PRIMERO DE MAYO. LA PROCESIÓN DEL SANTO ECCE HOMO.
De: Mario Pachajoa Burbano
23 de enero, 2015
 mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja

Amigos:

Un interesante articulo escrito por Gustavo Wilches-Cháux, y reproducido de la página de Internet de Rafel Tobar "Viaje a Popayán" y a continuación fracmentos de: "Las proceciones de Popayán: Un sentimiento colectivo". El trono de plata del Santo Ecce Homo fue repujado en plata por el Maestro Luis Carlos Valencia Guevara y por tan maravillosa obra, la Junta del Santo Ecce Homo le otorgó al Maestro Luis Carlos un bellísimo pergamino. En 1960, a pedido de Guillermo León Valencia y por deteriodo de la imagen, que iniciaban los corgojos a deteriorarla, el Maestro español José Asencio Lamiel elaboró una copia exacta del Ecce Homo.

Cordialmente,

***

PRIMERO DE MAYO. LA PROCESIÓN DEL SANTO ECCE HOMO.
Por: Gustavo Wilches Cháux.
Tomado de la página Web de Rafael Tobar:  "Viaje a Popayán"


.
Foto del escultor José Ascencio Lamiel con las dos imagnes del Amo Ecce Homo.
Propiedad de don Pedro Antonio Paz Rebolledo.
Pedrito Paz , de  pie,  entre las dos imagenes del Amo. El que esta acuclillado  es Lamiel. El segundo de izquierda a derecha, afortunadamente sin cruz, es Higinio Paz. Les han dibujado una cruz en la frente a los ya fallecidos.
Amo Liberal y Amo Conservado
r.

Sobre lo del Amo "liberal" y el Amo "conservador" hay dos epigramas que me parece interesante compartir. Aunque son muy conocidos seguramente habrá popayanejos y popayanejas que no los hayan oido.

Los recogí así en una parte del texto para el libro sobre Semana Santa en Popayán que por razón de espacio se quedó por fuera de la publicación:

En una tarde de grata conversa con don Pedro Antonio Paz Rebolledo y con su hijo Diego, tan dedicado como don Pedro a la Semana Santa (y cuya esposa afirma que es la única mujer que se ha casado “para vestir santos”), me relataron que en una procesión del Domingo de Ramos, viendo Otón Sánchez, que además de carguero era un liberal caracterizado, que la imagen del Amo venía en hombros de puros miembros del partido conservador, improvisó lo siguiente:

“Jesús Hijo de María
Oh Divino Redentor
Ya comprendo tu agonía
Viéndote en la compañía
De tanto conservador”


Así mismo, contaron que alguien había llevado el epigrama de Otón a conocimiento del doctor Francisco Velasco Navas, más conocido en Popayán como Pachito Velasco, también carguero veterano, y además reconocido conservador de Popayán, quien había respondido con otros versos, que ofrecieron tenerme a mano para la próxima visita.

Saliendo de allí, mientras hacía un “Pare” en mi carro, acertó a llegar a la misma bocacalle Guillermo Velasco, hijo de Pachito e integrante de la orquesta del Conservatorio de Música de la Universidad que toca en todas las procesiones de Semana Santa. Por la ventanilla le pregunté cómo había sido la respuesta de Pachito en la circunstancia descrita, y tras unos segundos de reorganizar la memoria, me relató el texto del siguiente epigrama dirigido al Amo:

“El gorgojo que es tu mal
Y motivo de procesos
Tuvo origen en los besos
De la chusma liberal”

Más allá del contenido mismo de ambos epigramas, que de por sí es interesante porque muestra cómo el simbolismo de las imágenes se va rehaciendo como consecuencia de las circunstancias “mundanas” que les corresponde vivir en cada generación, personalmente me sentía privilegiado por formar parte de un conjunto social como quedan pocos en Colombia, por no decir en este mundo “globalizado”, repleto de significaciones que se definen y encarnan en las personas que tiene uno la fortuna de encontrarse todos los días en las calles o a las cuales es posible acceder sin mayores misterios, simplemente a través de una llamada telefónica, bajando la ventanilla del carro o golpeando en la puerta de sus casas.

                                ***       

(Fragmento de “Las Procesiones de Popayán: Un sentimiento colectivo").

Para un observador externo y circunstancial no resulta fácil comprender el valor de pertenecer a una comunidad cuya clase trabajadora, desde finales de la década de los años 40, celebra el Primero de Mayo, Fiesta Internacional del Trabajo, de una manera que parece ser única en el mundo: con una procesión multitudinaria al Amo Ecce Homo, que si bien a primera vista podría interpretarse como una típica ceremonia religiosa, en el fondo constituye una inequívoca expresión de clase y una contundente manifestación de fuerza social, surgida en los años de represión y de violencia política que rodearon el asesinato del líder liberal Jorge Eliecer Gaitán.

