POPAYÁN, SIGLO XX.
ALFONSO: CUADRO DE COSTUMBRES
De:  Mario Pachajoa Burbano
Abril 4, 2015 
 mariopbe@gmail.com 
Popayán, Red Patoja



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ALFONSO: CUADRO DE COSTUMBRES
FRAGMENTO
Po:r: Mercedes Hurtado de Alvarez, escritora,

Mercedes Hurtado de Alvarez: natural de Popayán. Domiciliada durante largos años en Bogotá, fue aquí en donde publicó su novela: Alfonso, cuadros de costumbres.  Imprenta y estereotipia de Medardo Rivas. 1870. II y 81 páginas.

También hay artículos suyos en algunos periódicos.
Murió en Bogotá el 16 de Octubre de 1890.

Desprendemos de su novela la muestra que sigue, referente á costumbres colombianas:

Los meses de Julio y Agosto son una de las épocas mejores en Popayán. La atmósfera, que de ordinario es eléctrica y da al cielo un aspecto triste y nebuloso con sus frecuentes tempestades, en estos meses cambia completamente y se pone pura como el cristal y de un aspecto risueño. En esta época sus habitantes se alegran y van á gozar de los amenos campos del Cauca en varios puntos á cuál más bellos: el Bosque, el Infiernito, Tortugas, Puente Real, etc.

 Es allí, bajo esos guayabos, en donde se danza y se canta con una alegre música; y á la orilla del río, que se ve coronado de gente, en un blanco mantel de sabores el sabroso chocolate con su correspondiente acompañamiento de bizcochos y queso. Allí se ve á la linda ñapanga, de rosada patita descalza, con su sombrerito de jipijapa, adornado con lazos de cintas, y galanteada como la mejor señorita. Más allá está la respetable matrona con su esposo y rodeada de sus hijos.

En otra parte un grupo encantador de jóvenes bellísimas, cubiertas las cabezas con sombreritos de paja de Italia; otras con rasponcitos de ala arriscada, adornados de flores naturales, dejando ver con cierta coquetería su linde palmito.

 Otras se botan al agua y azotan con sus robustos brazos las cristalinas ondas, dejando la cabellera flotante sobre la espalda. En fin, todo es allí placer, gozan tánto los niños como las mujeres, lo mismo los ricos que los pobres todo es allí contento, todos son allí iguales. Llega la hora de retirarse, y se dirigen alegres, cansados, á entregarse al sueño: las criadas llevan las bateas, y en ellas los restos del banquete campestre, ollas, botellas, platos, cubiertos, etc

En la misma novela se encuentran los dos pensamientos que siguen:

El hombre, aunque sea un malvado, ama y respeta la virtud.
El pudor en una mujer es el velo que oculta sus encantos.


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