LA CORONA PAYANESA:  DE LOS ANDES
De:  Mario Pachajoa Burbano
Lunes 2 de junio, 2014
mariopbe@gmail.com
Bitácora Patoja

Amigos:



Marco Antonio Valencia Calle, nos relata una de las historias más lamentables y tristes del  Popayán de antaño:  la llamada, CORONA DE LOS ANDES. En el relato y foto de la revista norteamericana  'National Geographic Magazine', que se transcribe en la Bitácora Patoja, (1999: Corona de la Virgen),  se encuentran los nombres de los personajes, que a juicio de la revista, fueron los protagonistas de este super desconcertante affaire.

Cordialmente,

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 LA FABULOSA HISTORIA DE LA CORONA DE LOS ANDES
Por:  Marco Antonio Valencia Calle
valenciacalle@yahoo.com
Popayán, 2 de junio. 2014


 Un 17 de junio de 1914, es decir, hace 100 años,  la Corona más valiosa e imponente del mundo, conocida como la Corona de los Andes, la Corona Imperial Colombiana o la Corona de la Inmaculada Concepción de Popayán, fue puesta en venta por el síndico de la Cofradía que la guardaba.

 Era (o es) la joya más representativa de la colonia Iberoamérica. Los catálogos de famosas casas de subasta norteamericanas e inglesas y libros que narran la historia de Popayán hablan de una corona de 2.250 kilogramos de oro de 24 quilates, 453 esmeradas que pesan 1.500 quilates, que incluso tenía el collar de esmeraldas que el conquistador Pizarro le había quitado al cacique inca Atahualpa antes de su muerte.

 La Cofradía que la tenía pidió permiso al Papa Pio X para venderla y hacer un orfanato y un ancianato en Popayán, alegando que tenerla en su casa era un peligro en un país como el nuestro con tanto hurtos y guerras civiles. El Vaticano dio el permiso en 1914, pero solo hasta el año de 1936 se consiguió un cliente que pagara 85 mil dólares, por una joya que hoy vale un poco más de cinco mil millones de dólares, al punto que ni el propio gobierno colombiano la ha podido comprar alegando algún interés en recuperar ese patrimonio colombiano.

La corona fue sacada en silencio de Popayán y llevada en un barco a Estados Unidos donde se vendió. Pero cuando el arzobispo de la época se enteró, se puso furioso y demandó ante los jueces su restitución alegando que la corona pertenecía a la Arquidiócesis de Popayán, so pena de excomulgar al vendedor y a toda su familia.

Como la corona ya estaba vendida cuando salió el fallo judicial en favor del demandante, vendedor y arzobispo, con abogados de por medio, se repartieron la platica como mejor pudieron. Dicen que la Iglesia construyó el Palacio Arzobispal y ninguno de los dos construyeron nunca ni orfanato ni ancianato, con las ganancias de una reliquia patrimonio de la ciudad.

 La fábula de la corona es realmente impresionante. Resulta que en tiempos de la Colonia, cuando ya Popayán era una de las ciudades más importantes del Nuevo Mundo, y tenía iglesia con arzobispo consagrada a la Virgen de la Inmaculada Concepción, aparecieron la peste de la fiebre bubónica y la viruela. La gente en Brasil, Quito y Perú morían como moscas.

 No había remedios de blanco, ni alabaos de negros, ni yerbas de indios, ni nada para evitar que un contagiado muriera. Entonces, el arzobispo de Popayán puso la ciudad en cuarentena: “de aquí nadie sale, ni nadie entra y todos a rezar a la Virgen de la Asunción”. Y la medida funcionó. Las pestes pasaron y los payaneses salieron ilesos. Para protegerse, el jerarca llamó a todo el pueblo al parque de Caldas (que todavía no se llamaba así) y puso el sombrero del diezmo pidiendo que para agradecer a la Virgen su protección, era bueno ponerle una corona,  una más grande y bella que cualquier rey terrestre pudiera tener.

  Y claro, la gente agradecida sacó de sus guacas particulares esmeraldas, oro y todo tipo de joyas. Trajeron para hacer la joya a expertos españoles que gastaron más de cinco años trabajando en ella, y un 8 de agosto de 1599 toda la ciudad engalanada, con la gente vestida de blanco y sirio en mano,  con las calles llenas de pétalos de rosas, y la Virgen montada en un caballo blanco sentada sobre un cojín, con un coro de monjas y seminaristas cantando en latín música compuesta por Santo Tomás para las fiestas mayores, se dio a conocer la corona a los ciudadanos en Popayán.

Ante tamaña noticia, corsarios y bandidos de todas las latitudes vinieron a misa en la catedral en busca de la corona que sólo era sacada en Semana Santa, y que el resto del año los cófrades escondían en sus casas como un secreto que les podía costar la vida.

 Un pirata inglés en 1560 logró robarla una noche al final de la procesión pero los valientes cófrades espada en mano, lograron alcanzarlo cuando ya en altamar, saliendo de Cartagena borracho celebraba su victoria. El propio Simón Bolívar el día que se la mostraron se la llevó, pero después de perder dos batallas contra los españoles sintiendo que el sacrilegio le podía traer una maldición mayor, la devolvió.

Los cofrades dividieron la corona en tres partes para guardarla asolados por el miedo. El Zar Nicolás II, en 1917 intentó comprarla pero le estalló la revolución bolchevique. Un famoso joyero americano de nombre Waren J. Pipper quiso comprarla, pero se declaró el famoso Crac de 1929 y la bolsa de Wall Street se hundió.

La familia, con mayoría de miembros en la Cofradía, ha intentado demandar para recuperar la joya  o más dinero, pero no ha sido posible. Los actuales dueños de la joya la han hecho plata exhibiéndola  en actos públicos y privados en ciudades de Inglaterra, España, Japón, China, Argentina, Roma, Estados Unidos, pero nunca en Colombia.

 La primera dama de Colombia, Jacquin Strouss de Samper, en 1995 intentó interceder para su compra con dineros del Estado, como promesa a la Virgen, si su esposo Ernesto Samper, víctima de un escándalo político, no era sacado del poder. Pero ni ella, ni Ardila Lule, ni Julio Mario Santodomingo, han podido comprarla porque cada que llegan a un acuerdo, algo raro pasa, y no es una maldición.

   *Escritor. Nota: El texto hace parte del libro inédito LEYENDAS EXTRAORDINARIAS DE POPAYAN, de próxima publicación.  

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