MÓNICA EMMA LUCÍA CHAMORRO MEJÍA
De:   Mario Pachajoa Burbano
10 de  febrero, 2015
 mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja


Mónica Emma Lucía Chamorro Mejía, (clic), nació en Popayán en 1974, fue la ganadora del Primer Concurso de Narraciones Breves"El nido", proyecto que inició la I reunión de Payaneses en USA realizado en la ciudad de Pittsburgh en 1999. En esa ocasión, gracias a las gestiones de Guillermo Borrero Aragón y Edgar Bustamante Delgado, se logró una buena suma para el premio en metálico del ganador de este concurso.

Cordialmentee,

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EL HOMBRE QUE SI FUE JUEVES.
LA HISTORIA DE UN ESCRITOR POST-MODERNO QUE NACIÓ EN POPAYÁN
06:07 pm 09-febrero
Por Mónica Chamorro Mejía
Especial para El Nuevo Liberal

Conocí a Juan Esteban Constaín un jueves por la noche en la Tasca Vieja San Joaquín,  un embrión de restaurante, discoteca y bar de no muy buena muerte. Abría todos los jueves en la noche y allí se reunía un buen grupo de jóvenes —y no tan jóvenes— trasnochadores que declaraban que el jueves no se llamaba jueves sino juernes y que no tenían reparos en acabar lo empezado el juernes en la noche la madrugada del domingo.

Nosotros, Juan Esteban y yo, pertenecíamos al grupo de los muy jóvenes —en realidad de los jovencísimos—  pero no lo sabíamos, nos parecía que éramos ya viejos, plenos de ancestral experiencia, y a partir de ese primer jueves y en muchos jueves sucesivos, nos dimos cita en la Tasca Vieja para beber y bailar y sobre todo para hablar de  lo divino y lo humano. Lo primero que me impactó en Juan Esteban fue su interés desbocado por todo y por cada cosa de este pérfido mundo. Todo llamaba su atención y cualquier persona o situación, incluso las más paupérrimas o escuálidas, bajo el lente de su interés, solían convertirse en frases agudas, cortantes, llenas de un humor negro, muy British.

De esa primera noche recuerdo sobre todo su amor por el Cuarteto de Liverpool,  en particular por Paul Mc McCartney. Y también por Simón Bolívar. Respecto de este último, llevo grabada en la memoria una observación que me hizo entender quién era Juan Esteban. Hablábamos de las fatigas del Libertador en las guerras de Independencia y él observó que bastaba una sola cosa para mesurar la grandeza de Bolívar. Yo pensé inmediatamente en la  Campaña Admirable y alguien más mencionó el Discurso de Angostura, pero Juan Esteban nos corrigió:

—Basta subirse a un caballo e irse hasta el Ecuador.

Todos nos reímos y pensamos que tenía razón, pues Bolívar no solo había viajado muchas veces desde Popayán hasta Ecuador, sino que le había dado varias veces la vuelta a América a caballo y eso era, más allá de las discusiones políticas, de una grandeza universal.  Supe entonces que Juan Esteban llegaría a ser lo que le diera la gana, incluso Sir Paul McCartney o un gran escritor y que cualquier cosa que saliera de su ingenio sería amena e inteligente, capaz de descongelar las miradas oficiales y de impregnar de vitalidad lo sacramental.

Efectivamente se convirtió en esto último y sus libros, que hoy atraen lectores, atención y premios, como el que le acaba de otorgar la Universidad EAFIT (Biblioteca de Narrativa Colombiana) por su novela El hombre que no fue Jueves, nos llevan al centro de una literatura de marcada vocación universal que no se plantea límites geográficos y que nos involucra en un juego en el que es imposible saber si nos encontramos en los terrenos de una cuidadosa reconstrucción histórica o en el dominio de la imaginación.

El naufragio del Imperio, ¡Calcio! o El hombre que no fue Jueves, son novelas en las que el gusto por la historia, la seria y oficial, registrada en los anales, es el principio —o quizás el pretexto— para la creación de personajes y tensiones narrativas que se desplazan sin esfuerzo hacia el dominio de lo ficcional. En la literatura de Juan Esteban Constaín, el lector no puede evitar dejarse caer en los entresijos de una trama que, sin renunciar a los giros propios de la narrativa decimonónica, incluye lo experimental. La voz del narrador, potente y erudita, nos conduce, en medio de las tensiones entre lo histórico y lo ficticio, al puro placer literario.

Precisamente, este aspecto relacionado con la reiteración de temáticas históricas podría llevar a una errónea clasificación de Juan Esteban Constaín en el ámbito de aquellos escritores que se ocupan exclusivamente de la narración histórica como fenómeno editorial y dejan a un lado cualquier pretensión estética o de contenido. Mas no es este el caso. Su  literatura tiene otros alcances. La complejidad de los planos narrativos, las historias encajonadas,  el uso de la reescritura, la ironía y la analogía, lo ubican plenamente en el centro de la corriente de renovación post-moderna de la narrativa en habla hispana.
Juan Esteban Constaín es un escritor plenamente post-moderno y en este sentido representa esa negativa de nuestra literatura a dejarse agotar por el monumental modelo que constituyó García Márquez y su Realismo Mágico y que afirma que la historia no se ha terminado, aun ante la crisis de todas las ideologías. La historia, para este notable escritor payanés, es algo que puede reescribirse. Inventarse nuevamente, hacerse mejor o peor  —eso no importa— pero su manipulación nos permite entender que incluso la tenue línea que separa la realidad de lo ficcional, es  una convención más.

La literatura de Juan Esteban Constaín es una declaración contra el fundamentalismo de las miradas que pretenden que la realidad es solo una y no ese todo plural, resbaloso, lleno de los espejos y espejismos, de la actualidad informática e interactiva. Juan Esteban nos hace un guiño desde las páginas de sus novelas para decirnos que la angustiosa incertidumbre del mundo en el que vivimos puede resolverse en un juego de planos virtuales, pues ningún paradigma es lo suficientemente consistente y real como para no ser puesto en entredicho. Y este es un mérito inapreciable  en una realidad contemporánea en la que los fundamentalismos de todo tipo, religiosos y políticos, nacionales y extranjeros, consideran inaceptable la sátira y la ironía y pretenden extirpar la capacidad de reescribir la propia historia.

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