RED PAYANESA
Articulo de El Nuevo Liberal

 
Una celebración con mucha nostalgia
10:00 pm 12-enero
Este martes 13 de enero, la Ciudad Blanca cumple 478 años de existencia.


No resulta nada fácil ver como aquel hermoso y pintoresco pueblo que habitaron se ha ido “transformando” poco a poco y muy lentamente en una capital que dentro de 22 años cumplirá su medio siglo de existencia, pero que a pesar de ello aún se rebela a dejar su atmósfera de pueblo colonial.
Hoy, en su cumpleaños número 478, quisimos conocer un poco la mirada de aquellos que por su labor han sido testigos fieles de los cambios que ha tenido la capital caucana en los últimos años. Y qué mejor que los fotógrafos Luis H. Ledezma y Dairo Ortega, quienes con sus cámaras han captado miles y miles de aquellas transformaciones que hoy le dan otro aspecto a la ciudad que por allá en el año de 1537 fundase el español Sebastián de Belalcázar.
Igualmente dialogamos con el señor Carlos ‘Cate’ Campo, uno de los periodistas más experimentados de la región y quien además, en innumerables ocasiones ha demostrado que es un patojo de pura cepa dispuesto a dar su vida por esta ciudad si fuese necesario.

Un halo de nostalgia

El primer sentimiento que descubrimos en estos tres personajes al abordarlos por la efemérides, fue el de la nostalgia. Para ellos, al igual que para muchos, “Todo pasado fue mejor”. En sus mentes aún se conservan intactas aquellas imágenes de la pequeña villa donde todos sus habitantes eran además de vecinos, grandes conocidos y se vivía en familia con mucha hermandad y solidaridad.
Hoy en día Popayán es una ciudad habitada por muchas personas provenientes de distintos puntos del país y por eso no es difícil toparse con un nariñense, un paisa, un cachaco, un llanero o hasta un costeño. “Antes era muy fácil salir al centro y encontrarse con el vecino o el amigo ahora encontrarlo es lo difícil”, acotó brevemente el maestro Campo con cierto dejo de tristeza en su mirada.
Para el colega la ciudad ha tenido algunos pequeños cambios en su fisonomía pero no han sido tan trascendentales; “Popayán ha encontrado en algunos de sus gobiernos un cierto interés por progresar pero infortunadamente se han encontrado con dos problemas, el de la paz y el de las obras locales que ha impedido que se avance al ritmo que exige el país. La “transformación” es algo que se ha dado muy tímidamente y por ello es casi que imperceptible”, apunto Campo.
El fotógrafo Luis H. Ledezma también se mostró nostálgico en sus apreciaciones. “Popayán, a la que adoro, era una ciudad chiquita muy bonita y colonial; pero el terremoto de 1983 nos cambió en un 50 por ciento. Hoy en día se ven casas derruidas que no fueron reconstruidas en el centro y no hay ley que ordene y que se convirtieron en parqueaderos. Hay muchos lotes de parqueaderos en el centro y eso afea a la ciudad”.

La cicatriz del terremoto

Han transcurrido ya más de 30 años del último terremoto que se ensañó con la ciudad y aún el recuerdo de esos 18 segundos de dolor y tragedia no desaparecen de las mentes de muchos payaneses que sufrieron en carne propia adversidad. Es algo que solo la muerte podrá borrar de sus pensamientos pues como ellos mismo lo afirman: “esa fue una desgracia que para bien o para mal cambio el rumbo de Popayán”.
“El terremoto de 1983 nos hizo un daño enorme, porque además de que destruyó una ciudad muy bonita y encantadora, trajo consigo mucha gente de diversas partes del país que se hicieron pasar por damnificados y que llegaron a irrumpir con sus tradiciones a una cultura que era tranquila y acogedora. Y con la reconstrucción se perdió mucho de la arquitectura colonial que tanta belleza y renombre le dio a la ciudad”, apuntó Ledezma.
Pero además del componente netamente arquitectónico y cultural, los entrevistados también coincidieron en que lo que más añoraban de la antigua Popayán era su gente. “Ahora Popayán está compuesta por gente foránea, el popayanejo raizal desapareció. Muchos de los patojos ya han muerto y otros han emigrado al exterior u otras ciudades del país y los que no abandonaron a este pueblito se han ido para el norte. En estos tiempos uno es prácticamente un desconocido”.
Dairo Ortega también opina igual, “Popayán se extendió y creció pero no progresó; con el terremoto llegó gente que se aprovechó de las ayudas que otorgó el gobierno y con ello llegaron a la ciudad muchos vicios y males como la delincuencia y el desempleo, porque aquí se aumentó el número de habitantes pero la ciudad no tiene en que mantenerlos ocupados”.
El reportero gráfico también evocó aquellas tarde tranquilas en que pasear por los alrededores y el centro de la ciudad era algo muy acogedor sin las preocupaciones de ahora. “Infortunadamente la gente patoja que tiene dinero prefiere invertir en otras ciudades en vez de aportarle a Popayán; los adinerados han convertido a esta capital en una finca en donde solo vienen a pasar aquí sus vacaciones de temporada y nada más”.

Programación
10:00 a.m.
Eucaristía en la catedral basílica de Nuestra Señora de la Asunción de Popayán.
11:30 a.m.
Parada militar en el Parque Caldas
7:00 p.m.
Serenata por Radio Súper Popayán
8:00 p.m.
Juegos pirotécnicos en el morro ofrecido por la Compañía Energética de Occidente.