SEMANA SANTA EN EL POPAYÁN DE LOS LEJANOS TIEMPOS
De:  Mario Pachajoa Burbano
Sábado Santo 19 de abril, 2014
badomariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja

Amigos:

 La Nigüa, periódico jocoso patojo, en su edición reciente, está cagado de humor patojo a más no poder. ¡Que lo gocen!  
Cordialmente,

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DE POPAYÁN UN RELATO DE MI ABUELA HACE RATO.
Por: Jr.
April 13, 2014 at 7:26am
La Nigüa. Popayán.

Al caminar por las calles polvorientas de la ciudad blanca  se me hace recordar aquellos relatos que hacía mi abuela destacando que  para esta fecha Popayán se engalanaba  para celebrar una de sus fiestas más tradicionales, religiosas y populares como es la de la Semana Santa. 

En varias ocasiones  mi abuela narraba con toda propiedad como se vivía la Semana mayor, para ese entonces en el mundo no se celebraban procesiones de noche con tanta solemnidad, apego a las tradiciones y respeto por lo sagrado, además también era época en donde la gente se ponía su “estrene” y de no ser así bastaba vestirse con las mejores galas.

La historia cuenta como  anécdota que en 1826 cuando pasó Simón Bolívar por Popayán, los ricos y poderosos patojos querían recibir dignamente a este guerrero, algunos pensaron que sería bueno hacer discursos, corridas de toros, bustos en su honor y hasta se propuso hacerle Semana Santa  increíble! Y en pleno mes de octubre, finalmente no se hizo y solo quedó como un chiste, sin embargo quedaba demostrado tal magnitud y solemnidad que era la celebración de la Semana Mayor. (tomado del libro Popayán 1930 Arcesio Aragón).

Antiguamente los días “santos” tenían su connotación propia es decir, en el Lunes santo la ánima  sola sonaba su campanilla en la mañana  y tocaba las puertas escoltada por dos caballeros que dejaban boletas de convite y varios cereros que dejaban los cirios  en las casas de acuerdo a las personas que podían alumbrar durante el recorrido santo por las calles de Popayán. La figura de la ánima sola era encarnada por un penitente  que vestía con  traje talar de oscura fula cubierta la cabeza con un paño blanco que servía de antifaz, las personas que lo miraban en su andar emitían supuestos, quien será la anima sola? Será el vecino? Será en peluquero? El artesano? O alguien con una gran pena de amor, en fin era un total misterio y así se conservaba en completo anonimato.

Para esta linda época 1930 mi abuela narraba que el pueblo cristiano se preparaba con gran fervor para asistir a los oficios religiosos, dejando todo asunto personal y comercial para después del domingo de resurrección, razón por la cual cuando llega la ánima sola encuentra en casa a todos los residentes  entregándoles los cirios.

La enorme campana de la Catedral empieza a sonar desde las 10 am  sin interrupción hasta las 10 de la noche, llamando a los cristianos  a  oración, de igual manera se repetirá el llamado desde la iglesia en donde salga la procesión, ya a las 8 de la noche se da inicio al desfile sacro y todo el pueblo acude con sus cirios encendidos  a acompañarla, los hombres y las mujeres, señoras y ñapangas, alumbran en esta noche de luna esplendorosa. En mi Popayán de 1930 mil quinientas personas alumbran mientras que los que no se colocan en silencio detrás  de los alumbrantes, ese silencio era sinónimo de recogimiento, de fe y de respeto, tal era el silencio que se escuchaba el  crujir de las velas al quemarse al igual que las pisadas de los caminantes.

“Nuestra ciudad de Popayán  cifra su mayor orgullo en la conservación de sus procesiones porque a ellas  está vinculada el alma de la ciudad desde los tiempos coloniales.” Tomado de Popayán 1930 autor Arcesio Aragón).

Es maravilloso que propios y extraños puedan disfrutar  de sus imágenes, los hermosos  pasos adornados con flores, con toda la espiritualidad de un pueblo que veía en la semana Mayor como la muestra de su dogma de fe, esa fe que a pesar de los años continúa reinando en los corazones pero que para algunos se convirtió en parranda santa.

Hasta el momento Popayán pudo sortear  terremotos, guerras, violencia y mucho abandono estatal, pero ha logrado mantener su aspecto colonial acompañado del fervor religioso, en la actualidad  y luego de haber iniciado esta tradición religiosa en 1556 estas procesiones han tenido muchos cambios que van desde la flagelación por azotes en las calles patojas  a pasos cargados por ocho personas los cuales pueden llegar  a pesar  más de media tonelada, es un gran esfuerzo físico que hacen los cargueros durante un recorrido de  2 km por las calles del  centro histórico de Popayán siguiendo una trayectoria en forma de cruz, durante casi las tres horas de recorrido en los días santos se puede contemplar la pasión, muerte y resurrección de nuestro señor Jesucristo.

Actualmente esta tradición se renueva constantemente ya que muchos jóvenes con el ánimo de participar empiezan “pichonenado”  que traduce en sacar el paso de la iglesia hasta  casi 3 cuadras en donde el paso es recibido por el carguero, de igual manera son los encargados de recibir el paso para que repose en la iglesia una vez concluya su desfile santo.

Algunos cargueros no han podido con el enorme peso de los pasos y les ha tocado “pedirla” palabra que es sinónimo de deshonra de un carguero por tan razón así el hombro les sangre o las fuerzas estén disminuidas el carguero payanes llegará hasta su destino final, no es necesario que sean corpulentos o  dedicados a las pesas, solo se necesita tener corazón y fe en una tradición que se renueva constantemente dejando marcas en sus hombros, con cayos enormes los cuales son lucidos como cicatrices honrosas del deber cumplido, para ser carguero se necesita la verraquera patoja, eso que los síndicos inculcan desde que se es “pichonero”  ya que mantiene la honra de ser carguero de las procesiones en Popayán.

A los casi 50 mil turistas que visitan nuestros templos o acuden a los sitios con fervor religioso nuestro agradecimiento por tener en su corazón a la ciudad de Popayán, a nuestros coterráneos la solicitud de ser los  mejores anfitriones para los visitantes y para nuestro Dios el más sincero agradecimiento por darme la oportunidad de vivir en Popayán, por darme una familia que ama nuestras tradiciones y por permitirme gracias a la memoria de mi abuelita Inés, poder llevarles estas cuatro entregas en donde de manera amena narré los acontecimientos históricos más sobresalientes de la Ciudad Blanca, ser Payanés es una honra al nacer, patojo al hacer por nuestra ciudad y Popayanejo por construir sentido de pertenencia y amor a lo nuestro.

 Abuelita felices cien años y gracias por regalarme tu memoria histórica, tu amor y dogma de fe.

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