KATALIN
De: Mario Pachajoa Burbano
Sábado 29 de marzo, 2014
mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja


Amigos:

Paul Disnard, seudónimo literario del payanés  Neftalí Sandoval Vekarich,  escribe sus impresiones idealísticas alrededor de un tren que no llega y de una mujer que duerme en el atrio de la parroquia de las Vírgenes Santas de Quilichao. Fotografia del articulo..

Cordialmente,

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KATALIN
Por: Paul Disnard
Proclama del Cauca
Sábado 29 de marzo, 2014

“y una noche cualquiera
fumaré los últimos minutos que me quedan
a los 90 grados de la estrella polar…”*

katrinaLlora en la fuente del jardín el agua. La luna en el cielo es la imagen de una perla expuesta en un tapete de terciopelo azul. Tímida la noche se oculta en el canto de una sirena, varada a pocas yardas de Jamaica, en los arrecifes de coral, por el desamor de un marinero en tierra:

“Oh, capitán, mi capitán,
las cien mujeres que me amaron
ya me olvidaron, capitán…”**


Estaciones vacías, abandonadas, trenes que nunca llegan.

El tren expreso de la madrugada Viena-Novi Sad – Belgrado lleva interminables horas de retraso. Nadie sabe nada. No hay explicación posible para la espesa niebla que todo lo cubre y lo borra. No funcionan los relojes. Se ha perdido el ritmo y la noción del tiempo. Mi corazón es un barco fantasma sin puertos, sin bitácora, sin ataduras donde descargar un bagaje más de otoños que de primaveras.

Arboles desnudos. Naturaleza muerta. Manzanas podridas en la canasta de los indios que en Jamundí mendigan por un trozo de amor y un mendrugo de esperanza. Nadie escucha sus voces, nadie tiene un minuto para leer un cartel mal escrito en español: necesitamos ropa, medicina….Una mujer cobardemente golpeada duerme en el atrio de la parroquia de las Vírgenes Santas de Quilichao. ¿Serán acaso santas esas vírgenes? Bailan los negros. Songoro cosongo. Ríen de pasión ardiente y lujuriosa las negras del poblado. Tam tam el corazón, tam tam las manos duras y callosas sobre el parche del tambor. Hace siglos los indios dejaron de cantar: “¿en dónde está mi dulce Rita de junco y capulí?” Les robaron la tierra, el hogar y la patria. Son los hijos de nadie, prófugos mancillados del Paraíso, traicionados por Dios, el Misericordioso. Los hispano descendientes, la canalla que dejó la conquista en tierras americanas, se matan con delicia unos a otros en el nombre del Altísimo, el Supremo. Son ladrones. Los hijitos de puta juegan a bandidos y gendarmes, levantan cometas en los predios que antaño fueron tierra de indios, resguardos de la Colonia, ponen en entredicho a la mujer del prójimo. Aman la propiedad ajena, la revolución sexual, la violencia  y la muerte, pero

Morazán vigila. Bolívar también:

“despierta cada cien años cuando despierta el pueblo!” ****

Neruda ha escrito veinte poemas de amor, lo mío es una canción desesperada en una estación solitaria que ha perdido en una revuelta el itinerario de los trenes.

La multitud en el circo. Pan para los imbéciles de cada día. En el ruedo el torero no se atreve a dar la estocada mortal al pobre animal que lo embiste acosado por los gritos de la furibunda turba. Las tardes son abrasadoras. Morirá con el toro el día. ¡Ay, Federico, tu sangre sobre la arena! Ebrio de dolor Pepe Asunción se pega un tiro en una ciudad encumbrada en la niebla de los Andes. St. John Perseo divaga por los mares del sur. Morir es cosa fácil. Pide Gadafi venganza. Iracundo responde Maiakovski desde Sebastopol: ¡hacer vida es mucho más difícil! Bebemos vodka y rakia sobre las murallas de Dubrovnik buscando los caminos del mar.

En las arenas se pierden las huellas de tus pies en la isla de Hvar, Simbad terminó allí cautivo de una guerrera iliria, pero Paul Robson indignado condena al liberto de la Casa Blanca que baila “can can” de la mano de Bush y los tejanos. Madame Clinton se levanta las faldas en un diabólico baile de la Bundestang con los mercenarios de la primavera. Colombia en el vértigo de la tragedia y el hambre ya no tiene remedio. Venezuela levanta el puño y la frente. En mi cuaderno de notas queda solo tu nombre, Katalin, y un hermoso recuerdo de Budapest a orillas del Danubio

“hasta el río te brindaba en su copa de cristal” *****

Arranco del cuaderno la página, las notas sueltas, los inicios de un poema a las mujeres que hicieron posible el ocho de marzo, la reduzco a mil pedazos, arrojo al viento diminutas palomas de papel,

rosas blancas para que me recuerdes cuando atraque el tren en los andenes de una estación anónima cubierta por la nieve de los crudos inviernos de Serbia.


PAUL DISNARD
Marzo 26 2014

*Jorge Robledo Ortiz
** P.Héctor Blomberg
*** César Vallejo
**** Pablo Neruda
***** José Santos Chocano
Inglés: can can  (puedo, puedo)

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