POPAYÁN SIGLO XX
RELATO DE MI ABUELA
De:  Mario Pachajoa Burbano
14 de abril,2015
 mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja

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DE POPAYÁN UN RELATO
DE MI ABUELA HACE RATO. Parte III
Por: Jr.
La Nigua.
Popayán, Colombia
Marzo 14, 2015



    Era un viernes cualquiera en la ciudad de Popayán, toco la puerta de mi casa materna  siendo recibido con una  gran sonrisa por parte de mi madre, hola hijo ¿ cómo estás ? fueron sus palabras, inmediatamente ingreso a la vivienda percibiendo un delicioso aroma que provenía de la cocina, pregunto “madre que huele tan rico?” y ella me responde con toda su alegría, es sopa de lo que te gusta hijo, ¡sopita de tortilla!, me desplazo hacia la mecedora en donde solía sentarse mi abuelita Ines, cierro mis ojos y empiezo a recordar….perdiéndome en esa película que contaba  como propia.

En el Popayán de los años 30s y 40s era muy común  que se trabajara en microempresas familiares  dedicadas a la  elaboración de  alimentos derivados del maíz,  con el afrecho se hacían pambazos,  también se hacía pan y tortillas y con el residuo en la elaboración de estas últimas se creó la famosa “carantanta” , de esta manera   las matronas crean  uno de los platos típicos de Popayán, la afamada  sopa de tortilla.

La gastronomía Patoja tiene como gran figura relevante al “pipian” en cuya elaboración se utiliza  la papa colorada, posteriormente se le incorpora el maní y debido a su aceptación las cocineras crean las famosas empanadas de pipian, convirtiéndola  en nuestra insignia culinaria y por la que somos identificados todos los Popayanejos, además de nuestra Torre del reloj, de nuestro Puente el Humilladero, por ser cuna de muchos presidentes, por ser la ciudad universitaria y debido a tener las paredes pintadas por cal el apelativo de la ciudad Blanca de Colombia, si observamos bien ¿quién pensaría que por unas empanadas fuéramos tan famosos y reconocidos, eso es lo lindo de ser Payanes!?

Pasando a otro tema, mi abuela comentaba que la arquitectura de Popayán  se fue modificando paulatinamente, se  pasó de no tener cerradura o chapa a la seguridad de tener una llave, razón por la que las ventanas se hicieron más grandes y con un sitio en donde sentarse cómodamente para mirar pasar la gente en la calle, los patios o “solares” se utilizaron para siembra de huerta, árboles frutales y para tener aves de corral, de otro lado teniendo  energía eléctrica algunas personas se negaban a utilizarla ya sea por lo costoso del servicio  o por simple apego a sus tradiciones cocinando en fogón de leña.

Una de los inventos que influyó en la transformación de Popayán fue la llegada del “tren”, mi abuela decía que gracias a él se comenzó a dinamizar  el comercio, también el transporte de pasajeros hacía que la calidad de vida mejorara siendo muy recordada la estación de tren del Barrio Bolivar, además, empiezan a llegar cartas provenientes de todo el  país de manera más rápida y se crean nuevas fuentes de empleo, ya los carteros se emplean con regularidad , recordemos que  anteriormente las cartas se enviaban  a caballo y tardaban en llegar semanas o a veces meses.

Alguna vez paseando con mi abuelita pasamos por la salida al Huila, inmediatamente  señaló un sitio llamado el “Arenal” en donde en tiempo de verano los patojos salían de paseo y a colectar guayabas pues existían más de 200 árboles de esta fruta, así nació la industria artesanal  de la panela de guayaba y sus derivados en Popayán.

Por el año 1925 llegan los primeros carros a la Ciudad Blanca y  no a todos los  payaneses  les fue bien  con este invento, los autos se dañaban constantemente y para la fecha no había mecánicos calificados, algunos vehículos eran casi desechables.

