¿QUÉ SE FIZO EL REY DON JUAN?
De:  Mario Pachajoa Burbano
Miércoles 25 de junio, 2014
mariopbe@gmail.com
Bitácora Patoja

Amigos:

Jaime Vejarano Varona se preguna:  ¿Qué nos ficimos los payaneses?,

Cordialmente,


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¿QUÉ SE FIZO EL REY DON JUAN?
¿Los Infantes de Aragón qué se ficieron?
Por: Jaime Vejarano Varona
Asociación Círculo de Periodistas del Cauca
Proyección del Cauca
Junio 15 Año XXXIV Edición 386

Estrujo mi archivo memorístico para tratar de ubicar en qué momento se perdió esa serie de valores que distinguieron a nuestra querida Popayán. Quizá fue en  la fatídica fecha del terremoto de 1983?  Habíamos venido decayendo desde  antes?. O nuestra ruina se generó con  las últimas desastrosas administraciones  locales?.

Para empezar, vaya ésta anécdota: En  la reciente presentación de la magnífica obra pictórica del Maestro Álvaro Garzón  López, se mostró un video que se iniciaba  con una fotografía de la Plaza de Caldas  a comienzos del siglo XX, cuando frente a la Alcaldía se realizaba un mercado con  toldas y caballos; y llena de enruanados  con sombrero de iraca y jigra y todo.

 Viéndola, toqué el hombro del Arquitecto  Tomás Castrillón Valencia y le pregunté  en voz baja: “Sácame de una duda, esa  foto es del Popayán de antes, o del que  viene.”?.

Es tal el deterioro que ha sufrido nuestra  ciudad y peor aun el que se avecina, que  la respuesta pudo ser: de ambos, del  Popayán de ayer y del que se aproxima.

 Pues bien: me puse a rememorar algunos  episodios sucedidos en nuestra ciudad  y acudió primero el de la gran Minga  convocada por el Gobernador Edgar  Simmonds Pardo para construir un  camino de ascenso a las Tres Cruces.

 Qué maravillosa muestra de civismo dio  la ciudadanía: desde el señor Arzobispo  hasta el último de nuestros coterráneos,  pala y pico en mano, acudieron al llamado;  y en dos días se abrió el carreteable.  Las más distinguidas señoras, junto a  humildes amas de casa, se encargaron  de ofrecernos entredías y refrescos, así  como un suculento almuerzo. Con qué  emoción rememoro ese suceso histórico  de civismo.
¡Ah! Qué tiempos, señor don Simón!

Otros episodios de esa Civilidad que  continuamente reclama en sus notas  periodísticas nuestro gran amigo Dr.  Horacio Dorado Gómez, vinieron a mi  memoria para socorrerme.

 Curiosamente casi todos a raíz del  terremoto y varios singularmente  protagonizados por tres miembros de  una de nuestras más tradicionales y  representativas familias:

Al derrumbarse su casa de la esquina  de Santo Domingo, pereció uno de los  hijitos del Doctor Santiago Ayerbe. Ante  semejante tragedia familiar, este notable  Galeno no tuvo inconveniente, con su  gran dolor a cuestas, de presentarse  al Hospital y dedicar los días enteros  subsiguientes a socorrer humanitaria y  profesionalmente a los muchos heridos  que clamaban auxilio.

 Otrosí, la casa de doña Silvia Ayerbe de Caicedo fue una de las más perjudicadas  por el sismo. Ella fungía como Directora  del Museo Arquidiocesano de Arte  Religioso, y en función admirable de su  responsabilidad, olvidándose de lo suyo, se dedicó a organizar el salvamento de  las múltiples e invaluables reliquias que contiene esta notable colección. 

Con el desconcierto natural que embargó  a la ciudad en la fecha infausta del Jueves  Santo de 1983, una comisión del Municipio  se dio a la tarea de hacer el censo de  edificaciones que amenazaban ruina. 

 El diagnóstico casi general fue:  “Demolición Total”. Entre ellas se  determinó que el Teatro Municipal debería  ser derruido. Ya se había ubicado frente  a este hemiciclo un gran buldócer para  iniciar la demolición, cuando apareció  el Arquitecto Luis Eduardo Ayerbe y  parándose en frente de la máquina dijo  que sólo por encima de su humanidad  permitiría semejante crimen contra  Popayán.

