N0, N0 Y NO.
De: Mario Pachajoa Burbano
Miércoles 16 de julio, 2014
mariopbe@gmail.com
Bitácora Patoja

Amigos:

Jaime Vejarano Varona, describe y comenta sus observaciones sobre los parques y la Plaza Mayor de Mercado de la ciudad de Popayán.

Cordialmente,


***

N0, N0 Y NO.
Por: Jaime Vejarano Varona
jaimevejarano@yahoo.es
El Nuevo Liberal
15 de julio, 2014
Popayán , Cauca.


Por más que lo quisiera -y por supuesto que no lo deseo- no he podido asimilar en mi cerebro ni en mi sentimiento de “patojo” legítimo, el nuevo atentado cometido contra nuestra querida ciudad, esta vez con la remodelación del Parque de Caldas.

Si ya nos habían herido con la destrucción del hermoso parquecito de San Francisco, hoy convertido en una desapacible plataforma de cemento propia solo para secadero de café, se nos vienen con el adoquinamiento de la plaza central que se extendió a sus andenes próximos y a las calzadas vehiculares, so pretexto de “peatonalizar” su área, que en poco tiempo –ya lo verán- será invadida por multitud de vendedores de comestibles, vituallas y servicios que, frente al irrebatible argumento del derecho al trabajo, no habrá Alcalde capaz de impedir.

Y así, llegaremos a lo que habíamos anunciado: será, no el tradicional e histórico y querido Parque de Caldas, sino LA PLAZA MAYOR DE MERCADO.

Pero peor aún: si no bastara con lo que se hizo, lo dotaron de un estrafalario amoblamiento, absolutamente inconcebible para esta ciudad. No hay popayanejo que se sienta satisfecho con el trío de elementos incongruentes entre sí, que son las bancas, las farolas y los recipientes de basura. Disuenan, no coordinan, no existe coherencia estética ni urbanística entre ellos, ni por supuesto, con el entorno.

Dice el arquitecto planificador de la obra que son el encuentro del parque tradicional del siglo veinte, con el lenguaje arquitectónico del siglo veintiuno. Argumento por demás peregrino y tan exótico como la decoración que se adoptó.

En el supermercado, en las salas de velación, en la visita familiar o en el tertulia callejera, es tema obligatorio el rechazo a semejante perspectiva ambiental. Y, recogemos la diversidad de conceptos que hemos escuchado: Que las bancas no son bancas sino literas, que se verían mejor en los baños saunas de algún club, que lo que se hizo allí es una motel al aire libre, que en breve terminarán siendo comederos públicos para los visitantes de los municipios que vendrán a “tamalear” en ellas mientras consiguen la audiencia del señor Gobernador, que esas camas de madera -afortunadamente- no resistirán la embestida de la intemperie y pronto mostrarán un progresivo deterioro que obligará a sustituirlas.

¿Por qué debemos los payaneses someternos a esta destrucción paulatina de nuestra identidad urbana por parte de advenedizos que no tienen amor por el terruño pubentino? ¿Impasiblemente tendremos que presenciar el final de todo lo que fue para nosotros el talante, la vida y el espíritu de nuestra ciudad?

¿Qué vamos a legarles a las nuevas generaciones que han de substituirnos en el devenir histórico de Popayán?

Si fuere posible, guardaríamos en la urna bicentenaria que han propuesto y que se abrirá dentro de un siglo, lo que hoy nos han dejado de nuestra ciudad, para que algún día nos reconozcan nuestros biznietos.

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