EL QUIJOTE EN POPAYÁN.
De:  Mario Pachajoa Burbano
Martes 20 de mayo, 2014
mariopbe@gmail.com
Bitácora payanesa

Amigos:

 Marco Antonio Valencia Calle, escritor, columnista, se refiere a la anécdota local sobre que el Quijote de la Mancha lo escribió su autor, en la ciudad de Popayán, Cauca, Colombia. .
Este tema siempre ha sido del agrado de los payaneses. La Bitácora payanesa contiene el relato por  Mario Perrafán  Fajardo (15 de marzo, 2000), el del médico Oscar Tobar Gómez (9 de febrero, 2001) [Archivo de Indias]  y uno titulado el Quijote en  Pasto. (21 de mayo, 2005), ... sobre el libro. Hoy, agregamos en la Bitácora payanesa, el relato de Marco Antonio Valencia Calle. .

Cordialmente,

***

MUERTE Y ENTIERRO DEL QUIJOTE EN POPAYÁN
Por: Marco Antonio Valencia Calle. (*).
valenciacalle@yahoo.com
El Nuevo Liberal. Popayán.
08:00 am 20-mayo, 2014

La revista Semana cuenta que el Príncipe de Asturias, Felipe Borbón, visitó Popayán el 8 de agosto de 1988, y cuando el alcalde de la ciudad le contó que los restos del Hidalgo Don Quijote de la Mancha reposaban aquí, de inmediato llamó a su asesor en España para que averiguara la veracidad de la leyenda, y lo que le contestaron, lo dejó maravillado.

Corrían los años de 1600 cuando a la puerta de Miguel de Cervantes Saavedra llegó un amigo con el cual había compartió en la galera Marquesa, siendo compañeros de armas en la batalla de Lepanto en 1571. Ese amigo venía viejo y enfermo de América, llegó con la melancolía propia de los payaneses y con los pies hinchados por las niguas. A los pocos días el hombre murió y como Cervantes estaba tan pobre, se puso las ropas sin hervir en agua caliente, como era la costumbre para desinfectar las prendas, y terminó contagiado de niguas.

Las niguas son ácaros, de la familia de las garrapatas, consideradas parásitos, que en su estado larvario atacan a los humanos, causando fiebres y desvaríos. Cuando pican, no causan dolor, pero una vez asentadas aparece la rasquiña, las ronchas y la fiebre. Al incrustarse en los pies, la gente no puede caminar o lo hace con dificultad. En la época de la colonia, las calles y casonas de Popayán estaban empedradas o tapizadas con ladrillo, y como sus habitantes a veces caminaban descalzos, sin saber el peligro que ello representaba, eran muy propensos a tener niguas, al punto que a los payaneses les decían “patos” por su andar “cojo”, y con los años terminaron llamándolos “patojos”, por su feo caminar de patos-cojos.

Estudios de científicos franceses lograron demostrar que cuando las niguas pican inyectan una toxina que a través del torrente linfático se desplaza hasta el al cerebro aumentando las facultades mentales de sus víctimas, haciendo que éstos sean más emotivos, sensibles e ingeniosos.

Entonces, es cuando se dice que Cervantes, picado de las niguas de Popayán que le contagió su amigo, se llenó de tanto talento e inspiración, que fue capaz de escribir la novela El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, que saldría publicada en el año de 1605.

El poeta payanés Guillermo Valencia, hijo de Joaquín Valencia Quijano (Recuerden que Alonso Quijano, en la novela pasó a ser Quijote), en su calidad de primo del Caballero de la Triste Figura, lo invita a venir a las Américas en una cuarta salida de su casa en busca de aventuras, desagraviar entuertos y hacer el bien.  El Quijote entra por Cartagena, pasa unos días en Bogotá y se queda varios meses en Popayán hasta que muere en una habitación del convento de la iglesia Santo Domingo, donde hoy funciona la Facultad de Derecho de la Universidad del Cauca.

Se cuenta que Valencia y el Quijote conversaron por meses enteros en los pasillos y jardines de lo que hoy es la Casa Museo Valencia, sobre literatura, la Divina Comedia y la vida misma, pero también sobre mujeres a las que llamaban “hermosas ñapangas”.

Hoy en día, mucha gente se ha impregnado del espíritu justiciero, poético y melancólico del Quijote en el Museo. Poetas del mundo que saben de ésta historia vienen y se quedan en la casona todo el día en silencio, orando y leyendo para consagrarse caballeros de la escritura, así lo hicieron Belisario Betancourt, Germán Arciniegas, Octavio Hernández Jiménez, entre muchos otros, venidos incluso desde Japón, Europa y Estados Unidos.

Las honras fúnebres del Quijote se hicieron un miércoles de ceniza en la capilla de la Ermita a las cinco de la tarde; la noche anterior había sido velado en el Paraninfo de la Universidad del Cauca donde muchos vieron la extraña aparición de una mujer vestida de ñapanga para besar sus manos y que las malas lenguas aseguran era Dulcinea.

Varios artistas sacaron el féretro de La Ermita y lo cargaron a hombros hasta el Parque de Caldas, con música de chirimías, donde Valencia sugería que fuera enterrado bajo un árbol florido, pero su amigo el poeta Rafael Maya convenció a todos para enterrarlo en La Torre del Reloj, mirando hacia la tarde.

Mucha, pero mucha gente ha escuchado resollar o resoplar al Quijote detrás de las paredes de la torre. Dicen que si alguien puede oír los ruidos que hace el Quijote, entonces puede escuchar la voz de la poesía palpitándole en el corazón, un misterio que no es para todos, pero al cual todos están invitados. Despojos que seguirán allí para el resto de la eternidad; porque el espíritu, el que permitió que fuera concebido, no es otro que el puro ingenio y talento de los patojos.

Más tarde Gustavo Adolfo Bécquer escribiría: En Popayán “Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía” (versos que luego incluyó en su rima número IV)

*Escritor
(El texto hace parte del libro inédito: “Leyendas extraordinarias de Popayán” de Marco Antonio Valencia).

***

   Si desea descontinuar el recibo de estos artículos de la Red
 payanesa por favor informar a 
  mariopbe@gmail.com 
 
     To receive no further e-mails, from Red payanesa, please
 reply to   
mariopbe@gmail.com