CADALSO ANTE EL SENADO
Miércoles 6 de septiembre, 2006
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Abelardo Forero Benavides escribió un notable artículo sobre la polémica entre Antonio José
Restrepo y el Maestro Guillermo Valencia
que tuvo lugar en el Senado de
Colombia al discutirse el proyecto de pena de muerte. El texto que apareció en la Revista
Credencial Histórica,
lo hemos tomado de la Biblioteca Luís Ángel Arango.

Cordialmente,

***
ANTONIO JOSÉ RESTREPO Y GUILLERMO VALENCIA
El cadalso ante el Senado
Por: Abelardo Forero Benavides
Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 31
Julio de 1992


Se inició el debate, el 26 de agosto de 1925. Desde el primer momento se enfrentaron dos grandes figuras: Antonio José ("Ñito") Restrepo y Guillermo Valencia. Restrepo es el primero que se lanza con toda su destreza verbal, su amplio conocimiento de la historia, su prodigiosa memoria, la riqueza de su lenguaje, su capacidad ofensiva. Había sido, en los comienzos de su carrera juvenil, amigo y admirador de Rafael Núñez, el odiado presidente de la Regeneración. La pasión liberal contra Núñez se hallaba todavía al rojo vivo. Esa admiración iba a ser destacada por Valencia, como una prueba de volubilidad. A su turno, Guillermo Valencia fue partidario encendido de Rafael Reyes, adornado con una aureola dictatorial. Le había escrito un telegrama infortunado, que iba a ser recordado y explotado por Restrepo: "No olvide Su Excelencia que desde los tiempos de Cromwell se alquilan los locales de los parlamentos hostiles".


Foto: autor desconocido
Antonio José Restrepo

El primero en hablar fue Restrepo. "Consigno una observación preliminar. Esta pena de muerte que se resucita ahora al influjo de la elocuencia del número, no caerá sobre las clases que llaman superiores o los individuos de ellas que delincan. Este tenebroso aparato fúnebre del verdugo y sus satélites, se alza contra los hijos del pueblo, precisamente contra aquellos que esta sociedad ha dejado en el abandono de la miseria y de la ignorancia. Ya lo dijo el Libertador Bolívar al firmar una ley penal de su tiempo: 'Pobres de los ladrones pobres'. Otro filósofo de los nuestros agregó más gráficamente aún: 'El código penal es un perro bravo que no muerde sino a los de ruana' ".

Fue grande el éxito del primer discurso de Restrepo. Las multitudes colmaban las barras del Senado. La palabra de Restrepo fascinaba los oídos y alertaba los corazones. Se puso de pie Guillermo Valencia: "Una dificultad viene para mí de las circunstancias del orador mismo. Su frase castiza y gallarda que se desenvuelve fácilmente en giros del mejor corte clásico, su fluencia en el decir, su expresión quevedesca, restauran en sus labios la dicción deleitable del Siglo de Oro de la lengua. En armonía con esta forma literaria, diole la naturaleza al señor Restrepo una figura que parece desprendida de los lienzos de Velásquez o Pantoja. Paréceme haberlo visto ya otra vez en el grupo compungido que baja a su sepulcro al conde de Orgaz en el cuadro de El Greco. Idealmente fantaseamos vestir a nuestro orador con la pluma en la gorra, la gorguera rizada, el ferreruelo de terciopelo cayendo sobre los hombros cuadrados, la bombada ropilla y en el cinto una hoja de labrada empuñadura, ancha contera y firmes gavilanes. Marca dos zonas en la vida política de Colombia, su fauna y su flora. De un lado el cóndor liberal que mira la luz de hito en hito, y en el otro los búhos del oscurantismo, los ciegos topos y los golosos roedores del partido conservador." Y cinco minutos después agregó: "El senador Restrepo no quiso acordarse de que los generales Obando y López promovieron la anexión del Cauca al Ecuador cuando aún existía el Padre de la Patria".

Se inició una polémica histórica, desde los días iniciales, a la entrega de Panamá. Se oyeron terribles párrafos en contra del presidente José Manuel Marroquín. Y de la historia controvertida se pasó a la agresión personal. Guillermo Valencia hizo alusión al matrimonio en blanco de Antonio José Restrepo: la naturaleza ha sido sabia, al negarle la descendencia.

Restrepo contestó: "Con intención perversa vino aquí a citarse una frase villana, infamante, en la que se dice que la naturaleza me ha castigado negándome el derecho a la descendencia. Yo, señor presidente, no busqué mujer rica para atraer la protección de un suegro generoso. Yo busqué mujer para formar un hogar honorable y digno. No soy como las urracas que ponen sus huevos en nidos ajenos. Usted, señor Valencia, usó las palabras de un politicastro, Enrique Olaya Herrera, que pronunció contra mí en la Plaza de Bolívar. Usted, señor Valencia, sacó el debate del terreno abstracto en que yo lo había colocado. La discusión estaba muy alta cuando el señor Valencia la bajó con la frase infame de Olaya. Yo no soy de aquellos muñecos de que nos habla Quevedo, 'que por parecer potentes prohijan un pollino' ". Se desfiguró y encendió el debate. Los gladiadores eran aplaudidos con fervor. No había necesidad de teatro para que se divirtiera la multitud. La pena de muerte quedó atrás.

Los discursos de Antonio José Restrepo crearon una exasperada opinión popular. El Senado conoció sus días gloriosos. Volvió a ser el foro central de la Nación, el transmisor de las consignas básicas, el escenario candente en la lucha de los partidos. Guillermo Valencia asumió una posición difícil. Había sido candidato de la coalición contra Marco Fidel Suárez y todo el partido liberal lo había respaldado con sus votos. Ahora entraba a defender una tesis que podía considerarse como antiliberal.

Restrepo lo estrujaba en sus discursos, con algunos párrafos excesivos y deletéreos. "No hay personaje histórico en la humanidad con quien comparar al señor Valencia, que es lo que se llama un monstruo." Valencia replicó ante esta exageración oratoria: "Recuerdo que al decir esta frase hubo dos movimientos en las barras: uno de guasa y otro de sorpresa. Algunos jóvenes desde las barras alargaron las cabezas para mirar el extraño brontosaurio moral de treinta metros de largo, cabeza de caballo, cola de dragón, alas de murciélago y patas de rampante. Si un monomaniático impulsivo me lanza al rostro el Diccionario, no me inclino a recogerlo para contestar las voces insultantes que contiene aquel libro, acudo al árnica para aliviar el golpe. En el mundo del espíritu ocurre cosa semejante, a tales golpes, remedio semejante. Bálsamo católico, si se tiene a la mano, y si no, el desdén..."

Alguien leyó unos versos de Valencia, incluidos en "Anarkos":

Pini, Vaillant, Caserío y Angiolillo,
vuestro valor ante la muerte espanta.
Negros emperadores del cuchillo
que rendís la garganta, como débil
mendrugo, a las ávidas fauces del verdugo.
De duques y barones
no circundó plegada muselina
vuestros cuellos. Allí donde culmina
el dorado listón de los toisones
os dio la guillotina
su mordisco glacial, vendimiadora
que la tez y las almas descolora.

Pasadas unas semanas se promovió una reconciliación de los dos personajes. Guillermo Valencia aceptó cordialmente: "Yo he dicho siempre que Restrepo es un hombre que parece desprendido de un cuadro de El Greco, le he profesado admiración." Al ser consultado Antonio José Restrepo, contestó picante y agresivo: "Nada...Nada... Ese hombre me ofendió el espermatozoide!"