DE PORQUÉ LA LUNA LLENA TAMBIÉN SALE A ALUMBRAR
De:  Mario Pachajoa Burbano
Sábado Santo 19 de abril, 2014
mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja

Amigos:

Gustavo Wilches-Chaux, distinguido consultor payanés, se refiere a aspectos poco divulgados en artículos o escritos sobre la Semana Santa payanesa.

Cordialmente,

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   DE PORQUÉ LA LUNA LLENA TAMBIÉN SALE A ALUMBRAR
Por: Gustavo  Wilches-Chaux
Revista Semana Santa 2014
El Nuevo Liberal
Abril 2014

Por allá en 1968 yo tenía 14 años y una autorización formal o “excusa”para no ir a misa, dirigida al rector del colegio por mi abuelo, que para efectos prácticos hacía las veces de pater familia. No fue problema conseguir,esa autorización, pues en mi núcleo familiar ampliado se respiraba una atmósfera libertaria en materia religiosa, inspirada entre otras fuentes en una permanente simpatía por la memoria del tío bisabuelo Simón Chaux, que a principios del siglo pasado resolvió llevar un “Manifiesto” de los librepensadores de Popayán a un congreso que tuvo lugar en Madrid, y que a su regresó encontró que había sido excomulgado, junto con todos los demás que tuvieron la imprudencia y/o el valor de firmar.

Un “Manifiesto”, dicho sea de paso, bastante inofensivo e inocuo, como me di cuenta con decepción años después, cuando no solamente lo leí sino que lo además lo heredé. No sé si el tío Simón se volvió a traer el que llevó o si se trata de una copia- original, pues mi ejemplar tiene todas las firmas manuscritas de quienes los suscribieron y cargaron con los efectos divinos y mundanos de la excomunión.

Por eso, cuando ese año 1968 nos notificaron que el siguiente Viernes Santo todos los del Liceo teníamos que presentarnos en la puerta de Santo Domingo con corbata, una coronita de violetas y un cirio de laurelpara salir a alumbrar en la procesión,me pareció apenas obvio solicitarle ami abuelo una extensión de la “excusa”,de manera que pudiera librarmetambién de ese ritual. Pero para sorpresamía, mi abuelo me vació y meobligó a ir a alumbrar sin posibilidadalguna de apelar.

Debió ser ya en la calle esa nochede Viernes Santo en Popayán, cuandocomencé apenas a intuir las posiblesrazones de esa extraña reacciónde mi abuelo, que por supuesto enel primer momento me pareció unaincoherencia autoritaria y una imposición.Sí: fue ahí. Cuando me di cuentade que con nosotros también habíasalido la Luna llena a alumbrar contodo su brillo y en toda su magnitud.

Eran los meses previos al despeguela misión apolo 8 que llevaría porprimera vez tres astronautas a la órbitalunar, un paso hacia el alunizajeque se llevaría a cabo menos de unaño después. Muy poco significabapara mí en ese momento la SemanaSanta (a pesar de haber sido moqueroen mi primera infancia en las procesioneschiquitas), pero en cambiotenía todos mis sentidos, mis interesesy mis expectativas puestas en lacarrera espacial.

Y ahí estaba la Luna, al alcance dela mano en plena calle de Popayán,y abajo las hileras de alumbrantes,de las cuales formábamos parte miscompañeros y yo. Y los pasos con sucadencia y su crujir, y las bandas deguerra de la Policía y del Batallón, y lamúsica del Conservatorio de la Universidady el coro del Orfeón Obrero,y el olor imborrable del incienso, y el brillo de la Luna reflejado en “las mallas”, en “los falsos”,en los floreros y en los demás ornamentos de lasandas.

 Y todas esas sensaciones que después tuveoportunidad de recrear minuciosamente en el video“Las procesiones de Popayán: un sentimiento colectivo”(1988) y en el artículo que con ese mismo título sepublicó en el libro de Villegas Editores sobre la SemanaSanta (1999) y en el texto “La procesión va por dentro”,del cual tomó su nombre la exposición que en 2003 serealizó en el Museo Nacional.

En ese momento viví lo que sólo aprendí y entendíracionalmente años después, cuando supe que la palabra“religión” viene de religare que quiere decir “religar:volver a unir”.

 Y así mismo, solamente años después entendí quesi el aguacero lo permite, la Luna llena siempre salea alumbrar en las procesiones de Popayán, porque laSemana Santa se fija de acuerdo con el calendario lunar:el domingo que sigue a la primera Luna llena despuésdel equinoccio de primavera [entre el 21 y el 25de marzo, precisamente cuando escribo este artículo:¡qué sincronicidad!] es Domingo de Pascua o Domingode Resurrección, o sea que el domingo anterior es Domingo de Ramos. Desde los orígenes mismos delcristianismo, esta celebración coincide en el calendariocon la Pascua Judía, porque de acuerdo con laHistoria Sagrada, en esa época se produjo la Resurrecciónde Jesús.

Lo cierto es que tras la Semana Santa y tras la Navidad(que comienza el 8 de diciembre de cada año conesa fiesta del fuego que es “la noche de las velitas” ofiesta de la Inmaculada Concepción), como tras tantosotros hitos importantes del calendario religioso y civil,subyacen unas profundas raíces paganas. Y el paganismo –cuya etimología proviene del latínpaganus o pagus, que quiere decir “campo”- hace referenciaal que es quizás el más profundo sentimientoreligioso que se puede alcanzar: el que proviene dela convicción y de la sensación integral de que conformamosuna Unidad Sagrada con los demás seresque conforman la Naturaleza, incluidos por supuesto elagua, los montes, las estrellas, la Luna y el Sol.

Nada de eso me dijo mi abuelo cuando ese ViernesSanto me obligó a ir a alumbrar (a portar el fuego, otraherencia pagana), ni sé si él poseía esa misma concepciónque yo luego adquirí, pero de lo que sí estoyseguro es de que para él era muy importante la identidad.El sentido de pertenencia a un territorio, que no essolamente un espacio físico sino sobre todo un estadodel alma y una comunión cultural.

En la Semana Santa de 1984, cuando la ciudad de Popayán comenzaba apenas a recuperarse de los efectosdel terremoto del 83, pude comprobar en cuerpo y alma elprofundo significado práctico de estos rituales que tienenpor objeto consolidar la identidad. Y que ese año, para Popayán,era precisamente un rito de resurrección.

Así fue también para New Orleans el primer “Mardi Gras”tras el desastre desatado por el huracán Katrina en 2005:un rito de resurrección o de reafirmación de que a pesardel desastre había logrado sobrevivir la identidad. Curiosamenteel “Mardi Gras” -Martes de Carnaval- se celebrala víspera del Miércoles de Ceniza, con el cual comienzala Cuaresma: periodo de 40 días anteriores al Domingo deRamos. O sea que también se rige indirectamente por elcalendario lunar.

Cuenta la etimología que Pascua quiere decir “paso”.Los judíos conmemoran en la Pascua la liberación de laesclavitud de los egipcios y la vinculan a la división de lasaguas del Mar Rojo por Moisés.

En este momento de la historia, cuando aún sin terremotoo sin huracán, la crisis se ha vuelto lo normal, estos“ritos de paso” son absolutamente indispensables paramantener y fortalecer el sentido de proceso, el sentido decambio con continuidad, y la identidad y la unidad.Bogotá, 24 de Marzo de 2014. 


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