¡POPAYÁN, UNA MIRADITA!
De:  Mario Pachajoa Burbano
Marzo 19, 2015
 mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja

***

¡POPAYÁN, UNA MIRADITA!
Por: Guido E. Enríquez Ruiz
de la Asociación Caucana de Escritores
Publicado por Proyección del Cauca..
Popayán. Marzo 18 de Marzo, 2015 Nro.  393

No sabemos cuándo se fundó Popayán, si es que alguna vez se fundó, pues el cronista y gran versificador Juan de Castellanos (1522-1607), español y cura de Tunja, cuenta en algunos de sus 113.609 versos de las “Elegías de Varones Ilustres de Indias” que la hoy capital de Cauca ya existía cuando hasta aquí llegaron los invasores españoles que dijeron haberla fundado. Cronistas e historiadores difieren en la fecha en que se hizo la toma oficial de Popayán con ceremonia que se ha dado en llamar “fundación” para significar la apropiación en nombre de un extraño monarca y de una extraña religión.

Aquí se celebraba antes el 15 de agosto la pretendida fundación porque parece la fecha más acertada según las características históricas del acontecimiento; pero desde hace algunos años se ha pasado la efemérides al 13 de enero por empeño de algún historiador influyente.

 La atribución más verosímil debe situar al espa- ñol Juan de Ampudia como “fundador” en nombre de la ocupación española, pero Sebastián de Belalcázar, según el mismo Castellanos, andaba muy acucioso en atribuírse ésta y otras fundaciones a fin de que el monarca español, con el título de Adelantado le diese nada menos que la gobernación de Popayán, negocio fabuloso sobre un territorio que iba de Antioquia al Ecuador y del Pacífico al Brasil y por el cual se asesinó a multitud de indios y aún a españoles como a Jorge Robledo.

 Para satisfacer la avaricia de aventureros y clérigos las cosas fueron cambiando y, al poco tiempo, ya la nueva modalidad tenía gobernador, alcaldes, encomenderos, escudo, obispo y, de todos modos, nuevos dueños. Popayán se volvió una ciudad española con feudalismo y todo.

 A fines de la Colonia tuvo una época de prosperidad económica, merced a la minería y a las haciendas principalmente, lo cual le permitió tomar aspecto de ciudad verdadera; pero vino la época de la lucha por la Independencia política y entonces fue saqueada por realistas y patriotas muchas veces lo cual hizo decir a Simón Bolívar: “Esta provincia ha hecho sacrificios inmensos y ya no puede hacer más.

 Esta misma ciudad se ha aprestado a todo, y así va el ejército perfectamente equipado, sin que le falte nada sino dinero. Yo creo que el gobierno debe dar un decreto a favor de esta Provincia de Popayán para que proponga ella misma las indemnizaciones que crea conveniente por los inmensos sacrificios que ha hecho durante toda esta guerra”.

Ser capital de un gran territorio, también en la República, le permitió, a pesar de todo, mantener cierto auge de prosperidad y sostener algunos notables aspectos culturales como el periodismo y la influencia política; pero vino, de 1904 a 1910, la desmembración del Gran Cauca y Popayán quedó como capital de un pequeño territorio, esperando una indemnización por parte de la Nación y resuelta a vivir de sus glorias en lugar de trabajar para ponerse al día con el progreso. Algunas personas influyentes, que ahora figuran entre los próceres, le hicieron un gran mal pregonando que debía vivir del pasado. Hay que aprovecharlo pero no vivir de él.

En la década de 1930 el escritor, exministro y otrora muy ilustre jefe liberal Otto Morales Benítez (1920) vino a Popayán y aquí estudió bachillerato de los 16 a los 18 años; mucho tiempo después escribió: “La ciudad con sus edificaciones coloniales, con su cúmulo de tradiciones en cada arco, en cada puerta, en cada esquina, nos somete y subyuga.

