construcción del llamado Puente de la Eternidad, sobre la vía panamericana.

Pues bien: con más de doscientos veinticinco años de vida y de servicio a la ciudad, sería justo y conveniente hacerle a nuestro antiguo amigo, ese viejo Puente sobre el río Cauca, una detenida inspección técnica y estudiar la posibilidad de concederle, a manera de jubilación, un merecido descanso, suprimiéndole el tránsito de buses, para permitir solamente el de automóviles livianos.

Ahora que estamos llenos de embelecos, como ese de la semipeatonalización, (uf! Qué palabreja!), con la consiguiente desfiguración de nuestro bello Parque de Caldas; y que se nos construyó esa espantOSA loza, en reemplazo del pintoresco, hermoso y tradicional parque de San Francisco; que se nos frustró, con un adefesio de edificio, la posibilidad de nuestra Avenida Pasoancho a lo largo de toda la ciudad, sobre la carrera 11, allá en la Calle de La Alegría ¡qué tristeza! y, en lugar de seguirle haciendo daños como éstos, a la ciudad, no podríamos distraer un poco de tiempo y atraer una buena cantidad de auxilios de la Nación para construir un nuevo puente sobre el río Cauca?

Seamos sensatos y pensemos en lo necesario, en lugar de lo superfluo.