POPAYÁN SIGLO XXI: II
De: Mario Pachajoa Burbano
Jueves 21 de agosto, 2014
mariopbe@gmail.com
mariopbe.com 

Amigos:

 Jaime Vejarno Varona, escritoror, historiador, columnista, poeta, nos ha enviado la nota que transcribimos sobre el Popayán del Siglo XXI. Nuestros agradecimientos para Jaime.

Cordialmente,


***"

  POPAYÁN SE AGRANDA,  PERO NO SE ENGRANDECE
Por: J:aime Vejarano Varona
21 de agosto, 2014
Popayén, Cauca, Colombia

El vertiginoso crecimiento que viene experimentando nuestra ciudad, tanto en su población como en su espacio urbanístico, que debiéramos asumir como una muestra de desarrollo,  desafortunadamente no nos ha aportado bienestar vivencial a sus tradicionales habitantes. 

 Los hermosos paisajes rurales que enmarcaban nuestra ciudad, con bosques de recios robledales y dóciles, amenas y verdes praderas, hoy reciben  el castigo de la fiebre del cemento, igual como le ha ocurrido a nuestros parques.

Día a día vemos cómo se extiende hacia su periferia la zona habitacional que se expande desmedidamente, de manera horizontal con múltiples urbanizaciones;  y de forma vertical con edificios o torres de apartamentos, de siete y ocho pisos.  De  lo cual, en verdad,  no podemos quejarnos.

Pero, dentro del perímetro histórico, un torrente desenfrenado de automóviles y motocicletas atiborran las escasas vías de que dispone la urbe, como consecuencia de esa “brillante” idea de peatonalizarla, cerrando al tránsito las necesarias calles adyacentes al parque de Caldas.  (carrera 7  y calles 4 y 5);

 No ha habido administración municipal que se atreva a abrir el cuello de botella, de solo una cuadra, entre el  “cajón de convenciones” y la “punta de El Cacho” para hacer, sobre  la carrera 11,  la “Avenida Pasoancho de Popayán”, desde el Aeropuerto hasta la Plaza de Toros, desembotellando de esa manera el tránsito caótico por la carrera novena. 

Unos arquitectos foráneos tuvieron otra “brillantísima” idea: acabar con los parques y su vegetación, para convertirlos en “secaderos de café” dotándolos, además, de un mobiliario espantoso.  Adiós hermoso parque de San Francisco.  Adiós bellísimo Parque de Caldas convertido hoy en la plaza mayor de mercado, donde se consiguen cuantos víveres, frutas y verduras  necesite usted y donde, bajo enormes toldas auspiciadas por la Alcaldía, se ofrece  sancocho, mazamorra  y hasta lechona.

Las viejas y señoriales casonas que eran nuestro orgullo,  fueron destrozadas para convertirlas en tenderetes donde se cuelga todo tipo de mercancías, desde sandalias hasta interiores para dama.

Las fachadas coloniales hoy son vitrinas; los andenes destruidos, cambiaron sus clásicos aleros por parasoles y avisos comerciales.

Cuantas veces nos encontramos con algún popayanejo   (cosa ya por demás rara) surge la queja por el deterioro de nuestra ciudad.  Y los patojos ausentes que ocasionalmente vuelven,  se horrorizan de verla en este estado y dicen no regresarán nunca.

Esta es, lamentablemente, la situación de nuestra añorada y vieja ciudad, esa pequeña Popayán donde daba tanto gusto vivir.

Día a día viene experimentando una degradación cívica, social, arquitectónica
y  ambiental,  lamentable.

Cada vez su envilecimiento, en lo que fue el centro histórico, es mayor.
Crece hacia afuera, pero muere hacia adentro.     ¡Qué dolor!. 
Hoy, nuestra querida ciudad se agranda,  pero no se engrandece. 

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