PROCESIONES DE SEMANA SANTA PAYANESAS.
De:    Mario Pachajoa Burbano
Marzo 19, 2015
 mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja


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LAS PROCESIONES DE LA SEMANA SANTA DE POPAYÁN HAN CRECIDO
Y EVOLUCIONADO DE LA MANO CON LA HISTORIA MISMA DE LA CIUDAD

Por: Felipe Velasco Melo 
Presidente
Junta Permanente Pro Semana Santa. 
Publicado por Proyección del Cauca..
Popayán. Marzo 18 de Marzo, 2015 Nro.  393

Existe abundante y serio material documental que da cuenta de la existencia de procesiones en Popayán desde al menos 1556, esto es, que ni siquiera a 20 años de la fundación de la ciudad ya por sus incipientes calles discurría el lento y proverbial desfile procesional, hecho que nos llevó a celebrar en la Semana Santa de 2006 los 450 años de las magnas procesiones, las que durante por todo ese tiempo no han logrado cosa diferente a la consolidación; pues ni las catástrofes naturales mencionadas, ni las múltiples confrontaciones bélicas que forjó la independencia de España, ni las muchas guerras civiles que vertieron el surgimiento de nuestra actual república, han logrado que las Procesiones se inmuten al continuo discurrir de los años, no en vano han logrado dentro de los muchos y bellos calificativos que se le asignan y por supuesto merecen, uno que nos llena de especial orgullo y es que la procesiones de Popayán llevan una historia de 459 años de forma “ininterrumpida”.

Ahora bien, es claro que las procesiones de Semana Santa de Popayán configuran una de las mas preciadas herencias de raigambre española y si bien, muchos de Ustedes al tener una idea u observar una lámina encuentran profundas diferencias que, de hecho las hay, no hay manera alguna de apostatar su origen, que no es otra que la fe y la creencia en Jesucristo nuestro señor de aquellos conquistadores y colonos que a principios del Siglo XVI se asentaron en las tierras del Cacique Pubén.

 La historia nos enseña que en las primeras épocas los desfiles procesionales nacieron como manifestación de la fe católica representada por los habitantes españoles de la época, que en andas de cuatro barrotes fijaron los maderos en forma de cruz y los trasladaron por los caminos de la naciente ciudad a manera de penitencia, seguidos de no pocas personas que tratando de revivir y sentir el dolor de Cristo se flagelaban a si mismos con cuerdas nudosas y pesadas cruces.

El universo conspira y como quiera que la eventual y espontánea manifestación de la fe cristiana se enraizó en los habitantes de la bella villa, los años siguientes sirvieron para que la expresión religiosa fuera implementando significativos elementos, tales como imá- genes de Cristo Yacente y su dolorida madre María.

Hacia los Siglos XVII y XVIII la “fiebre” semanasantera conlleva a un engalanamiento de las Procesiones y las imágenes que representan únicamente a Cristo y a María la Virgen no son suficientes, por lo que son contratados diversos escultores que enriquecen la imaginería con tallas de personajes importantes y partícipes en la pasión y muerte de cristo, creando y organizando de esa manera los Pasos de Misterio, a través de los cuales se patentiza una verdadera historia visual del periplo vivenciado por Jesús los últimos días de su existencia. Sin lugar a dudas, además de encerrar el sentido catequizador de las procesiones, su marco fluye dentro del concepto cultural y tradicional, aparejado de su ya mencionado sentido religioso.

El Siglo XX produce un cambio definitivo y singular en el temario procesional, y las inquietudes provenientes de problemas de seguridad o enfrentamientos militares, pasan a un plano diferente. De manera global podemos enmarcar el apremio a un sutil enfrentamiento con los jerarcas religiosos de la ciudad, con lo que se empiezan a generar disputas según el parecer sobre el funcionamiento de las cosas o su desacuerdo con las mismas, lo que obliga a que en 1937 un grupo secular integrado por muy connotados semana santeros –entre hombres y mujeres-, conforman la Junta Permanente Pro Semana Santa, encargada de velar por la preservación de las imágenes y paramentos y la conservación de las procesiones.

Desde el punto de vista administrativo podemos afirmar que las cosas cambiaron, toda vez que, si bien es cierto, la mayoría de las imágenes permanecieron y permanecen en las iglesias dedicadas al culto y son los curas párrocos de cada una de ellas los encargados de su cuido, incluso de la designación de los síndicos de los pasos; en lo referente a las procesiones, entendidas como elemento fundamental de la tradición, salieron de sus potestades y desde entonces se unificó en un solo órgano el mantenimiento, protección, divulgación y regencia en general, cosa que contribuyó a ampliar su identidad en todo el entorno y los habitantes de la ciudad; es decir, las procesiones son de, por y con Popayán, para el resto de Colombia y ahora, del mundo.

En el Siglo XX también es importante el incremento de preciosas imágenes y pasos que acrecientan los desfiles procesionales, recreando de una mejor manera la historia visual de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, identificando determinadas imágines con una iglesia específica, dentro tal,  a manera de ejemplo aque si la imágen del Santo Cristo muerto desfila como paso en las cuatro procesiones penitenciales de martes santo a viernes santo, cada iglesia tiene su propio Santo Cristo muerto, con su propia creación, historia e incluso devoción ciudadana, pero sin que a la hora de su valoración se pueda decir que uno es mejor que otro, sin que primen por su puesto los sentimientos y afectos de las personas, siempre muy subjetivos; lo mismo ocurre con pasos como los Huertos, el Prendimiento, las Marías, etc.

Así mismo, también se han introducido imá- genes y pasos nuevos que han sido fruto de un impresionante sentido de la estética, como son aquellos de corte alegórico, tales como el Señor del Perdón, La Muerte y el Descendimiento, entre otros, constituyendo un patrimonio iconográfico sin igual.

Importante resulta resaltar la contribución de importantes escultores contemporáneos, tales como la Familia de los Reyes, provenientes del vecino país Ecuador pero asentados en Popayán, el español José Lamiel que voló hasta latitudes americanas y replicó la imagen del Amo Eccehomo que actualmente desfila en las procesiones, también lo hizo con el Cristo de la Expiración, réplica de “El Cachorro” de Sevilla, en épocas en que el presidente Guillermo León Valencia –oriundo de Popayán- era embajador de Colombia en España y talló con manos mágicas y exquisita sapiencia la hermosa imagen de Jesús Muerto en el féretro del Santo Sepulcro; no podemos dejar de mencionar al Ecuatoriano Alcides Montesdeoca, asentado en la tradicional población de San Antonio de Ibarra y considerado dentro del Top 10 de escultores en el mundo, el cual en los últimos 20 años ha contribuido con su arte a implementar el patrimonio cultural e iconográfico de las procesiones de la ciudad, en este orden de ideas no podemos dejar de mencionar la imagen de Jesús Resucitado, la Virgen de la Pascua, El Descendimiento, el Traslado y por último El Encuentro de Jesús con las Mujeres en la Calle de la Amargura.


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