LOS ABUELITOS DE SAN VICENTE DE PAÚL.
De: Mario Pachajoa Burbano
16 de abril,2015
 mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja


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  ASILO SAN VICENTE
Por: Rodrigo Valencia Q
rvq12@hotmail.com
16 de Abril, 2015
Popayán, Cauca


Una casa donde los ancianitos (quizá no todos con la pudiente y generosa sonrisa bonachona del santo Vicente de Paúl), liderada en Popayán desde hace 75 años por gentes de buen corazón y sentimientos cristianos, amenaza cierre por falta de fondos para su sostenimiento.

 ¿Será que la "tercera edad", sobre todo la de ciertos seres que requieren de la mirada y ayuda de los demás, es un valor despreciable que merece el olvido, la indiferencia de una sociedad que se precia de católica, cristiana, más aún, con tradiciones religiosas celebradas con pompa y total despligue espectacular? 

Creo que el más digno espectáculo de consideración es la vida; no necesita presentación ni aspavientos ni fachada más allá de lo natural. Alguien viene a la vida y se alegra toda la comunidad que la acompaña. La vida tiene el poder del asombro: tanto en la mirada del niño como en la del joven o el adulto, y más en ese brillo de los ojos de un ser que la finitud va acercando a su final.

En esos ojos del anciano no se ha marchitado el fuego de la vida; por el contrario, ellos a veces revelan qué sabiduría, qué ternura, qué brillo que nos hace pensar, qué bondad escondida, qué sabiduría no siempre reconocida por el entorno donde les tocó vivir.

Vida, dime dónde está más el poder de la tristeza que en un ser anciano y desprotegido, en una persona marginada por la edad, maltratada muchas veces por un destino al que no hemos alargado, cuando pudimos, la mano con bondad?

 ¿Sentimentalismo inútil, demanda exagerada, exigencia que no vale la pena, obligación que no concierne a este tiempo ni a la sociedad ni a la ciudad con todos sus estamentos, ni a sus gobernantes, ni a sus ciudadanos en totalidad, ya sean laicos o religiosos, y ni siquiera concierne tampoco al deber y fervor con la dignidad humana?

Amigos, amigas, da pena y vergüenza esta situación.

 Los abuelitos del Asilo San Vicente de Paúl necesitan nuestra solidaridad. Tal vez ya no nos asombra nada en este mundo; menos aún la tristeza del abandonado, la pena que un ser frágil por la edad muestra en su faz. Es como ver apagarse un sol; es como un lloro silencioso, como oír una canción desesperada, un caminar cojo en completa soledad.

Me pregunto si ese alguien que dijo que hay que amar al prójimo, y que hay que hacer misericordia, y que debemos ser el buen samaritano, no debe también ser mirado y atendido en cada uno de esos rostros que están a punto de completar la historia de su vida. Tal vez, por eso, este Santo de los Santos diga una vez más: "Este pueblo me adora de labios para fuera".

 Porque la dignidad y nobleza del corazón no se despliegan en la fachada exterior de la persona, sino en la solidaridad benevolente y amorosa de las almas que se ven como en un espejo en los demás. Y entonces, tal vez, la sonrisa de San Vicente de Paúl en Popayán no será tan sólo una imagen sino una realidad.

RVQ

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