POPAYÁN: UN MITO EN CRISIS
De:
Mario Pachajoa Burbano
Martes 25 de noviembre, 2014
mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja


Amigos:

Marco Antonio Valencia Calle, nos ha enviado su estructurado articulo, marcando el pasado con el  presente, de la ciudad de Popayán. Nuestros agradecimientos para Marco Antonio.

Cordialmente,

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POPAYÁN: UN MITO EN CRISIS
Por: Marco Antonio Valencia Calle.
Popayán, Cauca, Colombia
25 de noviembre de 2014.

     En 1908 el presidente Rafael Reyes mediante una ley de reorganización geográfica dividió al Gran Cauca en ocho departamentos. Atrás quedaba la gloria de un territorio que iba hasta el océano Atlántico, e incluía los actuales departamentos de Antioquia, Chocó, Valle, Cauca, Nariño, Caldas, Huila y la llanura amazónica; atrás quedaba la gloria de ser el territorio más rico de Colombia por su extensión, el comercio del oro y compraventa de esclavos; una riqueza que sirvió para imponer presidentes, financiar guerras, construir casonas, iglesias, monasterios y colegios.  

Ante lo sucedido, los concejales de Popayán fueron a conversar con Reyes, e incluso intervinieron ante el Congreso de la República para reclamar la desmembración que dejó a la Gobernación de Popayán en su mínima expresión. Pero nada. Entonces, la junta Pro-celebración del Centenario nombrada por el gobernador Alfredo Garcés un año antes, por orden de la presidencia de la república, indignada, renunció a celebrar fiestas patrias.

 El gobernador, para enfrentar la crisis que reinaba en la ciudad, para el año de 1909 organizó él mismo, una “feria de la historia” con retratos y biografías de los mártires caucanos en pro de la causa patriota; aunque en realidad fueron más las familias que apoyaron a los realistas españoles por lógicas de parentesco de sangre, en la medida que Popayán fue una villa construida para los ibéricos y sus descendientes. 

 Para 1910, el gobernador Garcés, volvió a organizar la “exposición del pasado” en el Salón del Concejo Municipal, y esta vez, todos los notables de Popayán sacaron a relucir sus blasones, escudos, uniformes, cartas, espadas, y reliquias patriotas, para demostrar una verdad a medias: que Popayán era cuna de héroes y mártires de la revolución que nos trajo la independencia nacional.

Para completar su plan, el gobernador mandó a instalar todas las placas patrioteras que hoy conocemos en las casonas del sector histórico, y la noche del 19 de julio, la ciudadanía en procesión las visitó para escuchar la historia que allí nacía. Ya el 20 de julio el gobernador develó la estatua del Sabio Caldas en el parque central que llevaría su nombre, y el poeta Guillermo Valencia se fajó un discurso que hizo vibrar los corazones de la concurrencia, porque sin asomo de dudas “Popayán había puesto la sangre de sus hijos más inteligentes en favor de la causa revolucionaria así los políticos de la capital lo quisieran negar”. Incluso, entre pasillos salió a relucir la frase del Libertador Bolívar que había llamado a Popayán “ciudad atormentada” por las dieciséis veces que fue ocupada y vapuleada por patriotas y realistas sucesivamente. 

 “Popayán” es una construcción social forjada y diseñada en el tiempo, el esfuerzo, el dinero, el intelecto y la creatividad de sus habitantes; que entre luces y sombras, entre destellos de genio y equivocaciones fastidiosas, logró imponer un imaginario al mundo de ciudad blanca, ciudad patriota, ciudad culta, ciudad religiosa, ciudad universitaria, ciudad histórica, Jerusalén de América, y desde allí, potenció su economía y poder político-social.

Construir “el mito de Popayán” como ciudad de mártires, pero al mismo tiempo de blasones aristocráticos y cultura clásica fue una cirugía de tesón y paciencia. Ha sido como ubicar en un pesebre casonas, biografías, personajes, estatuas, próceres, genealogías, apellidos, ritos, ceremonias, leyendas, poemas y retoques a la historia de cada cosa; pero sin duda, lo más difícil ha sido construir su “identidad”, a la que contribuyeron miles de personas destacándose periodistas, pintores y poetas.

 Hay que leer el poema “Canto a Popayán” de Guillermo Valencia, y detenerse en el cuadro “Apoteosis de Popayán” de Efraín Martínez, ambos ubicados en el Paraninfo de la Universidad del Cauca, para entender cómo se legitimó desde el arte, el heroísmo y la grandeza colonial y republicana de la ciudad y sus gentes. Un proyecto perpetuador de la élite social que cometió muchos errores, pero dos excesivamente garrafales: excluyó de su pesebre a negros e indios y se dedicó a recabar en su pasado genealógico para imponerse como una clase social exclusiva, culta e intelectual, olvidando desarrollar el futuro de la ciudad; y de paso, explicamos porque algunas personas dicen que “llegar a Popayán es como ingresar al túnel del tiempo”

 El mito no ha sido fácil de sostener en éstos cien años. Mito que hoy está en crisis por culpa de ciudadanos que dicen amar a Popayán pero no la cuidan ni exigen a otros que la cuiden. Es un mito en crisis por la falta de cultura ciudadana y la ignorancia general de lo que somos y fuimos, ignorancia que contribuye a matar de tajo “la identidad” y el “patrimonio” legado.

 Y lo más triste, no proponen nada nuevo y memorable. Pareciera que hace falta un líder como Efraín Garcés que nos señale el camino, y un poeta como el maestro Valencia para que construya el discurso del próximo milenio.


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