De hecho, mientras las procesiones de Semana Santa constituyen un espacio de encuentro en communitas de integrantes de distintas clases sociales, con una notoria participación de miembros de las clases alta y media alta, junto con obreros y trabajadores, la procesión del Primero de Mayo no solamente es considerada “patrimonio exclusivo” de la clase trabajadora (entendida en sentido amplio, pues en ella participan como cargueros y alumbrantes tanto trabajadores como campesinos y empleados de los sectores público y privado), sino que sus fundadores “eran fundamentalmente trabajadores que compartían las ideas de Jorge Eliecer Gaitán.”

En el imaginario popular de Popayán, la imagen original del Amo Ecce Homo, Patrono de la ciudad, que fue traída “en bruto” de Pasto, en el año de 1680 (por el artesano don Juan Antonio de Velasco “hombre sencillo y rico, quien compró algunos solares en la colina de Belén a Doña Catalina Moreno de Zúñiga, primera dueña de la parte del cerro de la M que daba a la ciudad”4) es “el Amo liberal”, mientras que la réplica idéntica elaborada por el escultor Asencio Lamiel por encargo del doctor Guillermo León Valencia ante el deterioro de la primera imagen (posteriormente restaurada) por acción del comején, representa al “Amo conservador”.

Destacan Pérez y Alvarez que “el gesto de la Junta (del Amo) de restaurar la imagen original, revela que el pueblo adoraba una imagen irrepetible, que en sí misma tenía características vitales e inalienables para sus adoradores. Es así como se restaura la imagen quiteña, introduciendo en su interior madera nueva como quien virtualmente hace cirugía a un ser vivo y único.”

Dicha imagen, al igual que su réplica “representa a Jesús, sentado, maniatado, coronado de espinas, vestido de púrpura, cetro de burla a la izquierda sostenido con la mano derecha. El rostro divino refleja serena angustia y de las muchas llagas del Salvador mana abundante sangre redentora” y desde 1777, durante todo el año, con excepción de la época de Semana Santa, permanece en el Santuario de Belén.

Cuenta el padre Arratíbel que la primera capilla de Belén (cuya construcción se inició en 1681 en los ya mencionados terrenos adquiridos por don Juan de Velasco, quien donó al imagen del Amo a Popayán) se vino al suelo con el terremoto del 25 de Mayo de 1885 y que “sólo se salvó la alta cruz que existía en su parte delantera, desde 1789, cruz tallada en piedra que todavía contiene sus cuatro curiosas inscripciones pidiendo otros tantos favores”.

Dicha cruz, construida en 1789 por don Miguel Aguilón y alrededor de la cual se había tejido una leyenda según la cual alguien había pronosticado que el día que se derrumbara se produciría la destrucción total de Popayán, se vino al suelo, junto con la mayoría de las edificaciones del Centro Histórico de la ciudad, en el terremoto de 1983. Hoy totalmente restaurada, (al igual que el templo de Belén que, como ya se había mencionado, reemplazó al construido después del terremoto de 1885 y que fue necesario demoler debido a los daños que sufrió en el sismo de 1967), la cruz efectivamente posee en los lados de su base cuadrada de piedra, cuatro inscripciones:

“Una Ave María a la Madre de Misericordia para que no sea total la ruina de Popayán”
“Un Padre Nuestro a San José para que nos consiga buena muerte”
“Una Ave María a Santa Bárbara para que nos defienda de los rayos”
“Un Padre Nuestro a Jesús para que nos libre del comején”

Parte de la devoción existente en el pueblo de Popayán al Santo Amo Ecce Homo, se debe a su “efectividad” como protector de la ciudad contra el comején (que paradójicamente estuvo a punto de acabar con su imagen) y más aún contra los terremotos y otros fenómenos naturales.

Al respecto escribe María Cecilia Velásquez:

“Se ha observado cómo a través de los años, el pueblo lo homologó como protector de la ciudad al mismo tiempo que le asignó la protección contra el comején desde 1788, fecha desde la cual anualmente se celebraba su rogativa sin que formalmente se le hubiera dado (todavía) la categoría de patrono o auxiliador de la ciudad. La devoción aumentó y se amplió con la fe en él depositada por las mujeres e hijos de los soldados combatientes tanto en la guerra de Independencia como en los conflictos intestinos de la naciente república.

