DOS CIUDADES,  UN PUENTE
De:  Mario Pachajoa Burbano
Miércoles 23 de abril, 2014
mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja


Amigos:

Jaime Vejarano Varona anuncia dos Popayán: uno al norte después del Rio Molino, La Ciudad de LOS CAMPANARIOS, la Ciudad Blanca e histórica y la otra, CIUDAD CAMPANARIO, moderna, vigorosa, pujante.

Cordialmente,

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  DOS CIUDADES,  UN PUENTE
Por: Jaime  VejaranoVarona
Popayán, 23 de abril,2014


Popayán, nuestra ciudad amada, este venerado y antiquísimo “Relicario de Colombia”, excedió en las últimas tres décadas la línea geográfica que la  limitaba hacia el norte con el tutelar río Molino,  (un riachuelo que cada siete años se convierte en raudal anegando los vecindarios),  para partirse en DOS CIUDADES:   la histórica, la ancestral,  esa, al decir de Sergio Rojas,  “Ciudad de paredes blancas,  CIUDAD DE LOS CAMPANARIOS”.

 Sobreponiendo la deprimida zona de transición demarcada por el viejo Puente del Humilladero y el tradicional y menguado Barrio Bolívar, la otra,  la moderna,  la palpitante  CIUDAD CAMPANARIO, con el arrogante complejo comercial que se atrevió a romper el esquema  de elemental establecimiento vigente hasta entonces, para dar paso a un concepto modernista de urbanismo y de comercio. 

Se necesitó una gestación de cuatro siglos y medio, y un terremoto,  para que ocurriese semejante y trascendental fenómeno urbano.

Adoramos  a la primera.  Admiramos  a la segunda.

Cuatricentenaria anciana,  aquella, la CIUDAD DE LOS CAMPANARIOS, nos legó toda su gloriosa historia, su acervo cultural, toda su riqueza arquitectónica y su espíritu romántico y poético.  A ella nos debemos con profundo afecto filial.

 Quienes fuimos amamantados con la inagotable fuente espiritual de su láctea blancura,    (lo digo con tristeza, porque no pudimos lograrlo)  quisimos preservarla  con su   maravillosa e insospechable  identidad.  Mas,  hoy, ¡qué dolor!,  la vemos vencida, transfigurada, casi irreconocible.

La otra, la CIUDAD CAMPANARIO, pujante y vigorosa,  resuelta, dinámica,  que se hace presente en nuevos hermosos barrios, en centros comerciales, en supermercados, torres habitacionales de siete pisos, urbanizaciones estrato seis, modernos almacenes, restaurantes con chef a bordo y  carta gourmet,  mansiones con generosos antejardines, complejo deportivo, albergues campestres,  cementerios de paz.
A cual preferimos?

Cuantas veces conversamos entre “patojos” de vieja data, se nos arruga el corazón pensando en cómo perdimos la primera: la vieja Ciudad de los Campanarios  con sus fachadas coloniales, sus muros enjalbegados, sus recios portalones, sus aleros y aldabones, sus calles debidamente asfaltadas, su parque de Caldas acogedor y hermoso, sus plazuelas y jardines, y, por sobre todo,  sus gentes. 
 
Sin embargo, muy a nuestro pesar es preciso aceptar los cambios que trae la modernidad, afortunadamente bien diferenciados entre las dos ciudades que hoy tenemos: la ciudad de los campanarios y la ciudad Campanario.
 
Es preciso reconciliarnos entre lo que hemos perdido y  lo que hemos  ganado.   Si bien ese sentimiento amoroso que guardamos por la que fue,  ha de compaginarse con la que es y será, siempre y cuando haya, y  se debe tener,    respeto frente a su antagonismo.

Preservemos lo que nos queda de nuestra vieja Popayán, y aceptemos el, quizá, desmedido desarrollo de la nueva urbe, enlazadas por el emblemático viaducto colonial de los doce arcos, nuestro Puente del Humilladero, que a un tiempo las une y las  separa,  nos aúna y nos  distancia.

JAIME VEJARANO VARONA.

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