LA CALLE DEL CACHO
Viernes 9 de febrero, 2007
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Horacio Dorado Gómez hace una vívida descripción de La Calle
del Cacho 
de Popayán por las décadas del 40, 50 y 60.

Cordialmente,

***

La calle del cacho
Por Horacio Dorado Gómez
El Liberal, febrero 8, 2007


Popayán fue construida conservando una cuadrícula. Entre sus primeras diez y seis calles y quince transversales, estrechas y rectas, existe una de ellas llamada "La calle del cacho"  "por faltar a esta regla".

Más no por eso deja de hacer parte del patrimonio tradicional de la arquitectura payanesa. Con memoria fotográfica, y para el recuerdo de los lectores, hago este relato. A lo largo de la calle quinta, iniciando en la carrera catorce, se fundó uno de los barrios más típicos en el que vivieron familias sin alcurnia, pero de gran señorío. En la esquina de la carrera catorce había un gran lote cercado de lengua de vaca y borrachero, siendo el primer parqueadero denominado el “Coso de doña Josefina”, porque allí guardaban los caballos y aperos, mientras las gentes iban al centro. Al lado, en una casa techada de zinc, funcionaba el almacén de don Rodolfo López, ‘Balín’ y atendido por el ‘Mocho’ Méndez, desde donde surtían de herraduras y clavos a afamados herreros: los maestros: Ramos y Aranda con su leal perro ‘Dólar’. Enseguida vivía la familia del artista Carlos Elías Cañar, quien con la gubia, el escoplo y el formón, poseía la magia de esculpir la madera. Un poco más arriba, la casa de don Alfonso Rivera padre de ‘Los Riverotas’ (Rafael, Mario, Omar,) fortachones y corpulentos, pues alzaban pesas. También vivía por allí mi profesor Diógenes Illera el papá de ‘Patas’ y el finquero don José Víctor Sánchez y flia. (René, Hugo y Freddy). En esa cuadra funcionaba el almacén Sport de don César Villaquirán, quien con su esposa doña Alba, alquilaban bicicletas, dando solo el nombre. Diagonal estaba ubicado el estanco de licores de don Neftalí Cobo, acompañado de la despampanante Graciela, su esposa. Al frente, en la otra esquina el pequeño bar ‘Los Guaduales’ con rocola sonorizada con monedas de diez centavos. Arriba, antes de la once, la peluquería del Sr. Achinte, rival de profesión del popular ‘Avispa’, pionero del corte de mate, variando con el alquiler de caballejos. En la esquina de la once, quedaba el granero de la gorda Esther que competía con los graneros Popayán y el ‘Centavo menos’ de Clemente González. Otras respetables familias: Las Luna, Solarte, Cosme, Pa­chajoas; Benavides oriundos del Sur y Granobles de Palmira. Era este un característico barrio de Popayán, con gentes solidarias, emprendedoras y de ambiente fiestero. Allí cercaban las calles con guaduas y matas de plátano para organizar la caseta “Cachocumbé” una de las más admiradas en las fiestas de Pubenza de ese entonces.

Civilidad: Recordar es vivir