Y, también a causa del sismo, se derrumbó  la cúpula de la Catedral. Algún Arquitecto  venido de Bogotá proyectó un domo  absurdo para restituirla. 

Era tan grande el desacierto de su  proyecto, que la ciudadanía entera  lo rechazó y evitó se llevara a cabo  tal atropello a nuestra Basílica de la  Asunción.

Y la entrañable Iglesia de San José cuya  demolición había dispuesto la Curia,  se salvó “a punta de empanadas”, por  un grupo de payaneses, gracias al  liderazgo, la convicción y el denuedo de la  esclarecida y bien recordada dama doña  Luz María Álvarez Garcés.

Años después y con la anuencia del  Consejo Filial de Monumentos, presidido  por el Arquitecto Álvaro Montilla, se  pretendió construir un edificio -digo  mejor- un adefesio totalmente absurdo en  su diseño, para la Facultad de Ciencias  Contables de la Universidad del Cauca, y  con el liderazgo de una protesta general  que inicié periodísticamente después de  presentar mi renuncia como vocero de la  Academia de Historia del Cauca ante ese  organismo, en razón de mi inconformidad,  se logró rescindir el inconcebible proyecto  arquitectónico propuesto.

Quizá no debemos olvidar cuando se  pretendió conceder la “Alcayata de Oro” al  Rey de España, o de entregarle las “Llaves  de la Ciudad” al acaudalado industrial  Ardila Lulle. Ambas resoluciones,  totalmente injustificables, recibieron  pleno rechazo ciudadano.

Recientemente, la estatua del General T.C.  de Mosquera de una manera inconsulta e  ignorante, fue pintada de color plata. La  reacción indignada de toda la ciudad no  se hizo esperar y prontamente hubo de  serle restituida la pátina del tiempo que  ennoblecía la escultura.

En la Avenida Panamericana, entrada Norte Popayán, sobre la zona verde de separación se  encuentran, aun sobrevivientes, unos  hermosos guayacanes que exornan  maravillosamente la vía. Pues bien  como algunos de los “hijos de papi”,  en sus borracheras sabatinas y en la  resaca de las madrugadas dominicales,  se estrellaban con sus vehículos contra  ellos, ordenaron talarlos, pero se inició  un gran movimiento cívico liderado por  la Arquitecta Paisajística Lucy Amparo  Bastidas que impidió se llevase a cabo  tan absurda determinación, tomando la  solución lógica: instalar unos reductores  de velocidad en la vía.

 Y hoy lucen esplendorosamente los  inocentes guayacanes.

En días pasados un grupo de ciudadanos  indignados evitó que se trasladara en  carretillas de mano, ¡sabe Dios hacia  donde! la biblioteca donada por la familia  Mosquera Wallis y que estaba en la Casa  Museo del Prócer cuatro veces Presidente  de la República.

Los anteriores episodios, traídos al azar,  nos indican que cuando la ciudadanía se  para de frente con solidaridad y decisión  en defensa de sus intereses, es posible  salvar a nuestra amada Popayán.

 Me pregunto: dónde estábamos los  payaneses cuando permitimos que nos  acabaran con el añorado parquecito de  San Francisco?. 

Dónde, cuando nos desfiguraron el  Parque de Caldas y, con ello, la preciosa  fisonomía de nuestra Ciudad? Y dónde cuando reutilizaron con fines comerciales  la Casa Caldas, olvidando que se trata  de un invaluable monumento histórico  Nacional?

Y digo ahora, como lo cantó Rodrigo de  Caro ante las ruinas de Itálica Famosa:  “Estos, Fabio. ¡ay! Dolor que veis ahora,  restos de soledad, mustio collado, fueron  ha tiempo Italica Famosa” O, con el  romancero español: mientras destruían  nuestra otrora fermosa Popayán ….  ¿Donde estábamos? . ¿Qué nos ficimos  los payaneses? 

 Eso debemos clamar hoy ante la ruina  que amenaza a nuestra ilustre Popayán.

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