Se siente la patria haciendo la independencia; formando la República; dando líneas del pensamiento político; entregando aportes humanos, insignes en su proyección, que revelan las características de honda participación en todo el proceso de nuestra formación”. En Popayán tuvo amigos y compañeros de labores de la talla de Alvaro Orejuela Gómez, Luis Carlos Pérez, Aníbal Prado, Eugenio Barney Cabrera y Ramón Marín Vargas a quienes Morales Benítez recuerda con veneración.

 Tuvo que salir de aquí porque le declararon la guerra por ser, ya entonces, jefe liberal, como en otro tiempo le pasó al Gran General Tomás Cipriano Mosquera, el mejor presidente que ha tenido Colombia. En conversación con el historiador Albeiro Valencia LLano recuerda Otto: “Yo me había hecho certificar promedio de notas, asistencia y comportamiento, tenía los certificados que me permitían entrar a otro colegio y lo hicimos así el profesor Eugenio Barney Cabrera, el gran tratadista del arte colombiano, y yo.

 Quedamos de encontrarnos en Bogotá, él se iba a buscar puesto y yo fui a Medellín”. Morales Benítez llamó a Popayán “la culta” porque conservaba entonces parte de la cultura que había adquirido desde fines del siglo XVIII y que le había permitido ser porción muy importante en la marcha del país por sus políticos, sus periodistas, sus intelectuales, sus militares y, en fin, por casi toda su gente.

 Desgraciadamente la capital del Cauca ha perdido tanto su cultura como su prestigio. El municipio no tiene, por ejemplo, Secretaría de Cultura; tampoco el departamento como sí la tienen casi todos los demás de Colombia y, peor aún, los que deben ser responsables del patrocinio a las artes plásticas y a las letras son gente “sacadas del monte con espejo” que poco entienden de libros y de esculturas.

 Lo que más se encuentra ahora en Popayán es basura por todas partes; la ciudad huele a excrementos de perros y humo de vehículos en mal estado; las paredes y hasta los monumentos están manchados y pintados con letreros estúpidos hechos por ignorantes; muchos avisos comerciales suelen imitar mal el inglés y revelan desconocimiento de ese idioma y mal uso del español; “los carnavales de Popayán” son alboroto de patanes que alejan a la gente decente tirando polvos sucios y agua; los nuevos barrios y edificios suelen bautizarse con nombres de ciudades y pueblos de otras partes lo cual revela que la imaginación estética se acabó; se han abierto discotecas y estaderos que atentan contra la salud con el ruido descomunal y contra la esté- tica con una “música” horrenda; no alcanza el espacio para escribir acerca de todos los males que nos aquejan agravados por la existencia de seudopolíticos y politiqueros que nos atosiga.

¿Podremos, en las elecciones que ya se aproximan, elegir a personas que nos ayuden a recuperar a Popayán del cual quedan todavía cosas muy buenas como el paisaje natural, el clima, la comida típica, algunas edificaciones no violadas, algunos escritores y algunos centros de educación, las procesiones de Semana Santa, el Congreso Gastronómico, los museos históricos y artísticos, las bellezas naturales y algunas buenas costumbres? ¿que nos ayuden a conservar lo antiguo o a restaurarlo para nuestro propio bienestar y para el turismo y a situar lo nuevo en el lugar que le corresponde? Popayán tiene que progresar buscando “un lugar para cada cosa y poniendo cada cosa en su lugar”, lo mismo en lo físico que en lo moral.

Nos corresponde a todos el trabajo pero necesitamos líderes que no piensen en llenar sus bolsillos de dinero sino en buscar lo que desde hace muchos siglos se llama “el bien común”.


***
    Si desea leer artículos distribuidos por la
 Red de Payaneses, ordenados por fechas de distribución
 y orden alfabéico, desde 1999,  favor click
AQUI.

   Si desea descontinuar el recibo de estos artículos de la Red
 payanesa por favor informar a   
mariopbe@gmail.com 
 
     To receive no further e-mails, from Red payanesa, please
 reply to   
mariopbe@gmail.com