VIVIR COLOMBIA
De:   Mario Pachajoa burbano.
16 de febrero, 2015
 mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja


Amigos:

Edgar Bustamante Delgado, Colombiano, payanés, residente en Barcelona, España, ha sido designado, coordinador, editor y escritor de Vivir Colombia, una publicación destinada a colombianos residentes en España. La patrocina una empresa que hace de broker del Banco de Colombia para vender créditos a colombianos residentes en España para compra de vivienda en Colombia. Vivir Colombia, pretende ser un vehículo de comunicación entre colombianos, con énfasis en la cultura, el turismo y las tradiciones populares del país. Vivir Colombia nace con vocación interactiva.

  
  Para el enlace, escribir en google o internet explorer:   vivircolombia.es

Edgar Bustamante, antiguo director editorial para América Latina de Círculo de Lectores; director del Centro Regional para el fomento de libro en América Latina y el Caribe, de UNESCO; representante del Grupo Editorial Norma, de Carvajal y Cía en España; director de Bustamante Editores, de Barcelona.

***

Incluimos el articulo extraído de Vivir Colombia escrito por Edgar Bustamante sobre el payanés Edgar Penagos, hijo de Edgar Penagos Casas, notable oftalmólogo e historiador payanés.

Cordialmente,


***

EDGAR PENAGOS: BARCELONA, IDAS Y VENIDAS,
ENTRE EL HOSPITAL SANT PAU Y LA SAGRADA FAMILIA
Por:  Edgar Bustamante
21 de enero, 2015
Barcelona, España

La conversación con Edgar Penagos tuvo lugar en la cafetería del antiguo hospital Sant Pau, joya del modernismo catalán y patrimonio mundial de la UNESCO, hoy restaurado y convertido en Recinto Modernista.

Edgar nació en Popayán, en 1958. Hijo del doctor Edgar Penagos Casas, destacado oftalmólogo y profesor universitario, siempre quiso ser médico. Y fue en el hospital Sant Pau donde se especializó en oftalmología.

Pero antes de llegar a este punto, hubo un largo camino.

Edgar creció en una familia numerosa. Tuvo ocho hermanos y la vida en su hogar funcionaba con una organización casi militar. De sus padres conserva la gran lección de obrar con honestidad en todas las eventualidades de la vida.

Estudió bachillerato en el colegio Champagnat, de Popayán, regentado por los Hermanos Maristas, congregación religiosa de origen francés. De esos años, recuerda a dos profesores de filosofía. Uno de ellos, alemán, le enseñó que la ilustración es la forma de encontrar la razón. Un concepto que le ha quedado grabado para toda la vida. El segundo era marxista, lo cual constituía un hecho insólito en un colegio de confesión religiosa. De él aprendió el sentido más profundo de la justicia social.

Una vez terminado el bachillerato, se matricula en la facultad de medicina de la universidad del Cauca, en Popayán. Allí termina con éxito la carrera y se gradúa como médico.

Sus primeros pasos en el ejercicio de la medicina los da en centros de atención primaria. Conoce el lado más crudo de la pobreza extrema de muchos de sus pacientes. Se vuelca en campañas de vacunación. Comprende que la prevención es el primer paso para mejorar la salud de las personas menos favorecidas.

 Consigue un programa radial semanal para hablar de temas de salud. Desde esa tribuna explica a la gente que las vacunas son gratuitas, que enfermedades como la polio, la difteria, la tosferina, se pueden prevenir. Colabora en la creación de lo que se llamó “vigías de salud”, voluntarios que estaban atentos a cualquier brote infeccioso o emergencia sanitaria en las comunidades más pobres, y que avisaban a las autoridades sanitarias si esto ocurría.

Los últimos tres años de su vida profesional en Colombia los pasó como médico de la Policía Nacional. Recuerda que un 23 de diciembre recibe una llamada del jefe de la policía para informarle que ha habido un asalto guerrillero en varias zonas del Patía, una región situada a 82 km al sur de Popayán; 82 km que suponían más de dos horas de viaje por carretera en aquella época.

 Edgar sale a bordo de una camioneta de la policía, en compañía de un enfermero, rumbo al sitio de la tragedia. En la población de El Bordo se establece el cuartel general para la recepción de los policías emboscados por la guerrilla. Algunos han muerto, otros están heridos. El espectáculo es terrible. Hay que efectuar curas de emergencia a los heridos para que puedan viajar a Popayán. Otros se deben llevar a los muertos. Edgar se ocupa del herido más grave, un hombre con los intestinos al aire a causa de una herida en el abdomen; viaja con él en un helicóptero. El policía fallece durante el viaje.

Otro plan de emergencia en el que tuvo que actuar fue a raíz de una epidemia de cólera en la población de Puerto Tejada. El plan integral de prevención del cólera, elaborado por su departamento, fue considerado uno de los mejores en todo el país.

Durante su labor como médico de asistencia primaria ocurrió un hecho extraordinario en su familia que le marcó para siempre. Su madre, con sesenta años, decide entrar en la universidad y hacer una carrera presencial. Lo hace al mismo tiempo que su hijo Alfonso. Pasan los años y la madre de Edgar va sacando adelante sus estudios. Cuando llega el momento de redactar la tesis de grado, una desgracia se abate sobre la familia : José, uno de los hermanos de Edgar, afectado desde niño por la polio, muere atropellado por un bus como consecuencia de una infortunada caída.

La madre, vencida por la tragedia, quiere dejarlo todo. Entonces, Edgar compra una máquina de escribir portátil y se dedica todas las noches a servirle de secretario a su madre para que logre terminar su trabajo de fin de carrera. La tesis, sobre bellas artes, tenía un componente práctico : pintar unos cuadros. Durante cinco meses, Edgar acompañó a su madre en este proceso de duelo y de creación al mismo tiempo, y de esa experiencia extraordinaria le quedó un imperecedero amor por la pintura. La tesis, por supuesto, salió adelante y su madre consiguió terminar los estudios al mismo tiempo que su hijo Alfonso.