Siguiendo con los transportes mi abuela me contó que el evento  más novedoso que  pudo ver fue la llegada del primer avión a Popayán,  esto sucedió en una pista improvisada en lo que actualmente es “Tulcan” y los curiosos se apostaron en inmediaciones del “Morro” ya que nadie se quería perder de este evento, lo cómico de esto era que al pasar cerca a las cabezas de las personas instaladas en el Morro se escuchaban gritos  y algunos  se tiraban despavoridos al suelo pues creían que este pájaro gigante podía golpear sus cabezas…mi abuelita sonreía…fue muy chistoso comentaba…

Ya con la llegada del tren y el avión la gente no cocinaba con manteca de cerdo si no con aceite importado del Japón y se pasó de utilizar jabón de la tierra elaborado con ceniza  a jabón “Reuter” o Palmolive con su delicioso aroma que servía para bañarse y para lavar ropa.
 
De las cosas heredadas por mi abuela nunca podré olvidar algunas que aunque parezcan muy raras y poco convincentes  “funcionan”  , así les de mucha risa al leer lo siguiente,… que abuela no le dijo a alguno de sus nietos que lo mejor para un “orzuelo” es colocarse una tririta o pedazo de lana roja en el dedo pulgar del mismo lado en el que el ojo esta hinchado? Es increíble pero funciona, cero orzuelo, se deshincha de una, pero la tira debe ser roja ya que de otro color no sirve.. no sé que tiene que ver ni el color, ni la tira,  pero si funciona y que tal  la de aplicarse saliva en ayunas para quitarse lunares indeseables, verrugas, manchas de la piel, cicatrices y patas de gallina. Las abuelas de ese entonces funcionaban como expertas dermatólogas y esa recomendación  con el tiempo, mucha saliva y mucha fe si funcionaba.

El cementerio de Popayán no tenía bóvedas, todo cuerpo era sepultado bajo tierra, las primeras personas enterradas con gran relevancia fueron los 17  estudiantes del Liceo Universidad del Cauca  que trágicamente fallecieron  al hacer erupción  el volcán puracé el 26 de mayo de 1949.

 Y si hablamos de fallecidos  ilustres no se puede dejar de nombrar a uno que entregó su vida por los leprosos en la ciudad Blanca, Don Toribio Maya.  Este apóstol de los pobres y enfermos  vivió a un costado de la Iglesia la Ermita en una humilde casa junto a  su familia, Don Toribio fue  un hombre sencillo, honesto, muy religioso y caritativo, destacándose por su entrega con las personas enfermas y necesitadas  que visitaba diariamente con el fin de ver el estado en que se encontraban, de llevarles esperanza con sus oraciones y de manera continua alimentos ya preparados, haciendo más llevadera su enfermedad, más aun a los leprosos los cuales fueron ubicados abajo del cementerio central.

 Don Toribio curaba con Oración y  plantas,  nunca cobró ni un centavo por su servicio solo lo que el paciente pudiera dar, plátanos, maíz, yuca, papa, pichones de palomo los  convertía en alimento para el leproso. Mi abuelita contaba que nunca olvidaría el día en el que falleció don Toribio Maya en 1930 , todo Popayán lo lloró, enfermos y sanos se reunieron en las calles de Popayán al costado de la vía para despedirlo mientras su féretro era llevado a su última morada, lo más bello que sucedió aquel triste día fue que al momento de ser sepultado, todos los asistentes vieron a una bandada de garzas  blancas volando en formación sobre el cementerio y con sus graznidos semejaban el dolor reinante de una sociedad que solo hasta en sus últimos días valoró a este ilustre personaje.

Hoy escribo este relato con gran dolor y profunda recordación, este mes de marzo cumpliría cien años mi abuelita Inés, la  recuerdo con su sonrisa y su manera crítica de ver la vida, su ejemplo de crianza para mi señora madre no se puede cuantificar, a mi abuela en su centenario le agradezco el haberme dado la vida de alguna forma, ya que sin mi madre yo no hubiese existido, a aquella abuela que hacia las tortillas de maíz para vivir todo mi amor, a aquella  que no le temía a nadie  mi agradecimiento, a aquella que recogía escoba de monte para barrer su casa, su ejemplo  de humildad y para aquella que nos dio el privilegio de compartir su vida a nuestro lado mi recordación de nieto amante de su legado, gracias abuelita por haberme dado  felicidad, Feliz Cumpleaños!!.  

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