APOYOS Y EDITORES A UN ESCRITOR
De:  Mario Pachajoa Burbano
4 de  febrero, 2015
 mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja

Amigos:

Marco Antonio Valencia Calle, en el articulo "Sembradores de Fe" que reproducimos de  Proclama del Cauca, relata los oportunos apoyos y editores que han tenido parte de sus obras.

Cordialmente,

***

SEMBRADORES DE FE
Por: Marco Antonio Valencia Calle
Proclama del Cauca
4 de febrero, 2015

Con la osadía de un joven de grado décimo me presenté donde el rector de mi colegio a pedirle que me ayudara a publicar un libro. En principio le dio risa, pero tuvo la paciencia de preguntar “cómo es la cosa”, y cuando se dio cuenta que el flaco encorvado, chato y cara de piña que tenía enfrente le hablaba en serio, suspiró, se rascó las barbas y dijo: “bueno, hagámosle”. ¿Qué hizo que Jairo me creyera y estuviera dispuesto a ayudarme? No lo sé, nunca hablamos de ello.

 Lo cierto es que seis meses después vi publicado ‘LETRAS AL VIENTO’, editado por el Colegio INEM de Popayán. Y fue así como Jairo Narváez Cardona se convirtió, sin proponérselo, en mi primer editor. Recuerdo que en el evento público para presentar el libro, dijo que había que tener fe en la juventud. Tal vez, si Jairo no me hubiera ayudado en ese momento, yo no habría insistido en escribir, en seguir buscando. Pero confió, creyó, me dio la mano, y eso fue suficiente para que yo dedicara el resto de mi existencia a seguir escribiendo. Gracias Jairo, Dios te bendiga por siempre.

 En la universidad, una profesora asidua a los recitales de poesía que realizaba con mis colegas “de la generación post terremoto” era Margarita de Vergara. En dos ocasiones me preguntó dónde podía comprar el libro de mis poemas o si le podría vender un ejemplar para compartirlo con sus hijos, y yo le regalaba hojitas fotocopiadas. A la tercera ocasión, en un recital en el auditorio de la Facultad de Medicina, Margarita volvió a preguntar: Bueno, ¿Y usted porqué es que no publica un libro? Es caro, le dije. Cuánto vale, preguntó. No sé. Pues entonces vamos a preguntar, y nos fuimos en su carro a Gráficas del Cauca, donde Margarita sin más firmó un cheque por 500 mil pesos para imprimir 500 ejemplares de mi primer libro de poesía. Yo estaba mudo, el corazón al vuelo de campanas, asustado. El impresor me dio dos días para llevarle el libro y sostener el precio. Y la verdad, yo no tenía un libro de poemas listo. Me fui para la casa y pasados dos días de claro en claro me presenté con ‘LOS VERSOS DE LA IGUANA’, que a la fecha ha tenido 3 ediciones (financiado por mecenas) y con el cual he realizado más 300 recitales. ¿Qué hizo que Margarita confiara en mí, y que pagara, sin más, sin conocerme, la edición de ese bello libro de poemas?

En dos semana vendí casi todos los libros y me presenté en el hogar de Margarita con los 500 mil pesos para devolverle su inversión que desde el principio consideré un préstamo. Para darle un abrazo y decirle gracias, gracias por confiar, gracias por darme la mano, gracias por creer, gracias por tanta, por tanta generosidad. Gracias por sembrar fe en mi corazón. Pero como si lo que había hecho fuera poco me regaló una frase muy linda “en el mundo es mejor tener amigos que dinero”. De allí, que yo haya apoyado la publicación a muchos poetas en el inicio de sus carreras.

 Hace dos años recibí una extraña llamada desde Bogotá que duró casi dos horas. Se trataba del periodista Héctor Riveros, del Instituto de Pensamiento Liberal, pidiéndome que volviera a escribir para el periódico El Nuevo Liberal y de alguna manera me indicó que el camino era escribir sobre asuntos de la Ciudad Blanca. El resultado de su invitación es el libro ‘LEYENDAS EXTRAORDINARIAS DE POPAYÁN’.

A Riveros nunca lo he visto, nunca más volvió a llamarme, pero me dedicó dos horas de su vida para decirme “escriba hombre, escriba”. ¿Qué hizo que un hombre que no me conoce me concediera un poco de su fe y motivara a escribir una columna de prensa semanal? No sé, pero va mi agradecimiento. Sus palabras iluminaron mi vida en un momento complejo.

De niño mi madre, además de enseñarme a ser agradecido, me habló de los “ángeles” que pone Dios en nuestro camino para darnos mensajes, para auxiliarnos en momentos inesperados, para hacernos vivir experiencias extraordinarias.

Investigar un tema, escribir un libro, editarlo, publicarlo y luego salir a la calle a venderlo es un asunto de emociones y adrenalina. Pero, para tener un libro en las manos, es necesario un batallón de ángeles dispuestos a ser cómplices de una empresa tan grande y compleja.

 Gracias a todos los que me han apoyado y ayudado en este hermoso momento de mi vida. Pero sobre todo, gracias, muchas gracias a todos y cada uno de los lectores y sus bellos mensajes en las redes sociales que me permiten decirle hoy a Jairo, a Margarita, a Manuel Saa, y a muchos otros amigos y padrinos: gracias por sembrar fe en mi corazón.

Noticia publicada por ProclamaDelCauca.com: SEMBRADORES DE FE.

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