MARILYN
De: Mario Pachajoa Burbano
Viernes 19 de septiembre, 2014
mariopbe@gmail.com
Bitácora Patoja

Amigos:

El poeta Rodrigo Valencia Quijano nos entrega su fantasía con Marilyn.
 Imagen tomada de Internet.

Saludos,

***

MARILYN
Por: Rodrigo Valencia Q  ©
rvq@hotmail.com
18 de septiembre, 2014.
Popayán.  Colombia


— ¿Qué has hecho, Marilyn? — Nada; descanso, veo pasar el tiempo, cubro el día con mis antojos.
 — ¿Dónde estás?
 — A veces no entiendo, no me doy cuenta, no me preocupa; generalmente lo paso sin saber quién soy. Ah,  pero gracias por recordar mi nombre; creo que morí hace más de cincuenta años, ¿Sí? ¿No?  Pero dime: ¿qué es morir? ¿Hay muerte, hay sueños, hay un lugar donde se pisa firme? ¿Cuánto es un año? ¿Cuántos días? En mi hermoso rostro no pasan los días, quizá  estoy fingiendo la existencia. A veces el espejo me muestra ese lunar que yo  adoro; es sexy como mis labios entreabiertos.
 — ¿Realmente estás en otra vida?
 — No sé; estoy confundida, puede que sea un sueño... tengo idea de que me quedé  dormida, no recuerdo más.
 — Pero me contestas, estás hablando.
 — ¿Estoy hablando? ¡Ohhhhh sí! Perdona, nunca estoy presente en el instante,  sospecho que alucino. Mi cabello es hermoso, ¿cierto? Tiene movimiento  ondulado; amo esos bucles, me daban la sensación de ser el ama del mundo,  todos caían a mis pies; hubo gente importante en mi mundo, pero ciertamente a  veces no lo soportaba... Y esos compromisos, las películas, las fotos y demás...  Pero nooo, sí; realmente me gustaba ser famosa
. — Eres famosa todavía.
 —¿Sí? Aquí sólo vivo yo. Mi cuarto lleno de glamur, el espejo, la ventana me  muestra un campo, una montaña, un río, un espacio infinito, pero nadie viene...  no hay gente aquí.
 — Viniste a mi llamado.
— ¿Oh, sí? ¿Cómo hice? No te veo...
— Cerré mi cuaderno, aquí estás, en la tapa del cuaderno, y entonces dije: Marilyn,  ven, quiero verte una vez más; la última vez desconocí tu rostro, desapareció  como humo en esa calle llena de gente; tú saludabas con el brazo, tu mano  parecía un pañuelo diciendo adiós.
 — No recuerdo; yo quería ser una muchacha tranquila, quería vivir en paz, no pude.
 — ¿Estás en paz ahora?
  — Me soporto a mí misma. A veces aparezco a través del espejo; luego desaparezco  entrando en él. Por ratos viene un gato, no sé de dónde viene ni adónde va cuando no está; lo llamo Simbad...
 — En cierto modo me recuerdas a Alicia.
 — Oh, ¿quién era? Tengo idea... No, espera; sí, una vez vi una película; quizá no exista la fantasía, todo es como un sopor..........................................................
 — Oye, oye, no te vayas. ¡Marilyn, Marilyn! ¡Acompáñame, llega el tren, debo subir ¡MARILYYYYYNNNN!................................................................................. RVQ


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