En 1993 ya habían transcurrido para Edgar seis años de ejercicio de la medicina, sobre todo en el campo de la atención primaria. Una experiencia muy formadora, pero Edgar cree que es el momento de especializarse. Quiere ser oftalmólogo como su padre, que había estudiado en Barcelona con los doctores Barraquer y Arruga, y había hecho prácticas en el hospital Sant Pau.
Edgar y su hermano Juan Carlos son admitidos en el hospital Sant Pau de Barcelona para llevar a cabo estudios de especialización. Edgar, en oftalmología; y Juan Carlos, en cirugía de tórax.

Ya en Barcelona, los ahorros y algún dinero proporcionado por los padres, terminaron por agotarse. En esa época los médicos residentes extranjeros no cobraban ningún salario. Pero de algo había que vivir. Edgar y su hermano lo hicieron gracias a las guardias en urgencias, que sí estaban remuneradas. Incluso, llegaron a comprar guardias a médicos residentes españoles que no tenían necesidad de hacerlas. Así, durante los cuatro años que duró la especialización.

Edgar se queda un año más en el Sant Pau para realizar estudios sobre el polo anterior del ojo, o sea, enfermedades relacionadas con la córnea, el iris y el cristalino; tales y como cataratas, degeneraciones de la córnea o inflamaciones de la conjuntiva.

Durante los años de especialización conoce a una chica francesa, Christel, que hacía prácticas de empresariales en Barcelona. Terminan viviendo juntos y en 1999 deciden probar suerte en Colombia. En Popayán. La experiencia no sale bien. Es época de recortes en salud y los hospitales pagan mal y tarde a su personal. Edgar se encuentra con atrasos en su sueldo de más de seis meses. Christel ha tenido que regresar a Francia como consecuencia del fallecimiento de su padre. Edgar resuelve, entonces, regresar a Barcelona.

En el 2001 está de nuevo en la ciudad condal. Trabaja durante un año, más o menos, en la consulta privada de un oftalmólogo conocido suyo. En ese momento, su hermana Nely, patóloga residente en Suecia, le anima a emigrar al país escandinavo donde hacen falta oftalmólogos y están muy bien retribuidos. Edgar coge sus bártulos y se marcha con Christel a Suecia. Recalan en la ciudad de Trollhattan, 75 km al norte de Gotemburgo. Durante seis meses realiza una inmersión en el idioma sueco, en Gotemburgo, y al cabo de ese tiempo pretenden soltarlo en medio de la jungla de un hospital para tratar a pacientes que solo hablan sueco. En un acto de sensatez decide no enfrentarse a tal responsabilidad y resuelve emprender camino, una vez más, a Barcelona.

De regreso a España, pasa un mes en Amiens, la ciudad de sus suegros. Una oportunidad para entrar en contacto con la vida cotidiana de la provincia francesa y para disfrutar de su gastronomía. Pero solo un alto en el camino. De nuevo en Barcelona, hay que buscarse la vida. Lo llaman del CAP de Sant Andreu para hacer sustituciones en oftalmología. Hasta que un día la suerte le sonríe. En una estación de metro se encuentra con un antiguo condiscípulo de su época de especialización en el hospital Sant Pau, el doctor Asaad, que trabaja en el hospital de Terrassa. Edgar le pide que si surge alguna oportunidad se acuerde de él.

 Al poco tiempo, el doctor Asaad lo llama porque ha quedado una plaza libre en Terrassa. Lo recibe el jefe de servicio, el doctor Maseras, un reputado oftalmólogo, que le anuncia que la plaza es suya. Hoy en día, el doctor Asaad es el jefe y Edgar ya ha completado diez años a su lado. En la actualidad, Edgar es el coordinador de docencia del departamento de oftalmología para los médicos de familia.

Divorciado hace años de Christel, ha encontrado en Gladys, su nueva compañera, de Medellín, el amor y el soporte que le hacían falta, su complemento ideal. En un reciente viaje a Colombia, justamente en Medellín, Edgar se reencontró con su antigua profesora de piano, en los lejanos años del Popayán de su adolescencia,Teresita Gómez, y fue un encuentro muy emocionante. Porque la música es para Edgar una parte muy importante de su vida. Su padre es un melómano empedernido y él no se queda atrás.

Hace muy poco ha perdido a su madre. Su padre ha cumplido 88 años, entre sinfonías de Beethoven, cuartetos de Haydn y recuerdos de una vida dedicada a la medicina. Gladys prepara, con mucha dedicación, su doctorado en diseño industrial.

 Y Edgar, después de tantas idas y venidas, ha terminado por dejarse cautivar definitivamente por Barcelona. Y desde su atalaya en la avenida Gaudí, donde tiene su casa, entre el hospital Sant Pau y la sagrada Familia, hace un balance muy positivo de su vida en esta ciudad y mira al futuro como un barcelonés más. Al fin y al cabo, la patria más íntima es el lugar donde vives cada día; donde eres útil a alguien; donde amas y eres amado; donde compartes el sueño y la vigilia con miles de personas, que no conoces, pero que ya son parte de ti.

***

    Si desea leer artículos distribuidos por la
 Red de Payaneses, ordenados por fechas de distribución
 y orden alfabéico, desde 1999,  favor click AQUI.

   Si desea descontinuar el recibo de estos artículos de la Red
 payanesa por favor informar a 
  mariopbe@gmail.com 
 
     To receive no further e-mails, from Red payanesa, please
 reply to   mariopbe@gmail.com