ACORRALADOS
De:  Mario Pachajoa Burbano
Miércoles 3 de diciembre, 2014
mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja

Amigos:

Jaime Vejarano Varona incisivo escritor, ofrece a sus lectores comentarios sobre el Popayán actual.

Cordialmente,

***

ACORRALADOS
Por: Jaime Vejarano Varona
Asociado Circulo de Periodistas del Cauca
Proyección del Cauca.
Año XXXIV  Nro 391
Popayán.


                     Quiere usted ver a un popayanejo
                     llorando? Invítelo al Parque de Caldas

Nuestro antes precioso espacio urbano, del que justamente se dijo que era la sala de recibo de nuestra ciudad, resistió el paso de los siglos, soportó el terremoto. Pero no pudo sobrevivir a los remodeladores urbanos, esos que pregonaron la idea de “cambiarle la cara a Popayán”. Y lo hicieron realmente: le cambiaron la cara por una careta; y bien carota, por cierto.

Qué payanés no recuerda a nuestra tradicional plaza central antes de que vinieran aquellos foráneos arquitectos depredadores, que resolvieron peatonizarla?.
 
Era un lugar hermoso, lleno de colorido, con su refrescante y hermosa arborización; sus bancas tradicionales de estilo francés en hierro fundido y fi urado, desde las cuales se tejió nuestra historia; que fue testigo de amables tertulias en que brillaba el talento de nuestros intelectuales; y sus retretas de los jueves y los mediodías de domingos, con su ancestral “foto agüitas”, sus artísticas farolas de pedestal; y prados ornamentales, sobre los que se destacaban las seculares araucarias.

Un lugar ameno donde íbamos a encontrarnos con nuestros paisanos para intercambiar sabrosos y picantes coloquios. Allí nos dábamos cita para encontrarnos con nuestras amistades.
 
Grupos de bellas escolares intercambiaban en este lugar sus sonrisas y coqueteaban con los jóvenes de moda.
 
El Parque invitaba, éramos siempre bienvenidos allí.
 
Pero, ¡qué ocurrencia!: alguien dijo: “peatonalicémosla”!. Y hasta allí llegó todo su encanto.
 
La dotaron del más estrafalario mobiliario, unas ban-camas, que bien podrían lucir en una sala de sauna; unos tarros basureros inconsecuentes y unas luminarias similares a bacinillas colgantes.

Se cerró el tráfi en sus calles aledañas y con esta medida lograron infartar el sistema circulatorio de toda la ciudad.
 
Sus andenes circundantes fueron ampliados hasta alinderarse con las aceras perimetrales, eliminando la calzada. Y la ciudad en su sector histórico se llenó de vendedores ambulantes, de asaderos de mazorca, fritanguerías y sancocherías bajo extensos toldos patrocinados por nuestra inefable municipalidad.

Allí se duerme, allí se cocina, allí se almuerza. Suciedad, desorden, irrespeto. Una masa humana, ajena a nuestras costumbres y tradiciones, desplazó al patojo raizal que ya no quiere ni visitarla. Búsqueme usted allí a un solo payanés y de seguro que no ha de localizarlo.

 Es que, nos robaron el parque de Caldas.

 Popayán, que hasta antes del terremoto tenía un  desenvolvimiento citadino normal,  se vio de pronto atropellada por un “desarrollo”  inesperado. Creció desaforadamente  en el número de sus habitantes, se llenó de tugurios infamantes, que antes no conocíamos, porque teníamos barrios perimetrales modestos, es cierto, pero dignos. Se ahoga en un maremagnun de automóviles y motocicletas

Es hoy absolutamente caótica.
 
Puede llamársele a esto progreso? No, la Ciudad se agranda pero no se engrandece. Imaginando soluciones al problema de la viabilidad, resolvieron cerrar las calles adyacentes a la plaza principal, el Parque de Caldas.
 
Y allí fue Troya! Todo el tráfico colapsó. Nuestras escasas vías se vieron entonces saturadas de vehículos grandes y chiquitos, automóviles, buses y busetas, camiones, tractomulas y, por supuesto, motocicletas por miles.
 
Las gentes no caben en los andenes. Proliferan en cada cuadra muestrarios de mercaderías de todo orden. En las esquinas frente a casas históricas, se puede mercar como en cualquier plaza de mercado.

Por favor, señor Alcalde, ábranos el tránsito en las calles 4 y 5 y en la carrera 7 del parque. Y verá que de la misma manera como una dama, al quitarse su corsé, la ciudad respirará plácidamente
 
Y, para terminar, dos preguntas: ganó algo Popayán con la destrucción del Parque San Francisco? Ganó algo Popayán con la peatonización del Parque de Caldas?

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