JUAN MARIA CAICEDO MARTINEZ
Viernes 22 de septiembre, 2006
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Ha fallecido el distinguido payanés Juan Maria Caicedo Marínez. Maria Claudia Mosquera ha escrito en El Liberal la nota que transcribimos a continuación.

Nuestros sentimientos de pesar para la familia Caicedo.

Cordialmente,

***

Juan María Caicedo Martínez
Por: María Claudia Mosquera
El Liberal
Septiembre 22, 2006
 

El domingo cuando me dirigía con Carlos Eduardo a las honras fúnebres de Juan María Caicedo a parte de la natural tristeza por la partida de un ser excepcional sentimos nostalgia por Popayán, nostalgia por el Cauca, Con Juan María desaparecía una generación de hombres emprendedores, de forjadores, de luchadores, de hacedores de progreso.

El, con otros de su tiempo como Bernardo Caicedo, Alejandro González, Adolfo Zambrano, había estado comprometido en todos los procesos económicos de desarrollo del Departamento bien fuera en el agro, en la industria en las letras, no hubo una sola arista de progreso donde Juan María no hubiera tomado parte e inyectado su optimismo y gran capacidad de trabajo.

Participó en la contienda política, y la dignificó pues le imprimió la gallardía y el señorío propio de su estirpe, lo vimos presidiendo el Concejo Municipal de Popayán cuando compartió mesa directiva con Carlos Zambrano Ulloa y con Octavio Jaramillo Mora, cuando ser concejal era motivo de orgullo y a decir del maestro Echandía fue el honor que le quedó faltando después de ocupar la presidencia de la República

Lo vimos en la junta de El Liberal haciendo aportes significativos e importantes de capital a esta empresa quijotesca pues él al igual que Alejandro Galvis Galvis y otros patricios liberales de la época era un convencido de la importancia de tener un periódico para la región y por la región.

Lo vimos comprometido con su familia y con sus amigos, para él la amistad era un pacto sagrado e ineludible que se ejercía en todas las actividades de la vida, lo vimos soportar con valentía y con grandeza los vejámenes de un secuestro que le laceró el cuerpo pero jamás el alma, lo vimos recuperarse de esta experiencia devastadora con las energías propias de un joven, lo vimos superar el dolor de la perdida de los seres queridos con un estoicismo y una valentía sin límites, lo vimos derrotar la enfermedad y asumir su recuperación con optimismo sin dejarse ganar por la desesperanza, lo vimos manejar por las calles de Popayán, lo vimos regalar piropos a las señoras con una elegancia infinita como el que le dijo a Clarita de Galvis el día de mi matrimonio “si yo la hubiera conocido antes Alejandro no sería su esposo”, lo vimos disfrutar las fiestas hasta el amanecer con una vitalidad envidiable y sin el menor asomo de fatiga, lo vimos hacer las declaraciones de renta de toda la familia con una disciplina y una dedicación absoluta, lo vimos celebrar los triunfos de sus amigos y acompañarlos en todas sus derrotas, lo vimos prodigar afecto y dedicación y cuidados a sus sobrinos Maria José, Manuel Enrique, Tomás e Ileana Maria cuando su hermano falleció, lo vimos impartir sabios consejos, hacer negocios de palabra, consultar su libreta de apuntes, lo vimos muchas veces declamar La Canción de la Vida profunda de Porfirio Barba Jacob y no podemos menos que dedicarle una oración y una sonrisa cuando entendemos “que hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres como las leves briznas al viento y al azar ……………………. mas hay un día oh tierra en que levamos anclas para jamás volver!.”