“El “Amo”, como normalmente se le denomina, implica una categoría mental de propiedad y sumisión absolutas; no obstante su invocación ante la plaga del comején, el azote de los terremotos, sequías e inviernos, también se detecta su carácter de castigador y liberador, facultades que en las relaciones terrenales también se le reconocen al amo.”

Las primeras estrofas de la “Oración al Amo” ilustran perfectamente las afirmaciones anteriores:

Detén ¡Oh Dios Benigno!
Tu azote poderoso
Y calma bondadoso
Tu justa indignación;
Perdónanos y olvida
Que te hemos ofendido
Y que hemos afligido
Tu amante corazón...


Lo cierto es que al Amo se le atribuyen, entre otros milagros, la cesación del “enjambre de sismos” que sacudieron a la ciudad en el año de 1946 y que motivaron a “sacar” la imagen en procesión, como también se cuenta que en el curso de alguna rogativa en la cual, después de varios meses de intensa sequía, se le pedía al Amo Ecce Homo que hiciera llover sobre Popayán, el sacerdote que celebraba la misa correspondiente increpaba a los asistentes por su poca fe, pues estaban allí rogándole al Amo que lloviera... ¡pero ninguno había llevado paraguas!

A la manera de un Tótem sagrado, la imagen del Amo Ecce Homo posee la facultad, por una parte, de encarnar el imaginario que sus devotos poseen sobre sí mismos, y por otra, de concentrar y enfocar hacia un propósito determinado, como lo hace un lente con los rayos del sol, la voluntad colectiva de quienes creen y confían en su poder protector, hasta el punto de lograr --como diría Ernesto Sábato: por casualidad o por causalidad-- que se produzcan o cesen determinados fenómenos naturales.

La sola “capacidad de convocatoria” que logra que cada Día del Trabajo varias decenas de miles de hombres procedentes tanto del casco urbano como de la zona rural de Popayán y de sus municipios vecinos, se congreguen en la ciudad para realizar esa procesión diurna en la cual tradicionalmente solo alumbran los hombres (aunque desde hace algunos años se advierte la participación como alumbranta de una que otra mujer), o que desde fines de la década de los 60 se congreguen cada 27 de Abril varias decenas de miles de mujeres para “bajar” al Amo desde Belén hasta la Catedral, de donde sale la procesión del Primero de Mayo (en una procesión nocturna en la cual solamente alumbran las mujeres), constituye de por sí un milagro en la época actual.

Finalicemos este aparte citando de nuevo a Guillermo Pérez y a María Cecilia Álvarez:

“La única forma de que el mito pueda cumplir efectivamente su función, es a través de un acontecimiento que lo actualiza y lo repite en el tiempo: esto es el rito. De otra forma, el mito existiría sólo como algo abstracto, independiente, pero en la medida en que el mito a lo que aspira es a una consagración de quienes creen en él, es necesario que “ocurra algo” - que siempre tiene un carácter teatral, gestual y corporal- en donde el mito se hace virtualmente efectivo. La procesión del Amo, el 1° de Mayo, es finalmente, a través de todos los actos y gestos que la constituyen, un congraciarse con la figura mítica del Amo, con la propia imagen múltiple y virtual en cada uno de los individuos, pero al mismo tiempo homogénea y clara en tanto figura de un Dios que es Él también trabajador.

“Divididos en la vida cotidiana por una variedad de factores sociales, en el ritual ellos se re-encuentran como grupo humano, todos se reúnen bajo un mismo misterio y la celebración confluye hacia una comunión social; al mismo tiempo, el grupo se reconoce al encontrarse y por ello el ritual trasciende la pura función de dominio y de alienación religiosa. El reconocimiento se evidencia porque en el ritual nadie es un espectador ni nadie hace algo para ser contemplado. Las acciones no tienen una cara exterior. Todos están adentro de la procesión alumbrando, identificados con un mito que aparece frente a sus ojos y que es profundamente real y simbólico, sensible y arquetípico... como ellos.”

José Asencio Lamiel nació en Calanda (Teruel), el 29 de enero de 1927. Becado por la Excma. Diputación de Teruel, realizó estudios en la Academia de Bellas Artes de San Carlos en Valencia y en San Fernando de Madrid. 
En 1960 se trasladó a Colombia contratado oficialmente para realizar la copia del Santo Ecce Homo. Trabajó en la ciudad de Popayán durante 6 años. 

Desde 1966 ha llevado a cabo diversos trabajos y exposiciones en Estados Unidos. Fijó posteriormente su residencia en Madrid, donde ha desarrollado su labor artística.  Reside actualmente, Marzo de 2002, en Alcalá de Henares.

OTROS TRABAJOS DE JOSE ASENCIO LAMIEL
José A. Lamiel (Autoretrato.1998)
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