LAS MOMIAS DE POPAYÁN
De: Mario Pachajoa Burbano
Martes 22 de julio, 2014
mariopbe@gmail.com
mariopbe.com

LAS MOMIAS DE POPAYÁN
Por: Marco Antonio Valencia Calle
@valenciacalle 
El Nuevo Liberal.
22 de julio, 2014
Popayán, Cauca.

“La ciudad de las procesiones” ha luchado por preservar su sector histórico como “una reliquia de la Edad Medía” fundada por colonos españoles, con iglesias y casas de balcones pintadas de blanco, que la hacen única, y por tanto gente del mundo entero vienen a conocerla para saber de su historia, sus mitos y leyendas.

Una ciudad donde la herencia genética del español negado para el trabajo de la tierra y con espíritu poco industrioso, y más bien de ánimo contemplativo, espiritual y romántico, se ha hecho evidente en las familias de legado ibérico, cuyos descendientes han preferido ganar su dinero en negocios de tierras, ganado, minería, loterías, aventuras, contratos con el Estado o con matrimonios arreglados donde un apellido de pedigrí tiene precio y valor en la escala social.

En una ciudad así, no faltan los misterios. Por ejemplo, nadie ha podido explicarme por qué al fraile Serafín Barbetti, el arquitecto italiano que construyó El Puente del Humilladero y famoso por su intervención en la restauración de la catedral, lo convirtieron en momia y lo dejaron para exhibición en la Iglesia San Francisco, donde él mismo construyó su bóveda central. ¿Quiso él que lo momificaran? ¿Se le dio cristiana sepultura a sus restos? ¿Sus restos fueron llevados a Italia? ¿En Popayán se practicaba la momificación de las personas, y si es así, dónde están las otras momias? ¿Quién hacia estos trabajos?

Las momias que se conocen en el mundo se explican como fenómenos del ambiente y efectos químicos de la tierra que no dejan descomponer del todo los cuerpos, y más bien los petrifican; las momias de China y Egipto, son fruto de rituales elaborados donde los que creían en la resurrección, siendo personajes públicos, ya sabían lo que les esperaba, una vez fallecidos (Y no estoy hablando de políticos del Cauca).

Hacer de un cuerpo humano una momia, implicaba que al muerto se le quitara la piel, se le vaciaran las vísceras y el cerebro; que le secaran las carnes con ceniza y arcilla, le introdujeran palos para reforzar el esqueleto, le moldearan el cuerpo con arcilla y paja, y finalmente, que recubrieran el muñeco con tiras de su propia piel, para que al paso de los años se viera como una calavera calcinada, o mueca y calcinada.

La momia de Serafín Barbetti, junto a la del alemán Simón Schenher, su mano derecha en el proyecto del puente, se exhiben para propios y turistas como ya dije, en la Iglesia de San Francisco, donde en su cripta reposan restos de las familias Valencia y Mosquera, enefactoras del templo, y estuvieron escondidos los despojos del revolucionario pastuso Agustín Agualongo.

De la iglesia se dice, que duró casi veinte años en su construcción y más de cien en sus acabados, que es la más barroca del país, por los ornamentos en la sacristía, el altar y un bello púlpito tallado en Quito. Que tiene la campana más grande y pesada de América hecha en una aleación de oro y cobre, que se escucha a más de cinco kilómetros, donada por don Pedro Agustín Valencia, director y dueño de la Casa de la Moneda. Pero lo más impresionante, es el Cristo de la Veracruz enchapado en plata, que tiene en su interior una astilla del madero de la cruz original donde se crucificó a Jesucristo, traída a la ciudad por su fundador Sebastián de Belalcázar.

Serafín Barbetti fue monje franciscano, y así esta vestida su exótica momia para las fotos de los turistas. El claustro donde vivieron estos frailes, junto a la iglesia, hoy se llama Hotel Dan Monasterio, un convento que por un poco más de doscientos cincuenta años fue recinto de silencios, recogimiento y oración; pero que una vez salieron los monjes y antes de ser el hotel que hoy conocemos, sirvió de Palacio de Justicia y Asamblea Departamental.

Volviendo a la leyenda de los patojos tradicionales de espíritu retraído y sin inventiva para los negocios industriosos, no ha faltado quien diga: entre chiste negro y chanza de café, que en Popayán somos tan dormidos que parecemos momias, que solo despertamos a la bulla de las campanas y los comerciantes de “maní saladito” que anuncian la semana santa.

*** 

 Si desea descontinuar el recibo de estos artículos de la Red
 payanesa por favor informar a
mariopbe@gmail.com
 
     To receive no further e-mails, from Red payanesa, please
 reply to
mariopbe@gmail.com